Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Cuando comprendo tu mirada escucho tu verdadera voz

Ana Rubio

A & H


Ícaro





Ícaro
Ícaro

Ana Rubio
Ícaro













No habrá paz sin verdad,
ni amor sin nobleza.
Y ahí andamos, descalzos....
Caminando cada despertar 
que nos vuelve a nacer
para abrazar la sonrisa
del alma.

La paz jamás será perfume,
nosotros somos el aroma
de todos aquellos
que a nuestro alrededor perciben
el sabor de la quietud,
la fragancia de la armonía,
la esencia de la vida.

Que el azuluz se empape de vida, de sonrisas.
La dicha, descalza.
Siempre descalza.








"..con el viento soplando a través de su pelo de caramelo..."



Lo poco que tengo es tan poco que me hace feliz

A mi no me importa
que alguien me llore,
cuando me llegue la muerte.

Lo que necesito
es que alguien me ría
mientras me llega la vida.


Gloria Fuertes




Ícaro




Lo poco que tengo

Yo tengo una guitarra vieja 
preñada con esta canción 
amigos que nunca aconsejan 
y un beso a mi disposición 

Lo que tengo es tan poco 
que vale un millón 

Yo tengo el aire que respiro 
y el mar to'ito para mi 
amores viejos y suspiros 
y si alguien dice no, yo si 

Yo poco que tengo es tan poco 
que es también pa' ti 

Las huellas de tus pies descalzos 
el humo de la cafetera 
tres cuadros surrealistas falsos 
tu risa que trae primavera 
aun que el tiempo este fatal 

Lo poco que tengo es tan poco 
pero es esencial 

Tengo un aguacero para mi verano 
y una ola para surfear 
una sombra que me sigue a donde voy 
y dos pies pa' caminar 

Lo poco que tengo es tan poco 
que hay pa' regalar 

Tengo la noticia de que no es noticia 
de que no me importa nada 
aprendí a graduarme en todo de aprendiz 
y no imploro agua pasada 

Lo poco que tengo es tan poco 
que me hace feliz 

Que lejos esta la fortuna 
de lo que venden en la tele 
si es gratis ir a ver la luna 
que no se queje al que le duele 

Lo poco que tengo es tan poco 
que no hay quien me ordene 

Tengo un reloj entre las nubes 
un sueño que se va de fiesta 
tus pechos como dos querubes 
la tarde para hacer la siesta 
aun que el mundo esta al revés 

Lo poco que tengo es tan poco 
que garante es 

Tengo un aguacero para mi verano 
y una ola para surfear 
una sombra que me sigue a donde voy 
y dos pies pa' caminar 

Lo poco que tengo es tan poco 
que hay pa' regalar 

Tengo la noticia de que no es noticia 
de que no me importa nada 
aprendí a graduarme en todo de aprendiz 
y no imploro agua pasada 

Lo poco que tengo es tan poco 
que me hace feliz







Vértigo: Quiero olvidarla



Quiero olvidarla:


Loado sea Herrmann, que envuelve en atmósfera convulsa lo que contemplamos,
como por ejemplo a Kim Novak aparecer por primera vez, 
dulce, tersa... espalda de seda y pan;
aparecer, caminar y detenerse para dibujar su perfil contra el fondo rojo.
Nosotros, nuestro corazón, se detiene como el de Scottie,
el detective propenso al vértigo,
detenido o a ritmo sumamente cadente... sinuosa lentitud..
mientras sigue al Jaguar verde de la mujer platino
en las encrucijadas pendientes de San Francisco, una tras otra y otra,
en espiral, laberinto del Minotauro de hojalata...
como la espiral del peinado y la de los títulos de Saul Bass,
hipnótica, mareante.
Kim-Madeleine poseída, se dice, por un fantasma del diecinueve,
la solitaria Carlota, triste y suicida,
por eso se muestra como fascinante extraterrestre o ultramundana,
recién llegada a lo real,
sin saber quién es o siéndolo de modo vacilante y amnésico.
James-Scottie cree comprender el misterio,
intuye un enigma asequible en los sueños perturbadores,
es Lancelot y Amadís y la quiere curar con su amor apasionado,
encendido tras desnudarla al salvarla de las aguas y poner sus ropas a secar,
amor que resuena en el espacio, donde el oleaje bate contra las rocas
al llegar el primer beso;
en los espacios de plasticidad sublime destilada del celuloide,
la mansión de los apartamentos palaciegos,
el cementerio poblado de difuntos invisibles,
las calles que caen vertiginosas hacia el fondo con isla,
el museo desierto y majestuoso,
el puente rojo, la misión española y el bosque de sequoyas,
su fantasmal luz de cuento donde ella parece esfumarse,
en el límite de otro mundo....
espacios donde expandir un amor desbocado,
tembloroso de asomarse al reino de los espectros,
porque de entre los muertos parece proceder ella,
liberada por los espíritus para una nueva estancia terrenal,
avistada en la calle, también de verde,
y también la ventana que se entreabre, idéntica,
el cuerpo de él lo sabe, y lo sabe la pesadilla de flashes rojos
que señalan al colgante y la tumba vacía,
el cuerpo lo sabe pero el intelecto no logra encajarlo,
el espíritu está y no está, es y no es....

el aura de actitudes, miradas, gestos, intermitente,
mas todos los besos son el mismo beso:
para vértigo el del beso y la fusión
que transporta literalmente a otro lugar en un vuelo,
lo cuenta la cámara giratoria,
el pobre James-Scottie, el bueno de James en trance
con su amor obstinado, su corazonada insobornable
empujando a través de la impostura,
el corazón de ella latiendo contra el témpano de la falsificación,
su perfil idéntico recortado contra el neón verde,
los pechos sueltos bajo el vestido verde,
la escalera que aguarda peldaño a peldaño
un quimérico culminar la ascensión
y un desesperado afán de verdad.






Dioxxxx, haz que olvide esta película para volverla a ver y ser de nuevo seducido, subyugado, colmado y sobrepasado,
por primera vez descubrir a Kim Novak... caminar despacio y detenerse
a dibujar contra el fondo rojo
su perfil llegado de entre los espíritus.   

















Heima (2007)
















martes, 16 de diciembre de 2014

Hija de una nube

Ulla Wolk





Jose, era una niña pecosa, muy pecosa... cara afilada y cejas frondosas, nariz griega y pómulos rosados, de mármolcarne ámbar, de tirabuzones trigales, espigados y abundantes, casi rococós que escondían su pequeña frente, no medía más de metro y medio. Sus ojazos azabaches iluminaban a todo áquel que osaba sostenerle la mirada. Largas pestañas y media cuchara de ojeras como hendiduras que no hacían sino que incrementar la fuerza de su mirada.

Su boca era pequeña, sin apenas frontera entre la comisura y el esbozo. Y sus labios miméticamente pausados, chascarilleaban y musitaban, rojos como una manzana envenenada de fulgor, pequeñas palabras y grandes ideas. Apenas hablaba, no decía mucho. Creía, sentía que para decir nada, todo se macera mejor en esa pecera del imaginario. En el camino de los hechos. En el trecho del silencio. Era pequeña, pero su corazón enorme. Era una retaca, pero sus garabatos, sus trazos adivinaban que lo habitual, la costumbre son hechuras que a ella no le atraían nada. Todo lo que clamaba de su gris, esa roja manzana lo mordía tierna, ácidamente. Masticaba con un arte inusitado para su corta edad.

Mentón redondo, y un pequeño botón de guisa por hoyuelo, lóbulos suaves casi imperceptibles imantados a sus sienes. Su rostro era un túnel perfumado de fotogramas vintage, retros de aquella cáustica y neumática salubridad que amordaza lo que sus adentros hervían, creaban y dibujan ante la gran pizarra de su pequeña escuela, sobre un lienzo en su fría habitación o bajo la nube de la inventiva y el bosque del batiburrillo que aquella fuente de la fantasía manaba.

Tenía poco más de doce años. Llevaba la raya al lado derecho y un remolino furioso colmaba la áurea de su sombra, cuna de su infante andar, sólo serenaba ese amasijo de cabellos rebeldes una pizca mesada de colonia suave, afrutada de esencia a mandarina, o almizcle... se calmaba la furia de su cocorota inaudita, impulsiva e inteligente. Surcaban sus pequeños y rechonchos dedos el ritmo cadencioso y languido de su tupida melena. Y así mientras se peinaba sin cepillo, sus manos recordaban a su cabecita, que mientras el riego hierve y transita, el camino del augurio, siembra.




Jose, siempre llevaba vestidos, diademas, peplos, rebecas orondas, recargadas y holgadas. Nunca quiso embutirse en un pantalón. Le agradaban los bordados, los bolillos, los tonos verdiazulados, grises y ocres, el macramé, el amarillo pálido y el marrón barro. Torcía su nariz buscando la compañía del alcanfor y cualquier brizna, pelo, mácula rauda la estampaba  lejos de su presencia. Podría creerse que era una niña repipi o marisabidilla, no, Jose era inmaculada en apariencia y estricta en sus ceremonias. No jugaba mucho con los espejos y sí con los reflejos. Parecía que quería quedarse sola, pero sólo deseaba encontrarse. Necesitaba, encontrarse.

Reía mucho, muchísimo, pero sin estridencias. Reía con los ojos, con el cuerpo, con las orejas y las manos. Reía desde los hombros y hasta los pies. Por el vientre y el rubor. Reía tanto, sin carcajada, que iluminaba... e irritaba.

A veces, incluso, enfurruñada o triste, desganada o medio dormida, su risa invisible tocada por una vara de buscar agua, asestaba incredulidad y desconcierto a sus amigos, a su familia, a sus compañeros de clase o profesores. Pero Jose, tan auténtica y extraña, tan callada pero risueña, tan descolocada por las apariencias de quienes deseaban que jugará al dominó, siempre excusaba sus noes o síes con argumentos tan sólidos que incluso los adultos apenas podían disfrutar del esgrima.

Aquella tarde, acabando la clase, Don Arturo profesor senil pero curtido en mil batallas escolares e infantiles, requeteculto y ágil, muy ágil de mente tras casi cincuenta años de docencia acababa la clase de Castellano ( aunque en realidad, a él le gustaba llamarla "Clase deslenguada") con ya una exasperante y horripilante parsimonia. Divagaba, divagaba por ese tiovivo de las palabras humo.... y finalmente casi a punto de rozar la meta del fin del suplicicio se dirigió a la pizarra y de espaldas a Jose y sus compinches de aula escribió:

"Escribe algo que me irrite pero que me saque una sonrisa, escribe algo que sin decir, dé que pensar."

Los chavales se miraron, unos alzaban cejas... otros apoyaban los codos en el pupitre y escondían la cabeza, algunos resoplaban, otros ni pestañeaban...

Jose se mordía las uñas ya más que cortas de sus rechonchos deditos. Y sus ojazos iluminados se reían. Su boca se comía unas palabras imperceptibles, un susurrillo empolvó sus mofletes de una luz roja brillante y el zarzal de su cabecilla cabiló...

Don Arturo recogía los cachivaches y dando la lección por finalizada se aprestaba a acabar la clase. Era la última del día.

Jose, bajo la solícita frase de Don Arturo, escribió:

"Me la quisiste dar con queso, pero yo soy intolerante a la lactosa".

Don Arturo, bajó sus gafas, apuntó su cansada vista a la pizarra y empezó a leer. Tras un par de segundos de contemplación, en silencio, recogió su abrigo, sus cosas y mientras salía de clase al pasillo, empezó a balbucear no se sabe bien el qué. Después una risa seca, tosca, y después un río de carcajadas. Que se iban difuminando tras sus pasos....

Jose, cogió su maquineta, sacó punta al lápiz y lo chuperreteó como si de una piruleta se tratara.

Se tocó los mofletes. Tenía calor.

Y mientras sus compañeros ya habían salido de clase, se quedó en pie. Inmóvil. Mirando tras la ventana de clase, a aquel gran bosque de castaños frente a la escuela. Sus copas frondosas, sus sombras acordeón, su imperturbabilidad y como el viento las caminaba. Como nadie les hacia cosquillas. Sólo ellas a si mismas.

Creyó ver ninguna nube.

Y aparentemente no había ninguna... cielo raso.

Pero empezó a llover.

Y entonces sonrío desde sus ojos, se sopló el flequillo.

Todo lo que tenía que decir se quedó en aquella mirada.

Todo lo que debía callar la lluvia se lo iba a llevar.



















Voy donde me llevan mis pies dice mi boca, pero no soy ni el que habla ni el que anda



Giangiorgio Crisponi




No es tu sexo lo que en tu sexo busco, sino ensuciar tu alma:
desflorar con todo el barro de la vida lo que aún no has vivido.

Leopoldo María Panero












Te llevo,
animal tembloroso
e indefenso,
entre mis manos.
Arrullándote con el crepitar de un sexo,
al que, a ras de cielo,
le salen plumas.

Gemir los días
con todos los dientes
y el roce de un chicle sobre mi lengua.


Dices algo bonito sobre el vestido que llevo.


Un vestido no es algo que se lleva.
Un vestido es algo que se empuña.
-así la luna se empuña brillo contra la noche-
Pero esto un hombre no lo sabe,
él se limita a ponerle un cuerpo al filo.


Bajo su tela el estigma,
mi condición de mujer.
Entre las piernas
la herida
que más corta.


Y cuando sangra
no es a mí a quien
sangra,
sino a multitud de mujeres que antes
me sangraron.
Y cuando la rozas así,
con tus dedos,
su redención.


Un hombre solo
no hace una cruz.
Tu condición te inventó
otro hombre
que te atraviesa, horizontalmente.


Y así yo te llevo, amor,
camino del Gólgota.
Te llevo, como a dos maderos
clavados
donde purgar mujer.
Te llevo
para clavarme lugar.




Y cuando me bajes de ti
quédate la envoltura de tus brazos.
En una cosa me basto:
Yo soy, de mi misma,
la Piedad.




Vera Eikon

















Wojtek Kwiatkowsky









Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo

De Federico García Lorca















Kobai. Siria. Septiembre '14








The Cove (2008)


Sin palabras.

















jueves, 4 de diciembre de 2014

Man On Wire. Vide cor meum






Palafolls. Tossa de Mar. Santa Margarida de Montbuí. Montmeló. Manresa. Igualada. Alhama de Murcia. León. San José. Badalona. Madrid. Tiana. Capri. Kiev. Terrassa. Vallvidriera. Sant Cugat. Donosti. Colonia Güell. Matadepera. ... Vide cor meum. Piedras, migas, nubes, diáspora... pero aquella travesía jamás toca a su fin.
Nada, nadie hace que olvide, que extirpe de mi alma lo único puro que la vida después de nacer, resucitó en mí.
Siempre sangre de mi sangre. Sangre de su sangre.

Vide cor meum.