Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

martes, 28 de abril de 2015

Azul... ¿Otra hormiga negra....?...

       








Hangover. El aguacate desnudo...

Rehogado de una pizca de sal y un chorretón de aceite puro de la cooperativa de Castellò.. sobre la tostada de las siete.

Lino, sésamo y chia. Semillas. Un pastel de explosiva generosidad... nutritiva, sana. Mente... in corpore.

Compartido bocatto di cardinale.

Hangover de los sentidos. Diox.


Pablo Picasso. La espera (Margot), Museo Picasso, Barcelona, 1901.










Al Amparo de tu mirada, Minnesota dream.

Thief river falls.

Y mientras las matrioskas deshuevan la incerteza que esconden los primeros brotes del semillar. Nos zampamos aquellos yogures que caducaban en navidades.

Fermentados. Bacterias satén. Como un huevo pocho, estrellándose en el paladar del fuego lento.

Sí, es un sabor conocido, quizás antiguo, casi olvidado... pero enseguida la memoria de la dermis nos recuerda como se estremece lo bien uncido.

Lo bien sembrado, enseguida crece.






                                                            ...."Tutututututututututututututututututu.."
"But you know you get it up, you gotta get that number.".... 








El hoyuelo de la leonina madrugá despereza la leche de arroz.

Se cuajan los ósculos.

Few hours.... tan few que la hormiga azul... voladora... ilustra la vida sencilla...  esa pequeñez tan enorme que hace que cada segundo se convierta en un reino y cada milímetro en un paraíso.

Llegarán las lluvias. Y con ellas, los charcos... el chapoteo. La danza descalza.

Pero el férreo madero entroncado en la certeza será asta... hasta....

Sin bandera, ni consorte. Sin aro, ni sorbo a la Dr. Pepper cherry....

¿Un vaso de agua?

...y hangover balsámica.

El museo de cojines y Margot desespera...

...béndita hora en la que se cruzaron las líneas de las manos y las largas del iris.

Azul... siempre hay otra hormiga negra.

Y unos ojos dulces en el hormiguero de la vida.










Portada del libro de Rafael R. Valcárcel, ilustraciones de Eugenia Nobati





Overwhelming.... Cucharita Suite



Ícaro



                                         






Love seeds...




Lino

Desnuda y victoriosa, da de comer
a los animales salvajes.

Ellos lamen sus muslos, le gastan
el sexo dulcemente, se alimentan
de esas aguas más profundas.

Al amanecer, ella cierra sus
sus piernas. Los animales gimen
al principio, rugen luego,
la despedazan con sus garras.

La bella indiferente dice: ¡hasta
mañana! y duerme.

Los animales protegen sus
despojos.





Sésamo

En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
el deseo es rey.


Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.






Chia

La nostalgia es la cita azul con el pasado
y una forma del sueño.


Esa corriente oculta y silenciosa
que se opone al olvido con decoro.


Es el domingo triste del recuerdo.
y la suave saudade de lo que un claro día
fue tocante, entrañable.


De lo que hubo hondo y bello
entre tantas cosas...


No sólo es el pasado,
tiene intención de futuro.


Adivina, espera
aquello que mañana no afeará la vida.













Ícaro


....love seeds.


Lo que no se puede desunir es lo que nos habrá de separar. Éramos cuatro.


Cuatro, y agua. Sal.



Y quedaremos, quedamos sólo dos.



He rozado tu mirada mojada.



Tus pies descalzos y secos, desnudos de ostentosos pasos y enjutos en huella eterna.



Me has contado chistes con tirabuzones.



Y penas sin lágrimas.



Soy feliz. Porque eres y estás.



Y la grieta de la pared no era un sueño.... es un puente, un charco, una nube, un vahido, un lamento, un gemido, un después, un ayer que esconden mil letras y un mañana. Un trazo.



Me pones siempre un vaso de agua en el aire.



Y un espejo sin corsé.



La gran broma final, es Cucharita Suite.



Ya no me pregunto.



Todo tiene sentido en el cuenco de tus besos.



La gran historia es nuestro barro. Agua y sal. 



Y escuece y duele, pero crece inexorablemente.



Es cierto, el lenguaje instintivo es lo único sincero que se entiende.



El papel sin doblez, las palabras sin necesidad, las letras sin cuentas pendientas, los silencios dialogantes.



Seguiré rozando tu mirada mojada y sonreiré, siempre sonreiré cuando siga creyendo lo mojado que está el suelo... Silbará el recuerdo.



El alma perdida nos suda los latidos. En las afueras... el escepticismo es diezmo, un puro y puto diezmo. 


¿Y el vacío....?






Love seeds.





Roma, città aperta al Neorrealismo



"Morir bien es fácil, lo realmente difícil es vivir bien...."





Mi querida y admirada Pina. Anna Magnani, escena Roma, ciudad abierta.

















 http://rossellini.blogspot.com.es/





De Sicca, Fellini y Rossellini. Rodaje Il Generalle della Rovere (








http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=121328
Roberto Rossellini - Programas - Canal Encuentro














!Francesco...! ... !Francesco...! ...


Los amantes


« Detesto mi pasado y el de otros. Detesto la resignación, la paciencia, el heroísmo profesional y los sentimientos obligatoriamente bonitos. También detesto las artes decorativas, el folclore, los anuncios, las voces comunicando anuncios, el aerodinamismo, los boy-scouts, el olor a naftalina, los acontecimientos del momento y la gente borracha. »




René Magritte (1898 – 1967)
1928
Óleo sobre lienzo, 54,2 x 73 cm.
Colección privada, Bruselas, Bélgica.





« El problema de los zapatos demuestra cómo lo más primitivo pasa a aceptarse a base del hábito. »









Dos personas protagonizan este bello lienzo. Sus identidades están ocultas tras dos velos húmedos que les tapan la cara. Sabemos que son un hombre y una mujer por sus vestimentas y suponemos que son pareja porque se están besando. Poco nos ayuda el fondo a concretar la escena. Están bajo techo, se ve parte del mismo y de la escayola que lo adorna, pero el hecho que una pared sea granate y el fondo azul cielo, hace plantearse si es otra pared pintada de diferente color o si simplemente están bajo techumbre pero abiertos al exterior.

El pintor belga René Magritte, padre de Los Amantes, logra llamar la atención del público por las telas húmedas cubriendo los rostros de los protagonistas y por los colores duros del lienzo. Hay un predominio del granate, azul y negro, destacando el blanco por encima de  todos para subrayar el efecto mojado de las telas que los cubren.
Su primer contacto con la pintura lo tuvo a los once años, momento en el que comenzó sus clases de dibujo. 

Sus primeras obras siguen una línea impresionista y su trabajo pasó por influencias del cubismo, orfismo, futurismo y purismo, sin olvidarnos del llamado realismo mágico, antes de aterrizar en el surrealismo, movimiento de Magritte por excelencia. Con su pincel intenta plasmar una realidad diferente, algo que sorprenda al espectador.

Magritte tituló Los Amantes a dos obras diferentes, en las que aparecen los mismos protagonistas y con las mismas ropas. Pero, siempre hay un pero, los dos trabajos difieren por dos razones: el fondo, pasamos de paredes y techo a un fondo natural con árboles y campo de fondo, y la acción, aquí no se besan sino que ambos miran al frente con los rostros uno junto al otro.
.
René Magritte pintó Los Amantes en 1928, dieciséis años después de que su madre se suicidase tirándose al río Sambre. Parece que no, pero esta información es muy importante para entender el significado del cuadro.

Magritte tituló a su obra Los Amantes y los retrató besándose sí, de esto no hay ninguna duda, pero como no es oro todo lo que reluce, no todos los amantes se aman ni todos los besos simbolizan amor.

Muchas teorías han rondado esta obra a lo largo de los años: amor secreto, dos desconocidos que se gustan sin verse ni olerse, enamorados que tienen que esconderse de la sociedad..y otras tropecientas historias más. Pero ninguna se acerca ni lo más mínimo a las intenciones que tenía el pintor belga al retratar a dos personas con una tela húmeda besándose.

René Magritte siempre tuvo grabado en sus retinas el momento en el que sacaron el cadáver de su madre del río, con la camisa húmeda cubriéndole el rostro. De ahí los trapos húmedos entre los rostros de los amantes de su obra. 

Simplemente es el recuerdo que tiene un adolescente Magritte de cómo terminó el suicidio de su madre en el Samble.
Un beso de amor es el sabor de la persona besada, el olor y, como no, el contacto de las lenguas o simplemente de los labios. 

El trapo húmedo de Magritte destruye cualquier idea de beso al prohibir a los protagonistas de sensaciones.


1928
Óleo sobre lienzo, 54,2 x 73 cm.
Colección privada.




« Todo lo que vemos esconde otra cosa, siempre queremos ver lo que está escondido detrás de lo que vemos. La mente ama lo desconocido. Le encanta crear imágenes cuyo significado desconoce...  No debemos temer a la luz del día sólo porque casi siempre se ilumina un mundo miserable.... »



Rashomon (1950)



Escena Rashomon






     Full Movie [1950 BW Subts: English-Français-Castellano]





Recuerda que el film es en V.O., y puedes elegir en "Configuración, la reduecita" el idioma de los subtítulos: castellano, francés o inglés.









sábado, 18 de abril de 2015

La fugitiva

Edmondo Senatore




Sosteniéndose con pinzas.

Sus hombros caídos. Su espalda cheposa, cansada. Encorvada al acantilado de la pecera del baño. Dónde se lava las manos, frota, rasca, hurga y el jabón espumea cual boca febril... el agua zigzaguea en círculos que acaban por corretear donde sólo las gotas quieren llegar o ella permite sembrar... la vista nublada, perdida en su propio jugo de caracol, juegos de madrugada. Escupitea haciendo puntería sobre la única que ya demora su huida.

Sus piernas, hormiguean. Redobla las rodillas. Las manos, telarañas. La fugitiva, muda. Olvidada. Perdida en su propia caverna.

Todo bien mojado. Incluso los poros que del mador construyen pantanos de sudor... de ese frío que estremece y tirita cual tango agónico al fornicio del alba. Danubia no se deja encontrar.

Un simple tul alrededor de su cintura. Le gusta dormir semidesnuda.

Desnuda y sola, se riza.

Vestida y acompañada, se distrae.

Y cuando se levanta, el tul cubre su ombligo pequeño pero profundo en forma de trébol capado para crepar el vínculo del desasosiego.

Danubia, se peina las cejas, las estiliza como si quisiera alargar el párpado de su visión panorámica. Pero siempre hay un fin de sinfines. Un muro invisible pero palpable.

Los dedos hoy están flojos. Cansinos. Resabiados. Con surcos carnales ante tamaña humedad.

Un hilo percutor.








Galvanizando acordes profusos... arpegios rítmicos. Su bosque de lenguas, en do mayor. In crescendo. La rama rota, quebrada.

Danubia, creía que ante el espejo de porcelana mellada renace el síncope y la adrenalina efervescente, imperial le cosquilleaba el vientre. Creía que esa mañana volvería a encontrar la huidiza, la fugitiva... Y ante el espejo, las sombras juegan malas pasadas. Despistan. Enturbian, realzan lo creído y desmontan lo concebido.

Ojeras hondas, como cuevas en la gruta de un acantilado. Negras, roídas por el espanto de fornicar agua salvaje ante la piedra de su nuez.

Un cascabel a lo lejos. En el cuarto oscuro. Dónde los baúles proclives al alcanfor y las arrugas moldean vestigios. Donde doblados los sueños y las formas pierden sentido. Allí juega Craso con una cucharilla de plata sucia. Se entremezclan tintineos y serpenteos. Arrastras el felino le trae la cucharilla al baño.

La sombra ahora engorda la duda.

Danubia, se corta las puntas.

Empieza por ellas y acaba en las raíces. Capada de volumen y castrada de mimbres... para moldear y ondular su huida mejor urdida.

Craso, juega con los copos de sus cabellos que desde el precipicio de su testa, como gotas densas nievan la oscuridad. Mullido, bailotea sobre ese cojín de cabellos.

La escena es funambulista de miedos. Equilibrista sobre un cruce que tenía que llegar por propia inercia.

Una burlesca mueca de sinsentidos.

Un ropaje vago. Alrededor de la cámara lenta de sus movimientos. El desliz de un trasquilón...

Craso, felino, se encarama junto a ella. A su izquierda observa como Danubia, se queda sin puntas, sin raíces. Sin lágrimas, ni luces.

No la reconoce.

Ni siquiera por ese olor matutino característico...  ese perfume simpar. La fugitiva, esplendorosa.

La pituitaria despistada, confundida.

Suena el despertador.

Siempre suena antes que esa melodía de Etta.

I just want to make love to you.

Craso, ronronea. No hay mimos, ni roces. Ni susurros, ni canturreos.

Y Danubia le mira los bigotes. No quiere verle los ojos...

La sonrisa con agujetas.

Las pestañas encoladas.

La última gota con la primera lágrima...

La fugitiva, huida de su preciosa boca. Los labios sellados.

Y no aparece ni el más primitivo de los lamentos, de los quejidos.

Nada.

Danubia intenta que la fugitiva vuelva a su cielo, a sus cuerdas.... pero no recuerda como se dice silencio.

No quiere, ni puede volver a aprender.

No tiene fuerza para entender que su huida es la voz en su corazón.

Craso, se tumba sobre la jarapa. Rasga las varillas.

Y ella apaga la minucia...

At last. 

Danubia deja caer el tul. Y la fugitiva comienza a vestirse desde sus adentros.

Quizás mañana antes que llegué a sonar el despertador silbará el ritmo de su melodía favorita o se inventará la letra de otra vieja canción...

El espejo volverá a darle los buenos días.

Y Danubia volverá a encontrarse ante la puerta de la fugitiva y el reflejo de lo inolvidable.

Plum nuts.













El mendigo*


 
Escena 21 gramos






¿Podrías darme una pequeña parte de ti? Sólo estoy pidiendo la parte más diminuta, sólo lo bastante para desplazarme de aquí a allí.

Podrías darme algo, cualquier cosa, aceptaré lo que sea. ¿Podrías poner tu mano en mi cabeza? ¿Podrías rozarme el brazo? ¿Podrías acercarte lo bastante para que yo pudiera sentir que fueras a abrazarme? ¿Podrías tocarme con tu voz? ¿Soplar tu aliento en mi dirección? ¿Te importa que te mire a la cara? ¿Te importa que camine detrás de ti? ¿Me dejarías seguirte a distancia? Si tuviera algo de valor te lo daría. Si hay algo de mí que quieras, tómalo. Pero no pienses que soy de esta manera con todos. Casi nunca soy así. De hecho, normalmente es al revés. Hay muchas personas que les encantaría tener una conversación conmigo, incluso hay quienes me preguntan si pueden caminar detrás de mí. Así que no pienses que estoy completamente solo, porque no lo estoy. De hecho, eres tú quien podría usar un poco de compañía. ¿Cómo has podido pensar que tienes algo que darme? Tengo todo lo que necesito, y lo que no tengo, sé donde conseguirlo, cuando yo quiera, en el medio de la noche, en medio de la tarde, a las cinco de la mañana. De hecho, ahora mismo, estoy perdiendo mi tiempo, simplemente hablando contigo.


El mendigo. Sam Sephard  *





* [El volumen, la entonación y el uno y/o el otro del monólogo o diálogo que cada uno lo adeqúe a su estado de ánimo, su forma de ser, su humildad o su soberbia. Su implicación o desidia.

También se puede leer en tercera persona, tan aséptico  y distante que podemos  sentir el qué y el cómo ya no nos toca, pero nos culpió o acechará.

Es un párrafo genial de Sam Sephard que depende la temporada se lee y siente de una manera....o de otra.... Al gusto. O sin él.] 







Art Kane, siempre llegaba antes para eternizar



"Look", Art Kane, 1965




Frank Zappa Mothers of Invention, Art Kane, 1968



Aretha Franklin, Art Kane







Great Day in Harlem, 1958. Art Kane














The Who "Life" 1968, Art Kane

1962. Art Kane







Rolling Stones, 1966. Art Kane




Second of two Art Kane portraits of Cream on a railroad track in the U.S, part of his Life Magazine piece The New Rock from 1968.





  




Art Kane, Men’s Trousers by Basile. 1981



No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263











El ojo mágico de Art Kane







  • A casi 20 años de su suicidio, una exposición y un libro recuerdan a Art Kane, un fotógrafo inflexible que quería ser ‘el propietario’ de la imagen de las estrellas.
  • El estadounidense, que llegó a las fotos por casualidad, hizo retratos personales e inolvidables de Joplin, Dylan, los Who, Zappa, Warhol, los Doors, los Rolling Stones…
  • Trabajaba sin ayudantes, sin producción y sin planteamiento previo. No creía en los convencionalismos e 'inventaba’ las fotos sobre la marcha.


No le importaba el modelo la cámara —“cuanto más pequeña, mejor”—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje… No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla… De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados.
Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás.
“Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca…”. Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que “soñar las fotos”, decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas.
Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores].
Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes.

Director gráfico de la primera revista para 'teens’

Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas.
Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper’s Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon.

Los mejores sesenta 'jazzmen’, juntos en la calle

En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie
Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista].

Los Who, 'garrulillos de Dickens’

A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle (“eran como personajes de Dickens, unos garrulillos”), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo…
Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—…
“No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro”, afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un “ejemplo de innovación”. Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.


José Ángel González
www.oracionessucias.tumblr.com


















No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263
No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263
No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263

Billie Holiday, mito y leyenda

Billie Holiday performs at the Downbeat club on 52nd Street in New York, 1947. William Gottlieb/Redferns




Un siglo del nacimiento de la voz dolida del jazz.

Su conmemoración sirve para reivindicar sus aportes creativos.

Su eternidad.












Cuenta John Hammond, su descubridor, que la joven Billie Holiday era una mujerona: en 1933 “pesaba casi cien kilos y era increíblemente hermosa”. En 1959, cuando falleció, con 44 años, había quedado reducida a una ruina, “una pequeña y grotesca caricatura de sí misma”, según un periodista del New York Times.
En esos 25 años, Billie patinó y fue atropellada por la vida. Lo contó en su autobiografía, Lady sings the blues, a la que la editorial Tusquets añadió una apostilla prudente: Fábula. Efectivamente, Billie era una gran fabulista y sabía que necesitaba dar pena, a fin de recuperar la ansiada tarjeta para actuar en los clubes neoyorquinos (su retirada era el castigo más doloroso para los jazzmen atrapados con drogas).

Billie Holiday, en 1956, posa frente al edificio donde fue prostituta a los 15 años. / Reuters / moneta sleet jr




Su amanuense, William Dufty, tenía claro su objetivo: un libro explosivo. Y lo logró, aunque la editorial metió tijera, por miedo a las demandas de personajes como Orson Welles o Tallulah Bankhead. Esa Billie trágica de Lady sings the blues, edulcorada por Hollywood en la película homónima, es la que ha permanecido.

Insatisfecha con ese retrato, una fan llamada Linda Kuehl inició en los sesenta el trabajo de base para una biografía rigurosa. Realizó unas 150 entrevistas a quienes convivieron con ella: músicos, amantes, novios, agentes de narcóticos, aficionados. El resultado era menos romántico que el libro de Dufty: educada en las leyes de la prostitución, Billie asumía que debía pagar por amor al chulo de turno. Era una yonqui atípica: después de grandes festines, aguantaba largas temporadas de abstención.







Por la crudeza de la narración o por la carencia de experiencia profesional de Linda Kuehl, su proyecto de libro fue rechazado; al poco, se suicidó. Años después, la escritora Julia Blackburn descubrió su archivo y comprobó que aquello era oro puro: entrevistadora persistente, Kuehl consiguió que se sincerasen hasta los tipos que desempeñaron papeles más miserables en el hundimiento de Holiday. Blackburn recuperó el material para un libro coral, aquí traducido como Con Billie (Global Rhythm, 2006).

Con todo, la verdad está en los discos. Nacida el 7 de abril de 1915, en Filadelfia (Pennsylvania), Eleanora Fagan era una criatura de ciudad. Se educó musicalmente escuchando a Louis Armstrong, Bessie Smith o Ethel Waters, artistas que —curioso— también sufrieron infancias miserables. Quizás la principal señal distintiva resida en que Elenora estuvo internada en instituciones católicas. Lejos de los éxtasis emocionales de las iglesias baptistas, interiorizó la moderación expresiva y la dicción nítida. Por lo menos, frente al micrófono.

Era menor cuando se rebautizó: el nombre venía de una actriz, Billie Dove; el apellido, de su supuesto padre, el guitarrista Clarence Holiday. Fue afortunada: pilló el final del llamado renacimiento de Harlem, sembrado de locales donde los músicos improvisaban y acogían a novatos. Su estilo ya estaba formado cuando coincidió con John Hammond.






En una época donde las vocalistas eran conocidas como “canarios” y estaban subordinadas al lucimiento colectivo de las orquestas, Billie funcionaba como una instrumentista: era una jazzwoman. Su sonido, insistía, se parecía al de la trompeta de Armstrong o el saxo de Lester Young. Fraseaba como ellos y se permitía iguales libertades con la melodía y el ritmo. De ahí que muchos consideren el pináculo de su carrera las grabaciones hechas con el pianista Teddy Wilson y su Orquesta (en total, ocho músicos) durante la segunda mitad de los años treinta.

Billie prefería las formaciones pequeñas: sus experiencias con las big bands de Count Basie y Artie Shaw resultaron infelices, por su temperamento y por las indignidades de la segregación racial. Decidió que debía usar los recursos actorales: siempre soñó con hacer cine. Los aplicó cuando grabó Strange fruit en 1939, descarnada denuncia de los linchamientos de negros en los estados sureños. Y los acentuó tras conocer a Mabel Mercer, artista británica que recitaba más que cantaba.

En los años cuarenta, Billie entró en un bucle: su imagen de Mujer Atormentada dictaba el tono de sus grabaciones, que reforzaban el estereotipo de la solitaria, la incomprendida, la maltratada. Eso se tradujo en interpretaciones ralentizadas, donde exprimía el contenido emocional de las letras. Parecía vulnerable, el poeta Philip Larkin, tradicionalista en cuestiones de jazz, describió sus discos como “calcinados y abrasadores”.




Podía haber seguido repitiendo la fórmula y nadie rechistaría. Sin embargo, en la neblina de su caos, intuía que su creatividad todavía no se había agotado. Fichó con el promotor Norman Granz, que supo sacarla de su letargo, enfrentándola con material fresco y juntándola con solistas de primera. En el estudio, podía entrar tarde, con una afinación insegura, consciente de sus recursos deteriorados. Pero en segundos se recuperaba y volvía a surgir la magia, ese metal doliente que ahora imitan cantantes de mucha técnica y, ay, pocas vivencias.




Billie Holiday photographed by Carl Van Vechten in 1949





Discografía selecta

Billie Holiday (cuyo nombre real era Eleanora Fagan) nació el 7 de abril de 1915 en Philadelphia. En 1930 debutó en los clubs de Harlem y fue descubierta por John Hammond. Con su nombre artístico, un homenaje a la actriz Billie Dove, la cantante se convirtió en una de las estrellas del jazz, hasta su muerte en 1959. A lo largo de su carrera dejó varios algunos álbumes clave para el género. A continuación, una selección:
  • Billie Holiday Sings (1952).
  • An Evening with Billie Holiday (1952).
  • Billie Holiday (1954).
  • Stay with Me (1955).
  • Music for Torching (1955).
  • Velvet Mood (1956).
  • Lady Sings the Blues (1956).
  • Body and Soul (1957).
  • Songs for Distingué Lovers (1957).
  • All or Nothing at All (1958).
  •  Lady in Satin (1958).
  • Last Recordings (1959).




 http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/06/actualidad/1428342924_144677.html