Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

domingo, 28 de junio de 2015

Inefable


Ícaro



Todo tiene sentido.

Más del que parece, menos del que merece.


Ícaro






Decía Juan Huarte allá por el siglo XVI:

A los ingenios inventivos llaman en lengua toscana... caprichosos, por la semejanza que tienen con la cabra en el andar y el pacer. Ésta jamás huelga por la mano, siempre es amiga de andar a sus solas por los riscos y alturas, y asomarse a grandes profundidades, por donde no sigue vereda alguna ni quiere caminar con compañía. Tal propiedad como ésta se halla en el alma racional cuando tiene un cerebro bien organizado y templado: jamás huelga en ninguna contemplación, todo es andar inquieta buscando sensaciones nuevas que saber y entender.


Ícaro


Ahora en el XXI, la cultura del deseo sigue inconformadamente seduciendo al elogio y la refutación del ingenio.

Tod@s cuando nos leemos procuramos acercanos a esos ojuelos que nos pestañean entre abrazos y cercanía, tod@s esperamos que se desentienda la costumbre y la naturalidad de nuestras vidas, de nuestras relaciones, de nuestros estímulos y aquellos que no nos conocen sepan de nuestra existencia. Y los que por contra, saben que pie calzamos nunca puedan llegan a entender con cual nos apoyamos primero.

Nuestra especie nace tras la pereza de nueve meses fetales. Nace en el amasijo de esa placenta radical que nos salvaguarda a la carencia de lo que umbilicalmente hablando todos sentimos como afecto materno. Todo es mentira. Nos cortan los lazos, el sueño, la oscuridad y nos obligan a ponernos en pie.

Si se pudiera cuestionar la almohada maternal muchos prefirirían no ver la luz, y seguir acurrucados en el vientre de quien le vió nacer.

Pero nos empujan a las fauces, a la voluntad, a la voracidad de empezar a desear antes de incluso abrir los ojos.

Genéticamente esa querencia nos da de mamar, de buscar calor, de llorar buscando consuelo, de gimotear y desvelar el sueño de nuestros progenitores. Y a un llanto, un mimo. A un suspiro, una caricia. A una caída, una mano. A un tropiezo, una respuesta.

Nacemos con el deseo sellando nuestro porvenir.


Ícaro


Nacemos del deseo antiguo de nuestros padres y moriremos deseando que los porqués no hubieran nacido.


Ícaro


Nacemos insaciables, insaciables crecemos e insaciables deseos enterrarán los días que por vivir o malvivir gastemos, disfrutemos o amodorremos.


Ícaro


Nacemos en el deseo de esperanza, pero la esperanza indeseablemente acaba por quitarnos la razón.


Ícaro


A este mundo el deseo, los deseos lo acabará por enterrar, antes que la gran pandemia.... el aburrimiento construya de su enfermedad el remedio que nadie pueda mitigar.


Hugo & Ícaro


Se carece de impulsos y proyectos, y el deseo mengua, percuta y livianamente nos deja llevar por la rutinaria noria de cáscabeles que nunca anuncian que lo que tenga que pasar será peor que lo que no suceda.... se adolece de hambre inquieta, y el conformismo se apiada de las horas, eternas para aquellos que necesitan conmoverse con un olor, con un pequeño gesto, con una brizna, con una luna rota o un sol negro.


Ícaro


Nos inculcan al deseo, nos vacunan de deseos, nos rezan de ellos y precavidamente nos retan a ellos. Nos inmunizan a ellos y a la contradición de asaltarlos, de alcanzarlos, de retarlos. Es una paradójica emulación donde la gula es pecado y la pereza, también. Donde capricho, concupiscencia, escrúpulo, rechazo, ansía, antojo, desidia, sed, anhelo, angustia y vacío; poder, injundia, lástima y tristeza; algarabia y lujuria, llaneza y simplicidad se llenan sus bocas de deseos.... y por ende, nuestra alma de estímulos, de retos, de cangas.....

Vivimos en una época donde del ocio al vicio, del deseo a la fustración no media más que el auténtico y poderoso reto de sabernos adecuar a las circunstancias del desorden. Pretenden ponernos gafas con cristales tintados de lo que desean que veamos, se ensañan con mostrarnos que el camino perfecto es el consumismo de aquello que hará que nuestro tiempo no sea libre, ni legítimo.... sino más bien la diáspora que nos enraice con la solitud, con la soledad de tener que depender de más, más, más y más para poder satisfacer nuestras necesidades "deseablemente" tolerantes..... y no sentir el rechazo general de aquellos que toman la comba con el deseo ajeno.

Nadamos en un mundo repleto de buenas intenciones, majaderas por otra parte, y sino prueba... esta tarde, esta noche, de lo más simple, de aquello prácticamente indeseable como puede ser jugar con la tenacidad y la tentación de controlar todo lo que está bien visto, para rozar pequeños momentos llenos de felicidad, efímera pero jugosa y profunda.


Ícaro


Inventa deseos alcanzables por ti y para los seres que quieres.

Sueña deseos visibles, tangibles... como tocar el aire y espacio que te rodean.

Crea de tus propias necesidades todo aquello que te haga sentir bien sin la obligatoriedad de depender de nada que esté fuera del alcance de lo que nunca dejarías que te dejara solo.

Crea un deseo sincero, pero no dos.

Más vale uno recio y firme, que no un jardín de nubes.

Cuando lo encuentres, compártelo.

Cuando lo sientas, te esperará otro.









Ícaro


Todos los árboles están desnudos

Marc Yankus

Me la encuentro abajo, medio dormida en un sillón, mirando El tercer hombre. Está acurrucada entre sus mara­villosas caderas, unas caderas impresionantes que nunca han dejado de provocarme. Deslizo mi mano por su cin­tura. Ella dice:
—Hola cariño —con una voz nostálgica, de niña pequeña.
Me siento en el brazo del sillón y le acaricio el pelo decolorado.
— ¿Verdad que es una película fantástica? —dice, mien­tras miramos la última escena en blanco y negro en la que Joseph Cotten adelanta a Ingrid Bergman en la larga ca­rretera rural y decide apearse de su Jeep y esperarla.
—Mira cómo caen esas hojas falsas en primer plano —digo. Me sale así—. Todos los árboles están desnudos pero siguen cayendo hojas.
Ella hace un ruido de asentimiento y entonces me siento estúpido por haber roto el clima emocional de la película con un comentario intelectualmente pobre. In­grid Bergman sigue andando hacia la cámara con el mis­mo paso seguro. Tiene un andar genial, lleno de fuerza femenina: alta, erguida e independiente. Joseph Cotten enciende un cigarrillo y espera. Hay algo arrogante en su espera, algo muy masculino. Las hojas siguen cayendo en primer plano, justo delante del objetivo. Empiezo a pen­sar en los factores ocultos en el rodaje de una película. Los tíos del atrezzo subidos en largas escaleras junto a la cáma­ra, dejando caer hojas otoñales para que planeen de mane­ra adecuada. Las máquinas de viento. Alguien controlan­do la brisa. No sé cómo he empezado a pensar en esto. Ya no me siento involucrado en la historia de la película ni empatizo con los personajes. Ella la ha estado viendo desde el principio, durmiéndose y despertándose. Ingrid Bergman se acerca a Joseph Cotten y pasa de largo sin si­quiera mirarle. Ella pasa junto la cámara sin variar el paso y desaparece, dejándole solo con su cigarrillo. La arrogan­cia de él se esfuma. Mira el camino por el que ella se ha alejado. Hay una sensación reconocible de pérdida y ansia en sus ojos, los ojos de un perro de caza que parece que nunca duerme lo suficiente. De repente estoy otra vez dentro de la película sin saber muy bien cómo he sido seducido. Me encuentro justo donde el director quiere que esté. La música de una única cítara me ha cautivado. Creo que las hojas que caen son reales. Sufro un cambio de estado de ánimo y me dejo arrastrar hasta el abis­mo irreconciliable que separa hombres y mujeres. Me siento afortunado por estar aquí con la persona que quie­ro, acariciándole el pelo rubio decolorado. Aparecen los créditos.
—¿Por qué Ingrid Bergman no se detiene cuando ve que él la está esperando? Es obvio que la está esperando —pregunto.
—No era Ingrid Bergman —dice ella.
—¿No lo era? Era igual que ella.
—Bueno, pues no lo era.
—¿Y quién era entonces?
—Alguien que se parece mucho a Ingrid Bergman.
—¿Pero no era ella?
—No.
—¿Estás segura?
—Segurísima.
—Bueno, ¿y por qué no se detiene?
—Le echa la culpa, supongo.
—¿La culpa de qué?
—¿No sabes la historia?
—Hace mucho tiempo que la vi. Creo que fue en los sesenta.
—Le culpa de la muerte de Orson Welles.
—Ah.
—¿Te acuerdas?
—Sí —miento. No me acuerdo de nada excepto de la secuencia de una persecución en las cloacas de París. ¿Era París?
—¿No te acuerdas? Le tienden una trampa. ¿La vacuna?
—Ah, sí —miento otra vez.
—¿Todos aquellos niños que mueren por culpa de la vacuna falsa?
—Sí.
—Bueno, estoy muy cansada. Me voy a la cama. ¿Ce­rrarás tú aquí abajo? —dice.
—Claro —digo yo.
Sale de la habitación, bostezando y estirándose. Aprie­to el mando y la televisión se apaga y se queda negra. Miro el camino por el que se ha alejado. El cielo se ilumi­na con relámpagos intermitentes a través de los grandes ventanales. Puedo ver el río tan claramente como si fuera de día. Se oyen truenos a lo lejos, en el valle. Huele a llu­via y a pescado. Los perros rascan la puerta delantera.

Son cobardes cuando se trata de truenos.
¿Cuánto hace que la besé por primera vez y quién pretendía ser?
















Soy más King Kong que Kate Moss






Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.

Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, que sepan seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. 


Formidable que las haya muy dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes. Francamente, me alegro por todas a las que les convienen las cosas tal y como son. Lo digo sin la menor ironía. Simplemente, yo no formo parte de ellas. Seguramente yo no escribiría lo que escribo si fuera guapa, tan guapa como para cambiar la actitud de todos los hombres con los que me cruzo. Yo hablo como proletaria de la feminidad: desde aquí hablé hasta ahora y desde aquí vuelvo a empezar hoy. Cuando estaba en el paro no sentía vergüenza alguna de ser una paria, sólo rabia. Siento lo mismo como mujer: no siento ninguna vergüenza de no ser una tía buena. Sin embargo, como chica por la que los hombres se interesan poco estoy rabiosa, mientras todos me explican que ni siquiera debería estar ahí. Pero siempre hemos existido. Aunque nunca se habla de nosotras en las novelas de hombres, que sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado. Incluso hoy que las mujeres publican muchas novelas, raramente encontramos personajes femeninos cuyo aspecto físico sea desagradable o mediocre, incapaces de amar a los hombres o de ser amadas. Por el contrario, a las heroínas de la literatura contemporánea les gustan los hombres, los encuentran fácilmente, se acuestan con ellos en dos capítulos, se corren en cuatro líneas y a todas les gusta el sexo. La figura de la pringada de la feminidad me resulta más que simpática: es esencial. Del mismo modo que la figura del perdedor social, económico o político. Prefiero los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. Y porque, en general, el humor y la invención están de nuestro lado. Cuando no se tiene lo que hay que tener para chulearse, se es a menudo más creativo. Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen. Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad.

Así que escribo aquí como mujer incapaz de llamar la atención masculina, de satisfacer el deseo masculino y de contentarme con un lugar en la sombra. Escribo desde aquí, como mujer poco seductora pero ambiciosa, atraída por el dinero que gano yo misma, atraída por el poder de hacer y de rechazar, atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contentarme con la narración que otros me harán de ellas. No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar. Nunca me ha parecido evidente que las chicas seductoras se lo pasen tan bien. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable. 


Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, ésas a las que los hombres no les hacen regalos, ésas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro que no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo, las que están desgastadas, las que no tienen a nadie que las proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse al suelo, las que no saben guardar las apariencias; pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos.

Porque el ideal de la mujer blanca, seductora pero no puta, bien casada pero no a la sombra, que trabaja pero sin demasiado éxito para no aplastar a su hombre, delgada pero no obsesionada con la alimentación, que parece indefinidamente joven pero sin dejarse desfigurar por la cirugía estética, madre.



Virginie Despentes







Virginie Despentes





Con-fábula-cion: Kertész y las hormigax




































André Kertész, Budapest, Hungría, 2 de julio de 1894 - Nueva York, US, 28 de setiembre de 1985, fotógrafo húngaro. Es conocido por sus contribuciones a la composición fotográfica y por sus esfuerzos para establecer y desarrollar el ensayo fotográfico. Durante los primeros años de su carrera, sus trabajos no fueron apreciados debido a sus ángulos poco ortodoxos y a su deseo de conservar un estilo fotográfico personal. Incluso al final de su vida Kertész consideró que no había obtenido el reconocimiento que merecía. Actualmente, es considerado una de las figuras más influyentes del periodismo fotográfico.

La maison en petits cubes (2008)

















Vivien Leigh



















“Yo no soy una estrella, soy una actriz. Ser estrella solamente es igual a tener una vida falsa, al tiempo que adquieres valores falsos. Las actrices permanecemos durante mucho tiempo, y siempre habrá obras maravillosas para crear.”
Vivien, nacio un 5 de Noviembre de 1913 en la India.
Ella es una de esas raras especies de actrices que abundaron en años anteriores y que por causas mágicas, permanecen siempre en nuestra retina. Son seres regados por luz de Dioses, y cuyo resplandor iluminará siempre el firmamento llamado CINE…TEATRO…. Su arte está por encima de sus propias vidas y eso es lo que Viv mantuvo como fiel compañero de viaje, hasta ese 6 de Julio de 1967, donde nos dejó victima de la tuberculosis, abriendo un impagable testamento, que está aún regando todo el planeta tierra con esa versatilidad de heroína, al tiempo que alimenta al desnudo y hambriento espectador.
El camino hasta esa noche histórica en los Estudios de David O. Selznick, donde sus verdes ojos, bañados por el fuego del incendio de Atlanta, cerraron las puertas de una infatigable busca para representar el mítico papel de “Gone with the wind”, estuvo lleno de intervenciones en todo el panorama teatral ingles, con interpretaciones tocadas por un sutil buen hacer, al lado de Laurence Olivier, trasformando en auténticos hitos teatrales….. Pero quizá al margen de sus valiosas aportaciones en la escena, la vida de Viv esta llena de retazos de incalculable interés para todos los aficionados y admiradores de esta actriz, para todos esos que navegan por la Red buscando información sobre su persona está pensado y elaborado este trabajo.
LO QUE DIJO DE ELLA MISMA
* Mi signo del zodiaco es Escorpio, y se alimenta de ascensos y arrebatos en sí mismos. Doy vueltas entre la felicidad y la miseria. Soy mojigata en parte y en parte inconformista. Yo digo lo que pienso y no pretendo y no estoy preparada para aceptar las consecuencias de mis acciones.-
* No puedo permitirme estar sola. Me siento intranquila, tengo que estar haciendo cosas distintas, porque soy una persona impaciente y testaruda.
* Espero tener una cosa que Escarlata O,Hara nunca tuvo.. “sentido del humor”. Quiero algo de alegría fuera de la vida y ella era una cosa que espero yo no ser nunca… “egocéntrica”. Cuando Escarlata quería algo de la vida tramaba como obtenerlo. !era su problema!. Yo meto la cabeza sin pensar. !es mi problema!.-
* Muy a menudo he tropezado contra muros de piedra. Me he levantado y pasado sobre ellos.
* Mi primer marido me enseñó a vivir; Laurence me enseñó a amar, y Jack me enseñó como estar sola.-
* Amaba a mi hija Susan como todas las madres lo hacen, pero con la sana sinceridad de la juventud, me di cuenta de que no podía abandonar todos mis pensamientos hacia una carrera en el teatro. Alguna fuerza en mi interior no podía negar la señal. Le comenté el problema a mi marido y me hizo su advertencia. Era muchos años mayor que yo, un hombre profundamente amable y sensato, con esa extraña cualidad de imaginación que lleva implícita la tolerancia y el desinterés. Decidimos que yo continuara mis estudios en la Real Academia de Arte Dramático. Cogimos una acogedora casa en la calle Little Stanhope y una buena niñera para nuestra hija.
* Deteniéndonos en todas estas frases podemos hacernos una composición de su personalidad. La enorme fuerza que manaba de su interior y su desmedido afán de notoriedad, nos iba a trasportar hacia una de las actrices mas genuinamente disciplinadas y sobresalientes que ha dado el cine y el teatro, marco este último donde cosechó la inmensa mayoría de sus notorios éxitos……. Pero después de toda su labor que ahí está para gloria nuestra, sobresale una difícil mujer, de bello rostro sí, pero tremendamente complicada, como en el fondo somos todos los que respiramos el aire creativo que nos hace elevarnos a veces y caernos otras…..Levantarse en vital, totalmente obligatorio….!el espectáculo continua!……pero no nos damos cuenta de las cosas sutiles, a veces imprecisas, mas o menos materiales que se nos quedan en este nuestro camino de irás y no volverás…….Ella, al igual que otras musas de mi amado corazón, viven pegadas a mi piel, comprenden mi sentimiento, aprueban, lo sé, lo que estoy escribiendo, pero el olor que a veces despedimos los seres humanos cuando nuestro cuerpo suda de forma dolorosa, es tan fuerte que se nos nublan aquellos maravillosos días de vino y rosas……..Voy a intentar sacar lo que sé de mi querida Viv para todos vosotros, pero perdonarme también que para hacerlo, sienta como sufre de dolor a mi lado, al ver su piel sudar también.
* Siempre conservó en su casa de Eaton Square un cuadro de Larry Olivier enmarcado, en esa misma casa donde murió victima de la tuberculosis, en la misma casa donde el matrimonio se amó mas allá de lo inimaginable, y en donde también surgieron los mas duros enfrentamientos de la pareja, siendo testigo una copia exacta de la cama de Scarlet en “Lo que el viento se llevó”, donde ella dormía. Ese lienzo lo mantuvo hasta sus últimos días, y es prueba palpable de su amor hacia el hombre, el que la enseñó el arte de todos los artes, y del que extrajo lo que le haría sentir como cisne moribundo y poseedor de cuello altivo de fragilidad digna de cristal de bohemia.


LO QUE DIJERON DE ELLA
PETER WYNGARDE- “Era una estrella en el verdadero sentido del mundo que esparcía su luz. Daba un increíble respaldo a lo que era el estrellato. Sabia como hacerte compañía. Sabia todo sobre la vida de todos. Si su padre o amante estaba enfermo enviaba flores y se mantenía siempre bien informada. Vivien era visualidad y de Larry aprendió el hacer y la palabra. Tenia tal inteligencia, belleza y estilo que nunca abandonaba la entrada de actores si no era impecablemente vestida. Era siempre divertida y honesta, total y completamente honesta. Era toda una mujer y casi siempre tenia algo de niña”.
JOHN MERIVALE – “Era enormemente eficaz para actuar. Recuerdo que durante “Duel of angls” en Broadway, Peter Wybgarde tuvo un problema con algo y el dijo: “Ve y pregúntale…. ella lo sabe “. Me enseñó tanto su apreciación y su gusto por los colores que, aún hoy en dia, sigo inconsciente sus enseñanzas a rajatabla. Era una maravillosa operadora de sonido, no tenia sentido de la religión, color, credo o clase y al mismo tiempo era extraordinariamente liberal. Me enseñó que yo era divertido, creo que eso era lo que realmente nos mantenía juntos. Le encantaba reír y me pedía que le hiciera reír”.
DAVID DODIMEAD – “Una de las cosas mas asombrosas de Viv era su energía, que es probablemente el secreto de su vida, seguramente el secreto de su forma de actuar. No se puede actuar sin energía, aunque estés interpretando a un hombre lento o un hombre anciano y decrepito. Tienes que tener la energía para sacarlo todo fuera y ella tenia energía desde el momento que se levantaba hasta que se acostaba.”
COLIN CLARK – “Tenia una mente que dejaba a todos atrás. La mayoría de nosotros simplemente guardábamos nuestras mentes en un equipo de cortar diamantes, todo el tiempo. Nos volvemos perezosos, mirábamos el billar en la tv. o en cualquier otro lugar. Sufrimos por ello y hacemos observaciones tontas, abrimos nuestras bocas sin estar seguros de lo que nuestras mentes están guardando. Vivimos toda suerte de trivialidades y necedades que nosotros realmente no solucionamos. Nunca Vivien hizo eso, la mente de Viv era como una perforadora de diamantes y supongo que debía haber reservas en su imaginación de mente depresiva”.
LADY DIANA COOPER – “Las condolencias se envían para confortar, pero no hay conformidad cuando alguien tan exquisito, brillante y único como Vivien se va de tu lado. Creo que los papeles mas difíciles fueron los de su propia vida…. !Pobre pequeña y valiente heroína..!…”
ELIA KAZAN – “Tenia la mas grande determinación de superarse como ninguna actriz que yo jamás haya conocido. Se hubiera arrastrado sobre cristales rotos si ella pensaba que ayudaría a su representación en las escenas del film.”
SALLY ANN HOWES – “Siempre te hacia sentir como la persona mas importante de su vida. A parte de su gran belleza física, se rodeaba de una clase de amigos con los mas exquisitos modales. No se encuentra eso en el teatro de hoy y tampoco lo había entonces.”
OLIVIA DE HAVILLAND- “La recuerdo viniendo hacia mi para saludarme y darme la mano, era la primera vez que nos veíamos y su aire era de frialdad especial contenida, asegurando sus buenas y delicadas maneras. Pensando ahora en aquel momento, evoco toda clase de imágenes: Mercurio: elegancia y compostura, como una pequeña gata siamesa; y el tintineo encantador del viento en una linterna china.
MISS RACHEL KEMPSON -” Algunas de las muchas cosas que yo admiraba de Viv era: el cuidado a sus amigos, el amor por la gente, los cuidados de su jardín, su amor por la pintura, su interés por los libros, su generosidad para con las demás personas que actuaban junto a ella”-.
DAVID NIVEN –” No olvidaré nunca sus arreglos florales, ni tampoco su amor hacia Alex Korda, ni todos aquellos gatos. Su risa, su fabulosa generosidad de corazón y su determinación ante la adversidad.”
TERENCE RATTIGAN – “Aunque de alguna forma parecía triste siempre será recordada como una persona bella y maravillosa por muchos, y puedo asegurar que son millones los que la tenemos presente siempre, pero la mayoría únicamente como…… “aquella muchacha que fue SCARLETT O’HARA”.
SIR RALPH RICHARDSON – “Pudo haber tenido razones para quejarse puesto que yo le traje fuegos artificiales para una fiesta en Vine Cottage… Salieron hacia la parte de atrás y las cortinas se prendieron fuego. En Notley mientras admiraba las viejas pinturas del techo, que es ahora un piso, di un paso atrás y caí del techo al dormitorio. Ella descubrió ambos desastres con un comedimiento considerable.”
TENNESSEE WILLIAMS –” Diría que, como norma general, a los actores no les gustan los autores de teatro, pero por alguna razón, Dios sabe qué, Vivien parecía entenderme y gustarle. ¿Podría ser que se dio cuenta de que yo vivía con nervios que me atormentaban?. ¿ O sería que sabía que yo estaba hechizado por ella?”
LAURENCE OLIVIER – “A parte de su aspecto, que era magistral, poseía una elegante belleza, con un cuello demasiado frágil como para sostener su cabeza. La movía con un sentido de sorpresa y algo de orgullo de experto malabarista, el cual pudiera realizar un truco brillante casi de forma accidental. Tenia también algo mas; una atracción de mujer inquietante y perturbadora que jamás había conocido. Quizás fuera el extraño destello conmovedor de dignidad en el que esclavizaba a la ardiente legión de sus admiradores.”
LAURENCE OLIVIER – “No creí que fuera posible amar a alguien tanto y tan completamente, o que alguien fuera tan maravillosamente abundante y prodigiosa en todo lo que mas me gustaba. Como nos habíamos acostumbrado y llegado a ser firmes en nuestros pensamientos y a tener mas paz en nuestros corazones, nuestra vida juntos había llegado a ser increíblemente bella. Habíamos pasado por terribles dificultades durante dos años….pero realmente creo que nuestro amor lo justifico todo hasta el final.”
La exquisita definición que da de ella su esposo, es realmente conmovedora. Nadie como él para descifrar la personalidad de esta mujer, a la que desde aquí quiero tributar mi mas sincera admiración y respeto. No por admirarla desde hace años, si no por haber creado una forma de hacer, de sentir, de caer dulcemente sobre un escenario y de mantener ese cuello erguido, como decía Olivier, con la dignidad de una autentica diosa. De todas sus interpretaciones a lo largo de su carrera de cine (no muy extensa), sin lugar a dudas sus dos personajes clave son; Escarlata O,Hara y Blanche Dubois, dos mujeres, dos historias, dos personajes clave donde los haya y triunfantes en todo lo amplio de la palabra. Pero lo que sin lugar a dudas mas me ha sorprendido a lo largo de mi vida como cinéfilo es la enorme similitud que hay en ambas mujeres, y en lo absolutista de la composición que de ellos hace Vivien. Son recreaciones magistrales de ambos, y la secuela floreciente que ha seguido a éstos en los años que precedieron y en otras actrices que no tuvieron la enorme fortuna de tener ante sí personajes de tal calidad interpretativa.
CURIOSIDADES
El equipaje de Vivien permaneció con las iniciales “VLO” grabadas incluso después de su divorcio con Laurence Olivier.
Nunca viajaba sin su Rolls Royce. En la placa plateada de su coche se leía “VLO”.
Cuando fue de gira por Australia en 1.961, recibía el “Times” diariamente por avión de modo que pudiera seguir haciendo sus crucigramas y puzzles.
Vivien tenía la costumbre de coleccionar postales de hoteles, papel de escribir y sobres, para mas tarde escribir en ellos cuando hacía tiempo que se había marchado de la ciudad, e incluso del país donde estuviera localizado el hotel. Por ejemplo, los destinatarios podían recibir papel de escritorio de la ciudad de Nueva York con una nota suya, enviada aunque estuviese en Nueva Zelanda.
Enviaba postales de Navidad a sus admiradores. Cinco años después de su divorcio con Laurence Olivier ella dejó de enviarlas. Pero en 1.965, reanudó su envío. Los admiradores recibían una postal y una foto navideña con su nueva casa en TICKERAGE.
No siempre disfrutaba viendo LO QUE EL VIENTO SE LLEVO….se ponía bastante triste:
“Cuando veo la película ….pienso en todas las personas que han muerto: Clark, Leslie, Walter, mi querida Hattie, Víctor, e incluso Margaret Mitchell … la última vez que la ví lloré durante toda la sesión, pero necesito su visión……”
Vivien coleccionaba porcelana china. En Notley, al lado de la cocina, había una pequeña habitación con muchas estanterías, exhibiendo la porcelana que había coleccionado durante sus viajes. La mayoría eran de su color favorito, el blanco.
Es un privilegio para esta web y creo que para el resto de los miles de admiradores de Vivien, insertar el contenido de un mail de Jorge Suarez.
“Tuve oportunidad de ver actuar a Laurence Olivier en Nueva York, en 1960. La obra teatral era “Becket.” Entonces yo era un muchachito que disfrutaba de la bonanza económica de mis padres, amantes del teatro. En 1963 asistí a una representación de “Tovarich,” único musical de Vivien Leigh. Por lo tanto conocí a los dos. Olivier, al momento de pedirle su autógrafo, emanaba “clase.” Fue parco, condescendiente y afable. Vivien era tan bella, que pienso aquello opacaba su talento. Recuerdo que una señoras, sentadas en la butacas de la octava fila, yo estaba en la séptima, quedaron asombrados de su juventud. Vivien bailó un “charleston” que deslumbró a todos quienes tuvimos la suerte de verla. La comedia le deparó un “Tony.” Yo, enamorado como siempre estuve de ella, me acerqué a la taquilla y pedí entrevistarla. Era ya un muchacho de 18 años. No logré la entrevista pero al día siguiente me obsequiaron fotos de la obra. La noche en que la ví, obté por esperar su salida del teatro. Esperé largo tiempo. Era un mes de Abril y Nueva York tenía frío. Mi sueño se convirtió en realidad cuando ella salió. Iba en compañía de (ahora lo sé) John Merivale. Vestía de negro y llevaba un abrigo de piel. En persona era aún más bella. Se la veía tan hermosa que aún la recuerdo… como si esto hubiése acontecido ayer. La sonrisa era tan sincera que me sentí dueño del mundo. Firmó el programa. Merivale miraba la acción con beneplácito. Agradecí su gentileza y ellos, siempre sonriendo y mirándome.. subieron a un carro. En el recuerdo este se ha convertido en limosina. En 1975 viajé a Londres y visité el umbral, la acera de la casa en que Vivien Leigh vivió… la que Usted reproduce en su página. Busqué su retrato en el Museo del Teatro, cercano a Covent Garden. Tenía uno solo. Era una pintura de Vivien como Blanche Dubois. En 1989 fuí invitado a Atlanta para los 50 años del estreno de LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ. Charlé con Evelyn Keyes sobre Vivien Leigh. Me dijo que había sido una persona de fuertes vibraciones, muy profesional y agradable. No quiero seguir, solo añado que Vivien Leigh creo el rumbo de mi vida.”
RESUMEN DE LA CARTA ENVIADA DESPUÉS DE SU FALLECIMIENTO POR “SIR JOHN GIELGUD”
A TODA LA PRENSA, TEATROS Y MEDIOS DE DIFUSIÓN
DE
GRAN BRETAÑA…
“Lo que me parece más remarcable, más allá de lo que en su carrera concernía, era su firme determinación de ser una excelente actriz de teatro. Ella podría haber permanecido apartada en su posición única como estrella. Por supuesto, siempre será recordada como Scarlett O’Hara, como Lady Hamilton y por su maravillosa interpretación de Blanche. Pero estos éxitos cinematográficos no significaban que ella estuviera satisfecha en sus ambiciones, tenía total devoción al teatro, y decidió trabajar allí a través de los años hasta alcanzar las metas que finalmente logró. Se esforzó para afrontar el requerimiento de evolucionar así misma tanto como para encontrar las mayores posibilidades de registro de que fuera capaz. Su matrimonio con Olivier fué una inspiración para sus cualidades, no solamente como devota alumna sino como pareja brillante. Su interpretación en las actuaciones juntos en “Old vic” y “Sratford”, y sus giras alrededor del mundo: Rusia, Australia, Europa y América, lo demuestran firmemente.
Además de los clásicos, ella se deleitaba con cualquier obra moderna que eligiera, cada una de las cuales hacían requerir toda su enorme versatilidad – “The skin of our teeth” – “The sleeping prince” – “Antigone” y más tarde “Duel of Angels”.
Estaba decidida a aumentar su trayectoria en el teatro. Su Lady Macbeth, también mostraba un asombroso poder vocal y una intensidad de sentimientos que desbordaba lo propiamente profesional….. En miles de ocasiones el proyecto de filmar su representación se abandonó, pero yo creo que hubiera sido algo glorioso, algo digno de admiración.
Nunca había pensado llegar a ser íntimo amigo suyo. Mi primer encuentro con ella fue en Oxford en 1.937, cuando ella representaba a la Reina infanta en Ricardo II, con los estudiantes. Yo actuaba en Londres en ese tiempo, y solamente la encontraba cuando yo dirigía los ensayos. El papel no era muy interesante, aunque ella se preocupaba muy mucho de dotarlo con mayor distinción en los diálogos y en los movimientos. Vestía su traje medieval con consumado encanto. Pero nunca volví a saber de ella en esos días.
Pocos años después, durante la guerra, actué con Viv en ” Dr. Dilemma”, cuando otro actor enfermó, y por entonces comenzamos una relación que desembocó en una profunda amistad y afecto. Es para mi una extraordinaria felicidad que durante sus últimos años tuve la alegría de verla muy a menudo y llegar a quererla.
Frecuentemente su salud se resentía y sufría grandes depresiones, pero raramente admitía los hechos y hablaba de ello con otras personas. Su gesto en el rostro de infelicidad personal era palpable y remarcable. Siempre hablaba afectuosamente de aquellos que reconocieron primero su talento y le ayudaron a desarrollar sus valores naturales. Estudiaba y experimentaba continuamente y siempre mostró una buena voluntad y técnica flexible…. Ese fué el resultado de una incesante autocrítica y devoción por su trabajo.
A medida que envejecía adquirió una nueva clase de belleza, sin ninguna necesidad de artificio, no parecía albergar ningún resentimiento de nuevo en competir con actrices más jóvenes. Tuvo siempre un enorme interés en todo: gente, lugares, cambios de moda y amigos de varias clases sociales en Londres….. Hablaba deliciosamente de sus admiradores japoneses, que la escribían cartas con frases encantadoras. En Rusia por ejemplo su película “El puente de Waterloo” está considerada como un clásico.
Sus mágicas cualidades eran únicas. Una gran belleza, una estrella natural, una consumada actriz y una poderosa versatilidad para el teatro. Poseía una cualidad que le permitía poder intercalar desde la comedia en “Skin or our teeth” a las agonías de Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo”, y las exigencias prioritarias de Lady Macbeth, incluso en Titius Andronicus, cuando únicamente tenía unas pocas escenas cortas, ella contribuyó a los más bellos efectos pictóricos. Quién puede olvidar la macabra elegancia con que dirigió al personal con sus codos para escribir en la arena, una embelesada víctima a través del teatro con su traje largo gris.
Nosotros los que la amábamos debemos siempre estar felices por conocerla y trabajar con ella, agradeciendo todo lo que dió al mundo, tan generosa y galantemente.
Ahora alardea “Muerte”, con tus mentiras.
Una mujer incomparable.
La única hija que tuvo, Suzzane Farrington es un tanto reticente a la hora de hablar de su madre, no le gusta mucho que le pregunten mucho por ella. En principio, Suzzane a diferencia de su padre, nunca mantuvo una tenía buena relación con Laurence Olivier ya que según su criterio arruinó la vida de su madre y con Tarquin, el hijo de Olivier no existió relación. Suzzane tuvo muchos disgustos con su madre por el distanciamiento que se produjo los primeros años de su vida, solo un acontecimiento: el nacimiento del nieto de Vivien pudo al fin limar las asperezas…..Según mis informaciones, hasta el mismo día de hoy, Suzzane le duele enormemente no haber mantenido una relación mas fluida con su madre, haber estado unida a ella, estar mas cerca. Siempre recuerda cosas características de Vivien, las recuerda con amor, cariño, como su forma de sentarse en una silla, lo hacia siempre con una perfecta y absoluta elegancia, también el perfume que usaba de Jean patou, siempre dice que cuando su madre se retiraba todo quedaba impregnado con aquel olor durante horas. También dice que su madre tomaba grandes cantidades de alcohol, pero que jamás la vió embriagada, sabia perfectamente el límite en este aspecto, y lo realmente triste era que no encontrase esa misma formula para otros problemas que tuvo en la vida.
Vivien hasta el último día, guardaba una foto de Laurence Olivier junto a sus cartas en su mesa de luz. Según Olivia de Havilland, Vivien amó a Larry hasta el día de su muerte. Ella siempre se hizo llamar Mrs. Olivier o Lady Olivier, aunque no le agradaba usar mucho este último.
Una de las cosas que contó Olivia de Havilland era que Vivien y Laurence cuando ambos vivian en su casa de Notly, tenían toda clase de animales, ella amaba a los animales y tenía desde pavos reales hasta vacas. A cada una de ellos los bautizaba. Cada una de las vacas les puso nombres de los personajes que ella había interpretado: Blanche, Myra, Karen, Emma, pero a ninguna le puso Scarlett. Vivien terminó odiando el estigma de Scarlett, cosa que le pasa aún a Olivia De Havilland con Melanie. Vivien se sentía más actriz de teatro que de cine.
Cuenta tambien Olivia que Vivien una vez representando “Antonio y Cleopatra”, al salir del teatro el público que la aguardaba con el fín de conseguir un autógrafo le gritaban…… “Scarlett!” Siempre se la unió a Vivien con Scarlett y ella pensaba y estoy totalmente de acuerdo con ella, en que era mucho más que Scarlett.
La actuación de Vivien Leigh como Scarlett es PERFECTA, hay pocas, casi incontables actuaciones PERFECTAS, sin lugar a dudas Blanche en ” Un Tranvía Llamado Deseo” Fué su otra actuación Perfecta.
Vivien era muy querida por casi todas las personas relacionadas al espectáculo. Una vez solo tuvo una mala relación y fue con Bette Davis.Un día Bette le mandó un telegrama a Vivien ofreciéndole que trabaje con ella en una película, pero Viv no aceptó.
Vivien tenía adoración por Winston Churchill, ambos sentimientos eran mutuos… Un día Winston Churchill le regaló un cuadro, ella en cada gira que hacía, o cualquier lugar donde viajase o estuviera un período largo de tiempo, lo llevaba con ella.
Lo único que Olivia dijo con respecto a la muerte de Vivien, fué:
“al fín”……
Suzzane y todo el círculo de amigos sabían del tormento que tenía que pasar a diario producto de su depresión. Suzzane recuerda las terapias de shock, las quemaduras en las sienes producto de ellas, y la terrible humillación y vergüenza que pasaba luego al salir de sus ataques y tomar conocimiento de las cosas que había hecho. Es por esto que se sintieron de alguna forma aliviados, para su hija y sus amigos fué un descanso, ya que su madre tendría paz.
Cabe destacar que en los años sesenta la Depresión Maníaca no era muy tratada, ni siquiera existía el Litio, (medicación que seguramente la hubiera ayudado muchísimo). Una vez Vivien le hizo a su hija el siguiente comentario:
“Ojalá tuviera cáncer y no estar loca”
Vivien creía estar loca y a veces deseaba tener cualquier otra enfermedad física a una psíquica.
Jack Marrivale, la encontró tirada en el piso de su cuarto, era evidente que se dirigía al baño y murió en el camino, llamó por teléfono a Olivier quién se dirigió de inmediato a la casa de Vivien. Cuenta Suzzane que en la mesa de luz dónde Vivien guardaba las cartas de Larry, estaban todas fuera de sus sobres, desordenadas….. incluso algunas en el piso. Parecía que Vivien había estado leyéndolas todas durante la noche.
Laurence llamó por teléfono a Suzzane y ambos discutieron. Suzzane no comentó nunca el motivo de la discusión.
Vivien Leigh murió de tuberculosis, sin embargo Suzzane siempre ha sostenido que su madre se suicidó en forma indirecta…. La tuberculosis que padecía Vivien fué detectada hacía años atrás de su muerte. Nunca se la curó del todo, solo tomaba la medicación cuando se sentía mal, luego fumaba mucho, bebía muchísimo alcohol y jamás se cuidaba del clima. Por eso es por lo que Suzzane asegura que su madre se suicidó sin darse cuenta que lo hacía.
Aparentemente nunca se recuperó de la separación de Larry y eso es lo que la destruyó.
Vivien sufría muchísimo por el matrimonio de Olivier con Joan Plowright, una noche Vivien y Laurence se iban a encontrar en el restaurante de un hotel en Londres a fín de establecer el acuerdo del divorcio. Vivien llegó al encuentro a la hora señalada y luego de esperar por casi más de una hora llega del brazo Laurence con Joan Plowright. Vivien confesó a Olivia De Havilland:
“Vino con su novia a discutir el trámite de nuestro divorcio”
A Vivien le dolió muchísimo esto y se negó a hacer una escena en público, pero aquel recuerdo le quedó siempre.
Un día llamó por teléfono a Olivia de Havilland y le djo:
“Larry se irá a casar con ella, y no me molesta que sea más jóven que yo, lo que me molesta es que es sucia”
Olivia al escuchar esta frase, lanzó una carcajada que duró por varios días.