Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Cenerentola



Fotografía, Ícaro





Se postró de espaldas, con el rostro frente al mío.

Me dió su nuca.

Le dí mi aire... íncreiblemente hermosa, inalterable, atemporal.... permitió que mis palmas recorrieran todo el volcán de su belleza dormida. Perfilamos con el roce, sin apretar, sin anudar... recorriendo cada mapa invisible que nacía entre el jadeo de un suspiro y el gemido del silencio. Cada recoveco que presumía de adormilado, cada poro que manaba en fuente de vida. Cada lazo que crece de la complicidad.

Se dió la vuelta, al trasluz. Entre la gasa de aquella cortina blanca y el aire que perfumaba la corriente... el pestillo baldado. Vencido. Todo se inquietaba.

Me dió sin el derroche de lo recíproco, a destajo.. entre sus latidos y los míos. Sin música predispuesta, con el sonido nervioso y crepuscular de todo aquello que brota sin caducidad ni opacidad... el felpudo que sólo recibe a quien quiere y los pasos que se acercan por deseo, no por costumbre...

Le dí mi sorpresa, ajeno a que aún, sin esperar nada a cambio... se encuentra lo más insospechado del olvido.. descubrir la cercanía en la invisibilidad, la transparencia en las costuras. Aquella filigrana que como un tirabuzón alegre despierta cuando percibes que lo profuso era padre eterno. Y que ahora, viudo de penas, despierta al conocimiento, a ambos. A un descubrimiento sin velas.. de cera que se derrite al roce.

Me abrió sus muslos. Durmió su sangre. Y convulsa, se dejó zarandear como cuando una pared desnuda troquela la carne trémula, caliente, azarosa que la azuza hasta el deliquio. Y allí en aquella alcoba donde Dorothy Parker hubiera musitado viejas palabras que nacen de lo que nunca se escapa de la jaula lunar...

Cenerentola, me atiborro de acordes táctiles, de sonidos imperceptibles, de besos robados, de formas opulentas y desde su fondo voluptuoso...me volvió a entreabrir, a abrir sus muslos, sus ingles, sus labios.... como una ostra fresca hambrienta de gotas de limón anegando sus deseos...de gotas de leche cuajando su excitado nerviosismo...

Fermentaba su rubor.

Lechosa y emocionada. Aquella lluvia de Nuraghe era blanquecina... hija de Mador y dueña del Sudor. No esperaba más, ni deseaba menos.

Que cayera resbalando, sin detenerse, que sembrara sin fruto... sólo el seseo, el dulce seseo de dejarse resbalar hasta donde las manos resisten...

Y allí, recién llegados al nuevo mundo empezamos a pintar con los labios lo que los dedos recorrían, donde las frías noches de invierno son hijas de la Inspiración, Cenerentola se acalló para dar rienda suelta a lo abstracto y racional de Ida, a los matices de Arcimboldo. Turbábamos en ese punto donde uno sabe, siente, percibe que aquello deja ser casi humano y se convierte en mágico, en único, en tan especial que atormentará después....cuando el recuerdo subyuga a la espera. Rememorar, como cuando la cáscara de una nuez navega en el océano del paladar.

El vinilo crujía y los adoquines de Sassari a lo lejos cruzaban charcos, como si Modigliani bajara sus pestañas para toparse con el iris de Hebuterne... Cenerentola, sin grandilocuencias, sin jabones ni perfumes... al natural colmaba, rebosaba y deslumbraba las pocas luces que de madrugada nadie ve... Indemne a las horas altas de tacones descalzos. Era, es turbadora.

Y así, mientras los silencios despertaban a la duermevela, descolgó dos viejos cuadros, se sentó sobre unos libros y con una sábana arropó su hermoso cuerpo cual fular de nubes sin hijas...agazapando lo que se entreve al trasluz de lo rotundo.

....se apoyó sobre los dedos de sus pies...y sus gemelos tensos, blancos.. invitaban a ser vistos desde la copa de sus hojas... a ser el viento que los mueve, remueve... a ser lluvia nacarada e inventar el río de la vida... A nacer un nuevo gozo, una nueva forma. Una cuna sagrada de emociones y sentimientos.

Se soltó el pelo.

Su corto pelo castaño... se recostó sobre un baúl y reclinó su nuca sobre aquel ventanal, levantó su mano y con su mirada encontró lo que la mía buscaba.

Me preguntó:

- ¿Qué hacemos con los cuadros...?

Aquí no pegan.

Y les dimos la vuelta.

Cara a la pared.

Castigados y sin garbanzos bajo las rodillas.

Comulgamos a la adivinanza del acertijo más ancestral.

Y comprendimos que cada mirada entiende lo que desea encontrar....sin ser vista.

...sin preguntas, no hacia falta respuestas.

Cenerentola... empezó a jugar con sus dedos, con sus sienes y el laberinto de sus primeras canas, su mechón rubio, a jugar sin cepillo...ni cuerdas. A mesar lo que sin pedir se desliza, a contemplar lo que no tiene cuerpo, ni tiempos. A señalar donde se escapa la razón...

Y allí, la miel cubrió de su peculiar ritmo lo que pocos conocen.

Cuando hace frío... gotea densa... casi tortuga voladora... para tocar la blanca espera; cuando hace tanta calor... se evapora para enroscarse y mezclarse con el agua corporal de los sentidos, de los deseos. Pero perdura. Siempre perdura.

La miel es el más sabroso de los mejunjes.

Cuentan que nace del laborioso panal.... pero no saben, que nace de donde menos lo esperas.

Del ancestral lugar donde todos nacimos.

Cenerentola, imperturbable, radiante... se untó las yemas y me dió de comer.

Teníamos hambre, tanta que la sed se olvidó de nacer.


Ícaro©






viernes, 4 de noviembre de 2016

5 millones de razones: Vosotros

Fotografía: Piera Rosa

La gratitud.

Nueve meses, más de cinco millones de visitas, más de dos mil seguidores.

Jamás ni en mis sueños más húmedos y turgentes pude imaginarlo.

Gracias, gracias y regracias.

Sois increíbles, leales, honestos y divertidos. Reales, humanos, espléndidos. Vitales, alegres, íntegros.

Aparecistéis como por arte de magia.

Y sois vida. Vida pura.

Gracias a todos, a los Cinco Continentes, a cientos de países y culturas. Gracias a vuestra ternura y amor.

Seguiré caminando.

Proseguiremos.







Tu alma es el paraíso encontrado del qué jamás ningún ser podrá expulsarme.


Y, tu cuerpo el párnaso donde nacerá mi cuarto mandamiento.

O mi cuarta gota de sangre.

El latido es un viajero endemoniadamente sagaz, vira por el cabo de la Isla de la Muerte hasta la pequeña iglesia de la Santa Victoria.

Y en aquella pequeña plaza, sobre un banco de piedra, Galiei y Verdi, juegan una timba de cartas.

Galileo arrastra y el órdago de Giuseppe le desquicia.

Se acrecentan bajo las sombras y el resol los juegos malabares.

Uno crea la ópera de la física y el otro....:

Eppur si muove.

Ícaro©





viernes, 30 de septiembre de 2016

Judee Sill ¿Lady O? ¿Una vida malograda? La voz del Laurel Canyon








Nacida en Oakland (California) en 1944, creció en el bar de su padre, donde los clientes jugaban ilegalmente y se escondían debajo de las mesas para evitar las peleas. Millford ′Bun′ Sill trabajaba antes para la industria del cine. Había sido cámara en los estudios de Paramount antes de dedicarse a importar animales exóticos para las películas, hasta que compró el bar donde ella empezó a tocar el piano desde que tenía tres años y a interesarse por la "Armonía".

El ambiente del bar no podía ser más sórdido. ′Vivía bajo un flíper′ (una máquina del millón) -dice Judee en una entrevista-. Mis padres eran los dos alcohólicos, así que tenía mucho tiempo para mí′. Del piano pasa al ukelele, a los nueve años, y la guitarra a los catorce. ′Quería ser una estrella de cine, algo emocionante′, decía.

Cuando su padre muere de neumonía en 1952, su madre, Oneta, se casa con otro bebedor, que había hecho animación para Tom y Jerry. La ahora señora Muse, lleva a Judee y a su hermano Dennis a Los Ángeles. Luego dijo que su padrastro abusaba sexualmente de ella. Su madre entra en una espiral de droga y alcohol, que no abandona hasta su muerte en 1963. Judee va de un instituto a otro, atraída cada vez más por el lado oscuro de la vida. 


La atracción del lado oscuro 

 

 

La experimentación con la droga va acompañada, para Sill, de su iniciación al crimen. Se casa a los diecisiete años con un hombre mayor, que resultó ser un gangster. El matrimonio fue anulado por su madre, pero juntos asaltan licorerías hasta que les arrestan intentando robar en una gasolinera. A él le mandan a la cárcel, pero a ella, como tenía sólo dieciocho años, le mandan al reformatorio de Ventura. Allí se convierte en la organista de la capilla, donde descubre los himnos, que tanta influencia tienen en sus letras. Al salir en 1963, comienza a estudiar música en la universidad, mientras trabaja en un piano-bar, pero después de un viaje con dos amigas deja las clases.

Tras la muerte de su madre en 1965, conoce a un vendedor de LSD, que toca el bajo. Su marido había muerto en los rápidos del río Kern, bajo los efectos del ′ácido′ -como se llamaba entonces a esa droga que, aunque parezca increíble, era legal en Estados Unidos-. Ella empieza a tomar el LSD, que le proporciona el traficante. Se va a vivir con él. Forma un trío de jazz con dos amigas, donde ahora toca el bajo, cuando conoce a un pianista llamado Bob Harris. Los dos se hacen pronto heroinómanos y van a Las Vegas, donde ella miente sobre su edad, para poder tocar en los bares.

Al volver a California, necesitaba ciento cincuenta dólares al día, para la droga. ′Todo lo que me importaba era poder meter la aguja en la vena′, decía. Así que empieza a falsificar cheques, cuando no roba tiendas en las esquinas del valle de San Fernando. Lo que le llevará a la cárcel. Cuando llama desesperada a su hermano Dennis, para intentar conseguir el dinero para la fianza -que ningún amigo quiere pagar- se entera que ha muerto de una infección de hígado. Al salir de prisión, limpia de la droga, se puso a escribir canciones.



¿Salvada por la música? 

 

 

Para entender la frustrada carrera de Judee Sill, hay que darse que cuenta que aunque grababa en la prestigiosa casa de discos independiente de Joni Mitchell, Asylum, mientras la cantautora cantaba en los circuitos de folk del Village de Nueva York, ella estaba en un reformatorio. Cuando Joni hacía gorgoritos sobre las mañanas de Chelsea, Judee se dedicaba al robo, la prostitución, o lo que hiciera falta, para pagar la droga. Parece que estuvo en un sanatorio para enfermos mentales e incluso hizo contrabando de droga por la frontera mexicana.

′Tomaba heroína por gusto -decía a Rolling Stone en 1972-, para escapar del tormento y la miseria′. Llevaba enganchada tres años, ′pero creía que podía mantener este tipo de hábito mucho tiempo′. Pensaba que era fácil dejarlo. Bastaba un poco de fuerza de voluntad. Era ′yonqui′, pero logró cambiar ′la oscura paz′ de la heroína por ′la blanca paz′ del LSD, recuerda su abogado Bill Straw, que la conoció en 1969.

Sill fue el primer fichaje de David Geffen, para el nuevo sello Asylum, después de que su maravillosa canción ′Lady-O′ tuviera cierto éxito, interpretada por el grupo The Turtles. Ella estaba tan agradecida que puso en la contraportada de su primer álbum: ′David Geffen, te quiero′. Parece que estaba enamorada de él, aunque los dos tuvieron relaciones homosexuales.

Asylum fue la compañía que dio a conocer el llamado ′sonido del Cañón Laurel′, una zona de las colinas de Hollywood, donde vivieron una serie de cantautores a finales de los sesenta y principios de los setenta, que tenían una misma base acústica. El sello, pensado originalmente para Jackson Browne, logró atraer a artistas como Bob Dylan, pero dio a conocer a músicos tan singularesTom Waits, Carole King, Jim Morrison, The Mamas and The Papas, Joni Mitchell, entre otros; haciendo mucho dinero con los Eagles. El primer disco sencillo de Judee Sill fue producido por Graham Nash y tiene el enigmático título de ′Cristo hacía cruces′. 



Búsqueda espiritual 

 

 

Si uno busca en las canciones de Sill huellas de sus heridas de infancia y experiencias de prisión, se sorprenderá de encontrar que la mayor parte de sus letras tienen que ver con la espiritualidad y la fe. Cuando su madre y su hermano murieron, Judee empezó a sentir una necesidad religiosa. ′Generalmente, son cosas espirituales la principal inspiración de mis canciones′, dijo al New Musical Express. La mayor influencia es cristiana, pero también estudió las enseñanzas de los rosacruces, la teosofía, ′el nuevo pensamiento′, la magia y el ocultismo, en general.

Su primer disco está lleno de referencias bíblicas. ′Crayon Angels′ habla de los falsos profetas, ′Enchanted Sky Machines′ de los últimos tiempos y ′Ridge Runner′ sobre la inspiración divina. Irónicamente, su canción favorita, ′Jesús Was A Cross Maker′, menciona a Jesús por nombre, pero trata en realidad de su desengaño amoroso con J. D. Souther. Es por eso que se le presenta como un amante elusivo. ′La escribí para reconciliar mi lujuria con el amor divino -dice-. Aunque Jesús realmente hacía cruces. Toda carpintería en su tiempo hacía armarios, féretros y cruces. Lo descubrí leyendo La Última Tentación de Cristo de Kazantzakis.′

′Mis canciones son a veces religiosas, pero detesto la táctica de los Locos por Jesús -Jesús Freaks, hippies convertidos al cristianismo, que empezaban a utilizar la música contemporánea para expresar su fe-. Son terribles. Te impiden el paso en la calle, intentando convertirte y te dan una patada en el culo por Jesús.′ Las palabras de Judee expresan su distanciamiento de la Gente de Jesús (Jesús People). Puesto que su interés por el cristianismo no fue una simple cuestión intelectual. Llegó a ser bautizada en la piscina del cantante evangélico Pat Boone.


Trágico y temprano final

Sill hace otro disco en 1973, ′Heart Food′ (Comida para el corazón). En él, Cristo sigue teniendo una constante presencia. Llama a Jesús ′Soldado del Corazón′ y ′Vigilante′. Su canción The Donor incluye elementos litúrgicos como el Kyrie Eleison. The Pearl advierte sobre el abuso de las drogas. Y en la televisión inglesa, presenta The Kiss como una canción sobre la unión de los extremos que hay dentro de nosotros. ′Amo a la gente que es honesta sobre su miseria y no trata de esconderla, cuando se siente incómoda y extraña′, dice a Rolling Stone.

Como su primer álbum, éste también recibió excelentes críticas. El Village Voice la llamó ′una santa loca′. Tenía fama de ser una persona difícil. El productor de la actuación de la BBC -que se puede ver en YouTube-, comenta que parecía ′una severa bibliotecaria′. Dijo que compraran sus discos, para no tener que seguir haciendo de telonera de grupos de rock. Al principio hizo giras con Crosby, Stills & Nash y Roy Harper, pero cada vez hacía menos conciertos. Geffen rompe con ella, al dar a conocer su homosexualidad, antes de que él la hiciera pública.

Tras una serie de accidentes de coche y una operación que no logró solucionar su problema de espalda, vuelve a la droga. Algunos cree que fue por su dificultad para conseguir calmantes, dado su anterior adicción. Lo cierto es que Judee muere de una sobredosis en 1979, cuando tenía sólo 35 años. Estaba en su apartamento de la calle Morrison, al norte de Hollywood. La autopsia dice que sufrió ′una grave intoxicación de cocaína y codeína′. Se supone que intentaba aplacar el dolor que tenía, pero al administrárselo ella misma, se considera un suicidio. 







La fé de Judee

Cuando sus cenizas son esparcidas en el Pacífico, ya nadie sabía de ella. La mayor parte de la gente que la conocía se enteró de su muerte un año después. Las pocas personas que la vieron en aquel tiempo, dicen que estaba obsesionada por el mundo espiritual y esotérico. Sus letras son misteriosas y difíciles de interpretar. ′La menos entendida es My Man On Love -dijo ella-, ya que la gente no se da cuenta que es sobre Jesús, porque no digo su nombre en la canción′.

Si Judee encontró alguna vez ′la verdad y el viaje / al otro lado′, diría que fue por Jesús, pero ¿quién es Él, para ella? Un vaquero místico, un bandido, rompecorazones, que le ama, pero se marcha, para luchar contra el mal en un mundo que ya no puede ser arrebatado. Ese es el lenguaje de sus canciones. No está en este mundo, no toca el suelo y sin embargo, ella quiere cabalgar con él, un día. Para Judee, la única verdad que sobrevive todo el vacío, es lo que su Hombre tiene que decir sobre el amor.

El cantante de The Turtles, que dió a conocer al mundo su primera canción, Mark Volman, vió poca evidencia de la naturaleza devota que revelan muchas de sus canciones: ′Creo que Judee tenía un lado espiritual, pero su personalidad adictiva es como si lo barriera de tal modo, que sólo lo podía mostrar escribiendo′. 
Lo que me ha llevado a pensar en mis propias contrAdicciones. 
¿En las tuyas....?
Ícaro 
  






viernes, 11 de marzo de 2016

¡ Gracias, Un millón de visitas !


Ícaro




En apenas tres meses, vuestras visitas, vuestra compañía y lealtad; todo y tanto cariño han logrado superar la barrera del millón de visitas.

No me hace ilusión en sí el guarismo.

Sino tú presencia constante, cariñosa, fiel y sostendia....un abrazo muy muy entrañable a los seguidores que desde los mimbres de la cuna manan que la paz es un perfume.

Se han añadido cientos en estos tres meses y los que vendrán, otros se irán... el río de la vida.

Un privilegio que en cien días el rinconcito de Google + haya superado un millón de visitas, cientos de comentarios y miles de seguidores de todo el mundo caminan cerquita, a la verita.

Amo la literatura, el arte, la fotografía, el cine y la buena música, la que me pone la piel de gallina y entronca los sentidos para desatar la inspiración y rehogar unos minutos o unas horas de paz. De conticinio.

El halago, o el elogio que más me llega, es cuando me dices o publicas... que sientes, que sentiste... al leerme, al contemplar mis fotos o al guiñarte una canción que me toca la fibra, que me hace reír o llorar.

Gracias a todos.

A los que desde la cuna aprendieron a caminar junto a mí, a los que estáis ahora caminando, a los que tomastéis otro camino... y a los que nos reencontraremos o por arte de magia aparecerán.

Un privilegio, un honor.

Os quiero



Ícaro







Ps.: Y agradecerte que a veces no te pueda contestarte a la mayor brevedad...laboris causa, inspirational brainstorming.

Aunque siempre desembarco del Guadiana.

Un abrazo






jueves, 21 de enero de 2016

Cronológí(C)a I

A la madera, hay que mimarla, susurrarle y acariciarla. No deja de ser veta de nuestras miradas y dueña de nuestros fuegos....





Ícaro





(2007) Verano. Apuntes de alguna noche (y de alguna alba rota o panadera) mientras el pan se hacía al compás del ebanista herrero... o del sereno despierto.

Algún matiz en la acuarela (el paso del tiempo es imparablemente hermoso). Retazos. Cuarteados. Silogismos. Metáforas. Dolores y alegrías. Crecimiento y aprendizaje.

Pasar por ahí, para llegar aquí.

Se mereció y ahora, lo agradezco.






I.

La humildad es el traje más elegante y tú, desnuda, no eres sólo elegante sino el centro de mi vergüenza, el horno de la más cálida, viscosa y embarrada realidad.

El espejo es ponderado. Justo. Ni más, ni menos.

Honesto.




II.

Los niños corretean disfrazados de inocencia. La fiesta está en la calle. En el rompeolas. Me gusta tu voz....es tierna, serena, sensual, caliente...... El rictus de un rayo compartiendo un trueno..... será que la magia se acerca invisible. O el embrujo del amor del panadero se fragua.


Faltan casi dos horas. Y la fiesta por los adentros perdura.

Imagino que ésta madrugada....la orilla será un césped de vírgenes deseos....

Huele a sal, a mistela.

Las circunstancias, no dejan de sorprender....me


Se dejaron tus ojos unos zapatos en el alfeizar.

Cuando haga la cama, seguiré lamiendo tus tobillos.

Maldita incercia. Maldito despertador













III.



Ésta madrugada de valientes corazones, no sé si el mío atinará al descubrir tú tez blanca cuarteada por los labios del tópico.

Secuaz misericordia cuando el trabalenguas se queda mudo.

Los zapatos huelen a camelias tristes. Pero un brillo tonto me tiene hoy el iris vidrioso....

Mañana seré yo.

No dejes de regar las plantas de plástico. Ni de mirar debajo del felpudo....las llaves ya veremos donde las guardamos.







IV.

Debo tener la pecera, entre los libros.

Pasa página, y el aleteo no pondrá remedio al inquisidor festival de trompetas y saxo.

Desde aquí, huelo a aquellas aletas de tiburón. Vuelta y vuelta.

Deliciosas.

Supongo que la llamada perdida, era un señuelo; pero es que a veces es más simple un pensamiento.

¿La llave? ahí está bien. De pie. Contra el espejo. La cerradura se abre por si sola....

El sábado ya nos reíremos, sin pulpa, ni bambalinas.





V.


Entre tus ojos y la sonrisa...no acabo de ver claro que destino es el correcto. Este fin de semana soy un koala prendado de mi sangre, disfrutando de su inocencia y alegría.... pero mi pensamiento, mi desaforo y mis letanías van entre las nubes de esos teutones conquistadores.

Sé que en Sao Paolo, huele a mandarinas. Y de la gula al vicio, sólo un bocado.

Cierro el libro por la página veintitrés. Y cambio de tercio, que hablando de cítricos he de preparar los zumos de naranja de la merienda.

Cuida tu valle, el verde y el oculto. Mi penitencia toca techo, pero para ello me entretendré en contar cuentos.

Buen vuelo.

Un simple reflejo.

En fin.






Ícaro




 
VI.


Aparcado el telegrama. 

Sigue siendo tan excitante.....recibir un papel perfumado en la fragancia de una lágrima que entre tus muslos, el caliz purificó.

De ostias consagradas y reblandecidas el velo desnuda tú omblgo nodrizo.

Me sigue fascinando que las paredes crezcan desde las nubes, que de la tierra sólo nacen barro, helechos y crisantemos.

El laurel oleoso, me parece justo. Ni una pizca más, ni una brizna menos.

La justa.

La fusta.

Para cuando despiertes y leas esto, las niñas de mis ojos.....rojigualdas.... y los niños del maíz practicando....papiroflexia.

Metáfora: Me duelen los huesos....todos. Menos los cartílagos.

Olías a Sant Michel, a Bretaña....preñada de bravura. Y me gusta, que el telegrama aún exista....mejor que un email de cuarzo sin cuerpo....impersonal.

Las persianas y el resquicio....como siempre.....así da gusto.

Todo en orden.

La faz, por hacer.







VII.


Una canción sonando vez tras vez. 

Rayó el tocadiscos de mi paticorta memoria. 

Ahora será cuando más se han de querer la alegría y la claridad.












VIII.

No quiero mentirte jamás, y aunque el precio sé que puede ser que los zapatos dejen las huellas en el aire. Nunca me lo perdonaría.

Te deseo y quiero; pero mi libertad ya no posee cadenas en el dolor propio. Y en el ajeno; ya me conoces mis genes traicionan incluso a mis dedos ahora que escribo mi propia canga.

Sé que me entiendes, porque de ese entendimiento nació...lo que sigue creciendo.

Me puedes reprochar casi todo, menos el barro.

En tú vientre, mis manos quietas.






IX.

 
Me odias con toda tú alma.

Y así me lo pagas....con lionesas entre la blonda.

Austera.

Lo de anoche-hace un ratito, fue lo justo.

Diente por...





X. 


Los hijos son fruto del amor eterno que el fugaz paso del tiempo los convierte en sangre de la posteridad. A mí el futuro me debe una.

Estas noches de eternidad chispeante, la fruta no ha dejado de ser crudeza en la búsqueda del nacimiento del fuego. Y a ti, la piedra.....te debe esa ofrenda que sólo las madres mecen en su halda.

No dejes de hurgar en el tronco. Sus anillos son el aro de esa espiral que siempre encuentra un resquicio entre los velones y el arco iris.

La llave maestra nadie la posee.

Nadie.







Ícaro

















Marvin Pontiac

Bowie, Beck, Iggy Pop, Leonard Cohen, Flea de los Chilli Peppers y Michael Stipe de R.E.M. celebraron con los más altos calificativos la música de Marvin Pontiac

¿Quién, qué fue de ésta legendaria leyenda?




Marvin Pontiac




John Lurie









Cuando un artista desaparece durante años, conviene pensar que algo se ha torcido: lo de escaparse a la Polinesia no es una opción para los tiempos que corren. Estos días se han difundido malas noticias sobre John Lurie. El saxofonista de los Lounge Lizards  (y actor habitual en películas de Jim Jarmusch), sufre la enfermedad de Lyme y ha dejado de tocar. Aparte, vive escondido, dicen que lejos de Nueva York: una bronca con su antiguo mejor amigo ha desembocado en amenazas, una campaña de acoso, denuncias en comisaría.

 

Dos grados de separación

En los años 80 y 90, Lurie era el arquetipo de bohemio del downtown neoyorquino. Un hipster arrogante y peleón, que ejercía de seductor aún antes de que el cine popularizara su cara. Perfectamente cool, arrasaba por donde pasaba. Después de su agitado concierto en solitario en Madrid, "intimó" con una conocida mía; ella pasó a ser la-chica-que-vaya-conoció-bíblicamente-a-John-Lurie. ¿Lo reconozco? Vale: creo que posteriormente yo también "intimé" con ella, aunque mis recuerdos de aquella noche sean vaporosos. Sueños de una noche de verano, jmmmmmmm.







¿A qué sonaba John Lurie ?

Los Lagartos de Salón debutaron en directo allá por 1979, con un repertorio de fake jazz y ambientes de cine negro. Lo de falso jazz fue una etiqueta ingeniosa pero les garantizó la antipatía del núcleo duro de la religión jazzera: a pesar de trabajar con el insigne Teo Macero (el productor de Miles Davis), nunca dejaron de ser considerados unos impostores. Lo de los Lounge Lizards era un be-bop tocado con filo punky, lo que tal vez explique las acusaciones de que estaban más atentos a la envoltura que a la sustancia. En Europa, por el contrario, fueron abrazados con efusión.
Con el tiempo, Lurie quiso enmendar y enriquecer su perfil de estrella del downtown: trabajó con orquestas sinfónicas y cuertetos de cuerda. También descubrió los aromas del kabarett, lo que le fue desplazando hacia el Territorio Tom Waits (ambos usaban al guitarrista Marc Ribot, asi que no se trata de una recriminación). Y ya llegamos a lo que nos interesa. Lo último que llegó de John como músico es que estuvo implicado en un disco publicado en 2000, The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits.



Lo que se sabe de Marvin Pontiac

Según Allmusic, se llamaba Marvin Touré y nació en Detroit el 30 de marzo de 1932, hijo de un natural de Malí y una neoyorquina de origen judío, una pareja que duró poco. Cuando su madre fue ingresada en un psiquiátrico, el padre recuperó al chico y le crió en Bamako. Bajo el nombre de Marvin Pontiac, retornó a Chicago donde sus conocimientos de la música de Malí quedaron eclipsados por el descubrimiento del urban blues que se estaba fraguando en la ciudad. Tocaba la armónica hasta que recibió una paliza de Little Walter, convencido de que el africano le estaba robando su sonido y sus temas.

Little Walter era peligroso cuando se enfadaba y Marvin se largó a Tejas, donde trabajó de fontanero y -según rumores- robó un banco. También actuaba por el Golfo de México y en 1952 comenzó a grabar para un sello regional, Acorn. Sus discos tenían ADN africano y algunos temas cruzaron el Atlántico, funcionando comercialmente en Nigeria. Sin embargo, Marvin se desilusionó con la música y mostró un comportamiento crecientemente excéntrico.

Sus choques con las instituciones proporcionan los escasos datos fiables. En 1963 fue arrestado cuando la policía californiano le descubrió circulando desnudo sobre una bicicleta. Ya en los setenta, pasó temporadas en un manicomio de Detroit. Contaba a los que le escuchaban que había sido secuestrado por alienígenas. Murió en 1977, arrollado por un autobús.

Y habría sido olvidado de no contar con admiradores blancos. Se supone que Jackson Pollock era un fan, hasta el punto de regalarle varios cuadros (nada impresionado por su arte, Marvin los tiró a la basura). En el 2000, nuestro John Lurie rescató sus grabaciones con un lanzamiento en su sello particular, Strange & Beautiful. Es el citado The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits.





Elmord Leonard corrobora su grandeza 

El novelista Elmore Leonard es un residente de Detroit y también cayó bajo el embrujo de Marvin. En su Tishomingo blues (publicada aquí como Blues del Mississippi), aparece un negro embaucador, de nombre Robert Taylor, que da un curso acelerado de blues al protagonista, Dennis Lenaham, un ingenuo que se gana la vida como saltador de trampolín. Robert le pone discos y espera su reacción:

- "La armónica podría ser de Little Walter", dijo Denis, "pero realmente no sé."
- "Little Walter, mis cojones. Tío, es Marvin Pontiac y su éxito, I'm a doggy".
- "Nunca oí hablar de él".
- "Pues debería darte vergüenza. Marvin es mi favorito. Marvin Pontiac, parcialmente inspirado por Muddy Waters. Y otra parte suya fue robada por Iggy Pop. ¿A que sí conoces a Iggy?"
- "Sí, ya veo por donde vas. ¿Así que I wanna be your dog, la de Iggy, tiene su origen en, a ver, I'm a doggy?"
- "Algunas cosas que hacía las llamaba blues afrojudaicos", dijo Robert. "Marvin siempre llevaba túnicas blancas y un turbante como el de Erykah Badu, antes de que se rapara la cabeza. Tenía sus rarezas. Vivía solo...escucha esto. Un productor le imploraba un disco y Marvin Pontiac le dijo que vale, que lo haría si el productor le cortaba la hierba".
- "¿El césped?"
- "Sí, su hierba, su césped, y el hombre lo hizo para que Marvin entrara en el estudio. Eso es lo que estás escuchando, The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits. Aquí está Pancakes. Y Bring me rocks, con ese verso que dice: 'mi pene tiene cara y le gusta ladrar a los alemanes.' La gracia está en que nunca se fotografió la cara de Marvin. ¿Ves esas fotos tomadas desde lejos, donde está con la túnica blanca y el turbante? Pues no hay primeros planos."


La cruda realidad, la verdad de Marvin

Otro día convendría hablar de la mala suerte de Elmore Leonard en nuestro país. En términos comerciales y de consistencia estética, Leonard es algo así como el Bruce Springsteen del noir estadounidense pero en España nunca ha impactado: las editoriales no suelen acertar con sus mejores títulos y, encima, cuesta traducir sus certeros diálogos.

Leonard coincidió con John Lurie durante la elaboración de la adaptación cinematográfica de uno de sus textos, Get Shorty, aquí rebautizado Cómo conquistar Hollywood . Y el novelista se sumó a la Conspiración de Marvin Pontiac. Al igual que Beck, David Bowie, Flea, Leonard Cohen, Iggy Pop ¡o Michael Stipe!, que declararon su pasión por Pontiac, lo importante que fue en sus carreras bla bla bla.
En realidad, The Legendary Marvin Pontiac's Greatest Hits es sencillamente un disco de canciones de Lurie, con algunos guiños en letras y ritmos al ficticio Marvin. Rock-blues al estilo del downtown, muy disfrutable. Sólo los muy crédulos podían tragárselo. El sonido no se parece a nada que hubiera grabado un bluesman en los años cincuenta o sesenta. Y las pistas están en los créditos: obviamente, John Medeski, Marc Ribot, Calvin Weston o el propio John Lurie no eran profesionales en aquellas décadas.




Reducción del infinito




 





 






                                                             Fotografías tomadas por Ícaro

Stranger than paradise (1984)






 


















jueves, 14 de enero de 2016

Las malas cuerdas, las buenas lenguas


A las malas cuerdas y las buenas lenguas.

A las buenas artes y las malas sombras.

A las requetebuenas migas y las requetemalas caretas.

A tú sonrisa.



                           


                     Fotografías tomadas por Ícaro en Salamanca, Madrid, Córdoba y Valls.






                                             















Andaba un perro flaco por calles muertas de frío.

No sabía por donde seguir aquel camino que el instinto y las circunstancias le habían abandonado a la intemperie. Era tarde para volver donde la cuna siempre sirve un plato de sopa caliente pero ínsipida y sin sustancia. Y su decisión, meditada y auspiciada por el escozor le había arrastrado a perrear, callejear y doblar esquinas donde los muros siempre son una lanzadera a quien sabe que lugares, que situaciones, que insospechadas vivencias le aguardarán....

...Quería vivir así para morir vivo, antes de frío que de pena, que las calles son la familia más grande para los solitarios descubridores, para los abandonados a los encantos de las penumbras, para los que vagan por buen camino.

Había estado doce años bajo aquella estúpida figurita de Kosta Boda, un jarrón con asas en el culo y tapón en las orejas de los brazos, abstracta y snob, carísima pero que rompía la armonía de su sueño eterno. Doce años, entre cuatro baldosas de dos por dos, y soportando las gracias de los mal criados monstruitos que le hacían las mil y una perrerías. Sí le cambiaban el agua cada dos días y le vacunaban contra la rabia cuando el despertador enseñaba los dientes de las horas humanas, a pasear cuando tocaba echar la basura y a juguetear cuando el aburrimiento defenestraba su caprichosa y consentida vida.

Le tenían como aquella figura aparente y resultona, su linaje, su estirpe en el mercado negro alcanzaban cifras mareantes. Sospechaban que sólo su madre y sus tres hermanos eran los únicos supervivientes de su especie. Su padre murió olisqueando y husmeando rastros de desaparecidos y al no tener hermana alguna nunca sentiría como la mirada tierna se abrazaría a su mullido pelaje, conversando sobre las obras y las gracias de la raspa que el pescado zozobra cuando lo cazan bajo redes de piel escamada, ni de como se chupa y entresacan las carnes sabrosas que crecen del hueso. Para paladear lo que aquellos gigantes ni advierten, ni lamen. Las sobras en sobres de látex con nudo de corbata y lazo al container.

Un día de diciembre la veterinaria le había diagnósticado cataratas azules y en su lomo canoso un parásito solidario, le chupaba la sangre y de la herida parida montaba una colonia de grandes hermanitos. Se daba la casualidad, que transportaba en sus patas traseras lo mismo que maldecía entre ladridos y días de hastio. La medicación había surtido efecto.... en cuatro días como nuevo, pero aquella noche donde los santos inocentes se desnudan ante la debilidad decidió huir, escapar y convertirse en un auténtico perro callejero.

Hurdió una maquiavélica estrategia, con sus patas delanteras y unas nueces llamaría la atención de su dueño haciéndole creer que su hocico era mortero y sus bigotes un virtuoso payaso; su rabo un trapecista y su buena fé una patinadora rusa que dejaba en la corta distancia la navaja del degolle como reclamo de persuasíón.



                                 


Todo estaba milimétricamente planeado, emperrado en por fin liberar su alma, no temía que surtiera un efecto contrario a su diatriba y asumía la pizca de riesgo que entresacar y liberar cadenas otorga.

Prefiero morir en el intento.

A vivir en el desencanto de los amantes de las paradojas.

Con la bolsa plena de desechos y la correa de guía, sus fauces enjuagaban tres nueces. Las cáscaras empapadas en bilis y resbaladizas desprendían una musiquilla siniestra y embaucadora entre los bastidores de su cielo perverso, su amo siempre bajaba por aquella escalera de caracol correteando porque creía que se llega antes así que volando con la fantasía.

Fue fácil. Demasiado.

El lazarillo escupió las nueces cuando bajaban por la planta dieciséis, y las suelas hicieron el resto. Fue un alucinaje en pocos segundos. No murió porque cuando por encima de su espalda salió liberado a la calle eterna, el muy terco ni hizo ademán de buscarlo, sino que simplemente y en un do menor resignado le susurró desternillándose: Ojalá yo estuviera en tu lugar;  corre, vuela y no te pares jamás.

Las garrapatas descubren a la piel muerta que el alma no tiene cáscara.

Y sí, savia nueva donde la sangre antes estancada se iba de juerga con los mosquitos y las arañas, y ahora desentierra los huesos quebrados de áquel esqueleto que oxidaba sus recuerdos y la plata de sus diabólicas correrías.

El siguiente paso, fue quitarse el bozal, y cortarse las uñas. Volaba a cuatro patas y el rabo era el timón de su conciencia.

Llámalo perro, llámalo ladrido. Llámate perra, aunque la llamen luna.

Callejero sin calles.

Y la música quieta.

Anda un perro callejero por la única calle que amó en su vida.

Ícaro ©