Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 21 de enero de 2016

Cronológí(C)a I

A la madera, hay que mimarla, susurrarle y acariciarla. No deja de ser veta de nuestras miradas y dueña de nuestros fuegos....





Ícaro





(2007) Verano. Apuntes de alguna noche (y de alguna alba rota o panadera) mientras el pan se hacía al compás del ebanista herrero... o del sereno despierto.

Algún matiz en la acuarela (el paso del tiempo es imparablemente hermoso). Retazos. Cuarteados. Silogismos. Metáforas. Dolores y alegrías. Crecimiento y aprendizaje.

Pasar por ahí, para llegar aquí.

Se mereció y ahora, lo agradezco.






I.

La humildad es el traje más elegante y tú, desnuda, no eres sólo elegante sino el centro de mi vergüenza, el horno de la más cálida, viscosa y embarrada realidad.

El espejo es ponderado. Justo. Ni más, ni menos.

Honesto.




II.

Los niños corretean disfrazados de inocencia. La fiesta está en la calle. En el rompeolas. Me gusta tu voz....es tierna, serena, sensual, caliente...... El rictus de un rayo compartiendo un trueno..... será que la magia se acerca invisible. O el embrujo del amor del panadero se fragua.


Faltan casi dos horas. Y la fiesta por los adentros perdura.

Imagino que ésta madrugada....la orilla será un césped de vírgenes deseos....

Huele a sal, a mistela.

Las circunstancias, no dejan de sorprender....me


Se dejaron tus ojos unos zapatos en el alfeizar.

Cuando haga la cama, seguiré lamiendo tus tobillos.

Maldita incercia. Maldito despertador













III.



Ésta madrugada de valientes corazones, no sé si el mío atinará al descubrir tú tez blanca cuarteada por los labios del tópico.

Secuaz misericordia cuando el trabalenguas se queda mudo.

Los zapatos huelen a camelias tristes. Pero un brillo tonto me tiene hoy el iris vidrioso....

Mañana seré yo.

No dejes de regar las plantas de plástico. Ni de mirar debajo del felpudo....las llaves ya veremos donde las guardamos.







IV.

Debo tener la pecera, entre los libros.

Pasa página, y el aleteo no pondrá remedio al inquisidor festival de trompetas y saxo.

Desde aquí, huelo a aquellas aletas de tiburón. Vuelta y vuelta.

Deliciosas.

Supongo que la llamada perdida, era un señuelo; pero es que a veces es más simple un pensamiento.

¿La llave? ahí está bien. De pie. Contra el espejo. La cerradura se abre por si sola....

El sábado ya nos reíremos, sin pulpa, ni bambalinas.





V.


Entre tus ojos y la sonrisa...no acabo de ver claro que destino es el correcto. Este fin de semana soy un koala prendado de mi sangre, disfrutando de su inocencia y alegría.... pero mi pensamiento, mi desaforo y mis letanías van entre las nubes de esos teutones conquistadores.

Sé que en Sao Paolo, huele a mandarinas. Y de la gula al vicio, sólo un bocado.

Cierro el libro por la página veintitrés. Y cambio de tercio, que hablando de cítricos he de preparar los zumos de naranja de la merienda.

Cuida tu valle, el verde y el oculto. Mi penitencia toca techo, pero para ello me entretendré en contar cuentos.

Buen vuelo.

Un simple reflejo.

En fin.






Ícaro




 
VI.


Aparcado el telegrama. 

Sigue siendo tan excitante.....recibir un papel perfumado en la fragancia de una lágrima que entre tus muslos, el caliz purificó.

De ostias consagradas y reblandecidas el velo desnuda tú omblgo nodrizo.

Me sigue fascinando que las paredes crezcan desde las nubes, que de la tierra sólo nacen barro, helechos y crisantemos.

El laurel oleoso, me parece justo. Ni una pizca más, ni una brizna menos.

La justa.

La fusta.

Para cuando despiertes y leas esto, las niñas de mis ojos.....rojigualdas.... y los niños del maíz practicando....papiroflexia.

Metáfora: Me duelen los huesos....todos. Menos los cartílagos.

Olías a Sant Michel, a Bretaña....preñada de bravura. Y me gusta, que el telegrama aún exista....mejor que un email de cuarzo sin cuerpo....impersonal.

Las persianas y el resquicio....como siempre.....así da gusto.

Todo en orden.

La faz, por hacer.







VII.


Una canción sonando vez tras vez. 

Rayó el tocadiscos de mi paticorta memoria. 

Ahora será cuando más se han de querer la alegría y la claridad.












VIII.

No quiero mentirte jamás, y aunque el precio sé que puede ser que los zapatos dejen las huellas en el aire. Nunca me lo perdonaría.

Te deseo y quiero; pero mi libertad ya no posee cadenas en el dolor propio. Y en el ajeno; ya me conoces mis genes traicionan incluso a mis dedos ahora que escribo mi propia canga.

Sé que me entiendes, porque de ese entendimiento nació...lo que sigue creciendo.

Me puedes reprochar casi todo, menos el barro.

En tú vientre, mis manos quietas.






IX.

 
Me odias con toda tú alma.

Y así me lo pagas....con lionesas entre la blonda.

Austera.

Lo de anoche-hace un ratito, fue lo justo.

Diente por...





X. 


Los hijos son fruto del amor eterno que el fugaz paso del tiempo los convierte en sangre de la posteridad. A mí el futuro me debe una.

Estas noches de eternidad chispeante, la fruta no ha dejado de ser crudeza en la búsqueda del nacimiento del fuego. Y a ti, la piedra.....te debe esa ofrenda que sólo las madres mecen en su halda.

No dejes de hurgar en el tronco. Sus anillos son el aro de esa espiral que siempre encuentra un resquicio entre los velones y el arco iris.

La llave maestra nadie la posee.

Nadie.







Ícaro

















Marvin Pontiac

Bowie, Beck, Iggy Pop, Leonard Cohen, Flea de los Chilli Peppers y Michael Stipe de R.E.M. celebraron con los más altos calificativos la música de Marvin Pontiac

¿Quién, qué fue de ésta legendaria leyenda?




Marvin Pontiac




John Lurie









Cuando un artista desaparece durante años, conviene pensar que algo se ha torcido: lo de escaparse a la Polinesia no es una opción para los tiempos que corren. Estos días se han difundido malas noticias sobre John Lurie. El saxofonista de los Lounge Lizards  (y actor habitual en películas de Jim Jarmusch), sufre la enfermedad de Lyme y ha dejado de tocar. Aparte, vive escondido, dicen que lejos de Nueva York: una bronca con su antiguo mejor amigo ha desembocado en amenazas, una campaña de acoso, denuncias en comisaría.

 

Dos grados de separación

En los años 80 y 90, Lurie era el arquetipo de bohemio del downtown neoyorquino. Un hipster arrogante y peleón, que ejercía de seductor aún antes de que el cine popularizara su cara. Perfectamente cool, arrasaba por donde pasaba. Después de su agitado concierto en solitario en Madrid, "intimó" con una conocida mía; ella pasó a ser la-chica-que-vaya-conoció-bíblicamente-a-John-Lurie. ¿Lo reconozco? Vale: creo que posteriormente yo también "intimé" con ella, aunque mis recuerdos de aquella noche sean vaporosos. Sueños de una noche de verano, jmmmmmmm.







¿A qué sonaba John Lurie ?

Los Lagartos de Salón debutaron en directo allá por 1979, con un repertorio de fake jazz y ambientes de cine negro. Lo de falso jazz fue una etiqueta ingeniosa pero les garantizó la antipatía del núcleo duro de la religión jazzera: a pesar de trabajar con el insigne Teo Macero (el productor de Miles Davis), nunca dejaron de ser considerados unos impostores. Lo de los Lounge Lizards era un be-bop tocado con filo punky, lo que tal vez explique las acusaciones de que estaban más atentos a la envoltura que a la sustancia. En Europa, por el contrario, fueron abrazados con efusión.
Con el tiempo, Lurie quiso enmendar y enriquecer su perfil de estrella del downtown: trabajó con orquestas sinfónicas y cuertetos de cuerda. También descubrió los aromas del kabarett, lo que le fue desplazando hacia el Territorio Tom Waits (ambos usaban al guitarrista Marc Ribot, asi que no se trata de una recriminación). Y ya llegamos a lo que nos interesa. Lo último que llegó de John como músico es que estuvo implicado en un disco publicado en 2000, The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits.



Lo que se sabe de Marvin Pontiac

Según Allmusic, se llamaba Marvin Touré y nació en Detroit el 30 de marzo de 1932, hijo de un natural de Malí y una neoyorquina de origen judío, una pareja que duró poco. Cuando su madre fue ingresada en un psiquiátrico, el padre recuperó al chico y le crió en Bamako. Bajo el nombre de Marvin Pontiac, retornó a Chicago donde sus conocimientos de la música de Malí quedaron eclipsados por el descubrimiento del urban blues que se estaba fraguando en la ciudad. Tocaba la armónica hasta que recibió una paliza de Little Walter, convencido de que el africano le estaba robando su sonido y sus temas.

Little Walter era peligroso cuando se enfadaba y Marvin se largó a Tejas, donde trabajó de fontanero y -según rumores- robó un banco. También actuaba por el Golfo de México y en 1952 comenzó a grabar para un sello regional, Acorn. Sus discos tenían ADN africano y algunos temas cruzaron el Atlántico, funcionando comercialmente en Nigeria. Sin embargo, Marvin se desilusionó con la música y mostró un comportamiento crecientemente excéntrico.

Sus choques con las instituciones proporcionan los escasos datos fiables. En 1963 fue arrestado cuando la policía californiano le descubrió circulando desnudo sobre una bicicleta. Ya en los setenta, pasó temporadas en un manicomio de Detroit. Contaba a los que le escuchaban que había sido secuestrado por alienígenas. Murió en 1977, arrollado por un autobús.

Y habría sido olvidado de no contar con admiradores blancos. Se supone que Jackson Pollock era un fan, hasta el punto de regalarle varios cuadros (nada impresionado por su arte, Marvin los tiró a la basura). En el 2000, nuestro John Lurie rescató sus grabaciones con un lanzamiento en su sello particular, Strange & Beautiful. Es el citado The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits.





Elmord Leonard corrobora su grandeza 

El novelista Elmore Leonard es un residente de Detroit y también cayó bajo el embrujo de Marvin. En su Tishomingo blues (publicada aquí como Blues del Mississippi), aparece un negro embaucador, de nombre Robert Taylor, que da un curso acelerado de blues al protagonista, Dennis Lenaham, un ingenuo que se gana la vida como saltador de trampolín. Robert le pone discos y espera su reacción:

- "La armónica podría ser de Little Walter", dijo Denis, "pero realmente no sé."
- "Little Walter, mis cojones. Tío, es Marvin Pontiac y su éxito, I'm a doggy".
- "Nunca oí hablar de él".
- "Pues debería darte vergüenza. Marvin es mi favorito. Marvin Pontiac, parcialmente inspirado por Muddy Waters. Y otra parte suya fue robada por Iggy Pop. ¿A que sí conoces a Iggy?"
- "Sí, ya veo por donde vas. ¿Así que I wanna be your dog, la de Iggy, tiene su origen en, a ver, I'm a doggy?"
- "Algunas cosas que hacía las llamaba blues afrojudaicos", dijo Robert. "Marvin siempre llevaba túnicas blancas y un turbante como el de Erykah Badu, antes de que se rapara la cabeza. Tenía sus rarezas. Vivía solo...escucha esto. Un productor le imploraba un disco y Marvin Pontiac le dijo que vale, que lo haría si el productor le cortaba la hierba".
- "¿El césped?"
- "Sí, su hierba, su césped, y el hombre lo hizo para que Marvin entrara en el estudio. Eso es lo que estás escuchando, The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits. Aquí está Pancakes. Y Bring me rocks, con ese verso que dice: 'mi pene tiene cara y le gusta ladrar a los alemanes.' La gracia está en que nunca se fotografió la cara de Marvin. ¿Ves esas fotos tomadas desde lejos, donde está con la túnica blanca y el turbante? Pues no hay primeros planos."


La cruda realidad, la verdad de Marvin

Otro día convendría hablar de la mala suerte de Elmore Leonard en nuestro país. En términos comerciales y de consistencia estética, Leonard es algo así como el Bruce Springsteen del noir estadounidense pero en España nunca ha impactado: las editoriales no suelen acertar con sus mejores títulos y, encima, cuesta traducir sus certeros diálogos.

Leonard coincidió con John Lurie durante la elaboración de la adaptación cinematográfica de uno de sus textos, Get Shorty, aquí rebautizado Cómo conquistar Hollywood . Y el novelista se sumó a la Conspiración de Marvin Pontiac. Al igual que Beck, David Bowie, Flea, Leonard Cohen, Iggy Pop ¡o Michael Stipe!, que declararon su pasión por Pontiac, lo importante que fue en sus carreras bla bla bla.
En realidad, The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits es sencillamente un disco de canciones de Lurie, con algunos guiños en letras y ritmos al ficticio Marvin. Rock-blues al estilo del downtown, muy disfrutable. Sólo los muy crédulos podían tragárselo. El sonido no se parece a nada que hubiera grabado un bluesman en los años cincuenta o sesenta. Y las pistas están en los créditos: obviamente, John Medeski, Marc Ribot, Calvin Weston o el propio John Lurie no eran profesionales en aquellas décadas.




Reducción del infinito




 





 






                                                             Fotografías tomadas por Ícaro

Stranger than paradise (1984)






 


















jueves, 14 de enero de 2016

Las malas cuerdas, las buenas lenguas


A las malas cuerdas y las buenas lenguas.

A las buenas artes y las malas sombras.

A las requetebuenas migas y las requetemalas caretas.

A tú sonrisa.



                           


                     Fotografías tomadas por Ícaro en Salamanca, Madrid, Córdoba y Valls.






                                             















Andaba un perro flaco por calles muertas de frío.

No sabía por donde seguir aquel camino que el instinto y las circunstancias le habían abandonado a la intemperie. Era tarde para volver donde la cuna siempre sirve un plato de sopa caliente pero ínsipida y sin sustancia. Y su decisión, meditada y auspiciada por el escozor le había arrastrado a perrear, callejear y doblar esquinas donde los muros siempre son una lanzadera a quien sabe que lugares, que situaciones, que insospechadas vivencias le aguardarán....

...Quería vivir así para morir vivo, antes de frío que de pena, que las calles son la familia más grande para los solitarios descubridores, para los abandonados a los encantos de las penumbras, para los que vagan por buen camino.

Había estado doce años bajo aquella estúpida figurita de Kosta Boda, un jarrón con asas en el culo y tapón en las orejas de los brazos, abstracta y snob, carísima pero que rompía la armonía de su sueño eterno. Doce años, entre cuatro baldosas de dos por dos, y soportando las gracias de los mal criados monstruitos que le hacían las mil y una perrerías. Sí le cambiaban el agua cada dos días y le vacunaban contra la rabia cuando el despertador enseñaba los dientes de las horas humanas, a pasear cuando tocaba echar la basura y a juguetear cuando el aburrimiento defenestraba su caprichosa y consentida vida.

Le tenían como aquella figura aparente y resultona, su linaje, su estirpe en el mercado negro alcanzaban cifras mareantes. Sospechaban que sólo su madre y sus tres hermanos eran los únicos supervivientes de su especie. Su padre murió olisqueando y husmeando rastros de desaparecidos y al no tener hermana alguna nunca sentiría como la mirada tierna se abrazaría a su mullido pelaje, conversando sobre las obras y las gracias de la raspa que el pescado zozobra cuando lo cazan bajo redes de piel escamada, ni de como se chupa y entresacan las carnes sabrosas que crecen del hueso. Para paladear lo que aquellos gigantes ni advierten, ni lamen. Las sobras en sobres de látex con nudo de corbata y lazo al container.

Un día de diciembre la veterinaria le había diagnósticado cataratas azules y en su lomo canoso un parásito solidario, le chupaba la sangre y de la herida parida montaba una colonia de grandes hermanitos. Se daba la casualidad, que transportaba en sus patas traseras lo mismo que maldecía entre ladridos y días de hastio. La medicación había surtido efecto.... en cuatro días como nuevo, pero aquella noche donde los santos inocentes se desnudan ante la debilidad decidió huir, escapar y convertirse en un auténtico perro callejero.

Hurdió una maquiavélica estrategia, con sus patas delanteras y unas nueces llamaría la atención de su dueño haciéndole creer que su hocico era mortero y sus bigotes un virtuoso payaso; su rabo un trapecista y su buena fé una patinadora rusa que dejaba en la corta distancia la navaja del degolle como reclamo de persuasíón.



                                 


Todo estaba milimétricamente planeado, emperrado en por fin liberar su alma, no temía que surtiera un efecto contrario a su diatriba y asumía la pizca de riesgo que entresacar y liberar cadenas otorga.

Prefiero morir en el intento.

A vivir en el desencanto de los amantes de las paradojas.

Con la bolsa plena de desechos y la correa de guía, sus fauces enjuagaban tres nueces. Las cáscaras empapadas en bilis y resbaladizas desprendían una musiquilla siniestra y embaucadora entre los bastidores de su cielo perverso, su amo siempre bajaba por aquella escalera de caracol correteando porque creía que se llega antes así que volando con la fantasía.

Fue fácil. Demasiado.

El lazarillo escupió las nueces cuando bajaban por la planta dieciséis, y las suelas hicieron el resto. Fue un alucinaje en pocos segundos. No murió porque cuando por encima de su espalda salió liberado a la calle eterna, el muy terco ni hizo ademán de buscarlo, sino que simplemente y en un do menor resignado le susurró desternillándose: Ojalá yo estuviera en tu lugar;  corre, vuela y no te pares jamás.

Las garrapatas descubren a la piel muerta que el alma no tiene cáscara.

Y sí, savia nueva donde la sangre antes estancada se iba de juerga con los mosquitos y las arañas, y ahora desentierra los huesos quebrados de áquel esqueleto que oxidaba sus recuerdos y la plata de sus diabólicas correrías.

El siguiente paso, fue quitarse el bozal, y cortarse las uñas. Volaba a cuatro patas y el rabo era el timón de su conciencia.

Llámalo perro, llámalo ladrido. Llámate perra, aunque la llamen luna.

Callejero sin calles.

Y la música quieta.

Anda un perro callejero por la única calle que amó en su vida.

Ícaro © 









Minucias


Para todo lo demás





















          




Fotografías tomadas por Ícaro desde Castellfollit del Boix (vergel quijotesco y remanso de paces e inspiración) a unos diez quilómetros de Igualada, se puede vislumbrar el perfil de la montaña mágica de Montserrat un amanecer cualquiera de éste dulce enero de soles estivales y lunática primavera sietemesina..





                                             






Barcelona Mon Amour

En el meollo de la simiente condal












Llamada vida



Ponerse al margen
asistir a un pan
cantar un himno

menoscabarse en vano
abrogar voluntades
refrendar cataclismos

acompañar la soledad
no negarse a las quimeras
remansarse en el tornado

ir de lo ceñido a lo vasto
desde lo opaco a la centella
de comisión al sueño libre

ofrecerse a lo parco del día
sin morir una hora tras otra
volver a comenzar cada noche

volar de lo distinto a lo idéntico
admirar miradores y sótanos
infligirse penarse concernirse

estar en busca de alma diferida
preparar un milagro entre la sombra
y llamar vida a lo que sabe a muerte.


Ida Vitale




                                        Fotografías tomadas por Hugo e Ícaro. Otoño '15.
                                     Guiño a una petición explícita vía paloma mensajera.
                                                       Al dente. Casi, casi... crudito.






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