Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Burdel King


Hermann Försterling



Untaba la carne picada en el adobe de El Dorado.

Hubo una época donde el carmesí era de ternilla dorada y sus alas quebrantahuesos, sus vuelos cortos, rasos, mordidos por el apego al vil... sugerían una armonía marmórea y una amabilidad pusilánime.... craso "h"error. Esa hache silla, cual cuchilla de trampas, cuchillo de dudosa moral y paupérrimos valores adolecía de unos tacones lejanos no por vertiginosos si no por sumamente pringosos, oleosos y putrefactos. Unos tacones maltrechos por todo aquello que reflejaba la ley del espejo obscuro, abisal y difuso. Profusa cárcel de gorgoritos archienrocados.

Cojeaba la silla, la paz y la gasa que supura la gran máscara falaz.

Estiró el tiempo para complacer los caprichos de la cohorte y languideció en el cementerio de su alma ya extinta, perdida, olvidada y concupiscente. Creía que el diezmo, procrea argucias, despista a Libra y amasa fortuna... y adobando carne picada, sucia y corroída; loncheando besos mentirosos, jadeos trucos y entre los muslos, huesos picantes de melocotones picados por la larva del diablo, envejecía más rápido de lo que creía al malnacer de cada alba rota.

Enfermaba a la voluptuosa baba del jabón y el mercadeo. La pastilla patina, la pátina empastilla.

El rouge pasión, nervios lacados de dosel castrado, de lujuria enmohecida y morbosos alaridos. Untaba la carne como cuando se hilvana el hilo de la nube a la gota, de la lluvia al charco, del suspiro...al olvido.

Y las muecas, la postura y el reflejo un cuarto de libra vespertina, rehogada de el aceite de la vida: aquella que licua el aire en gas... y almibara la verdadera vocación de la carnicera del alma, tramposa y embustera judía negra... ¿O era pan....? ¿U oveja...?

Untaba la carne picada en el alféizar, para que el frío friera almanaques de recuerdos furtivos y la luz dormitara como la duermevela trasiega para olvidar el sueño y conciliar la traición que el cuchillo ofende a la razón del corazón. Una rebanada al gusto. O un perrito ardiente, que la luna es mostaza y el vinagre el dulce merengue de la angostura.

Costuras: escondo el rosa para que el negro prevalezca. Rasuro: el vello, para que lo bello se pudra. Cronopios rayuelos y rayos de Cronos.

Dijon no es mostaza, es un filón.

Untaba y malvendía "All the young dudes", perjuraba cariño malcriado y de espaldas a la realidad de la verdad y la dignidad franqueó lo que las franquicias subastan en un concierto de Kustorica. Rien de rien. Poisson ? Poison ? Sea of Love de Cat, y el poder de las palabras que se levantan las faldas para que les compren las vergüenzas. Sin.

Untaba al defecar lo que vendía a bulto. A orzuelo de buen cubero. Y como una maquilladora de sentimientos y consentimientos convirtió todo lo que tocaba en las Ruinas de la reina de Salomón. Sodoma de luxe y Gomorra cándida's suite. Ardores en la nuca, picores en el vientre, olas huérfanas y mariposas decaídas. Vientos del Sur, que el norte te exilia de la veleta caprichosa y artificiosa.

Y así, mientras olvidaba la delgada línea azul, degeneraba en el agasaje comercial, conceptual... ese cúmulo nimbus que encharca lo que se quiere escuchar y no lo que se escucha de verdad.

Y es que el corazón opíparo y untado se engaña a diestro y siniestro.

La Untadora, convirtió su hogar en un burdel, su vida en una jaula y sus manos en una acuarela carnicera. Su alma enjoyada de humo y su fortuna, un felpudo de oropeles. El viento siempre se lleva esas huellas y los pasos pernoctan donde menos uno lo intuye... Armarios repletos de carne picada. Sus ojos adobados de bilis y su humildad antaña en un prurito (picazón, vamos...) en la palma de su descarnada existencia.

Una verdadera lástima, pero la vida, chica lista donde las haya, bien sabe que el delantal cuando el conticinio nos vela y abraza nos enreda en áquel monte perdido e íntimo, allá donde nos llevan los sueños y traen el gran perdón: a nosotros mismos. Mientras llega ese momentum la carne roja pierde epiteliales espirituales y sentimientos irrecuperables. Carne de plástico, postiza, ponzoña de tres al cuarto. Picadillo de entereza. Magro pésame.

Epitafio:

"Cuando la carne suena, carnes llegan."





 



El otro día una buena y leal amiga me comentaba que bajó la persiana de otro clasisita Burdel King.

Es filóloga y profesora de literatura. Es abundante en sus carnes, muy abundante. Tremendamente entrada y generosa. Es preciosa, parece finesa, noruega, eslava...y es una badalonesa de pura cepa.

Domina mejor las manos de la lengua y las nalgas de la sonrisa, que las Salinas de Pedro. Y mientras paseábamos por el monte de los gatos y Tiana, esa arista que presume de vistas, nos perdimos en la enredadera de aquellas callejuelas tan estiradas y opulentas. Que todos los burgueses, o casi todos, obvian: el silente crujir de las esquinas y las penumbras de los portales. Craso error. No hay mejor escondite que descender por la enredadera y arremolinarse ante la extraña y difusa semejanza de la aparicencia... ¿Me entiendes...?

Diluviaba. Parecía que Noé quería construir una hoja de muérdago y albahaca. Sibilino y cabrón.

Y los animales, ergo, nosotros mismos, despreciábamos subir a ese vaporeto que inunda los canales...de la comunciación, pues bien, en áquel enclave supino, mágico, discernimos sobre otro tipo de carnicería.

Se trata de una carnicería, de un tipo de entramado público, notorio, establecido: los dobles juegos, la infidelidad, la deslealtad, la traición, la apariencia, el consentimiento y el aguante histriónico del que dirán, ante lo que uno verdaderamente siente y desea y el no llevarlo acabo por miedo al institucionalizado: toca lo que toca. O virgencita que me quede como esté. Demoníacos y endemoniados trucos del alma.

Pues bien, Eslava aseveró que el verdadero poder, la jerarquía mental , el mi conciencia está tranquila por que hago lo que debo no mengua, ni mediatiza ni impulsos, ni deseos, ni fantasías. Que asumir con dignidad devota que todo nace, crece y muere es el eslabón perdido para el engranaje perfecto de una vida más feliz, tranquila y en paz. Que si bien, las costumbres, la rutina y el hartazgo soslayan los cimientos de aquello que institucionalmente llaman, pareja, matrimonio o acordeón; equilibrio y armonía de una vida "culturalmente" idílica existe una rémora, una muesca, una tremenda línea divisioria: Corazón/Razón.

La conferencia de ideas, el intercambio de pepinillos y cebolletas, de silogismos y silencios, adornó agridulcemente áquel ídilico contorno que difuminaba lo que sucedía por dentro y lo que retaba tras el campo de la carnal batalla.

Conclusión, a vuelo pluma: Haz siempre lo que te diga el corazón, y di siempre lo que te haga la razón. Asumirás perfectamente ser un/una Gran Cabrón. O un discípulo intransigente de Escipión.

El brete está ahí:

Sólo hay que asumir y llevar a cabo lo que sentimos de corazón y olvidar el por qué de las consecuencias. ¿O es al revés...? Quizás lo más auténtico es frágil y débil, o por contra, más bien, es sumamente férreo y sostenido. Como el Do de pecho. El de plexo vertiginoso y pentagrama uncido en látex seminal. Néctares rocambolescos.

Excusadme por el manifiesto, largo y dual, casi parlanchín y hormigueante, pero en éste alba de altas horas y bajos biorritmos, el desvelo es como un locuaz y tartaja lorito de picos pardos.

Tras muchas lentas lunas... por fin he superado el síndrome de Estocolmo.

Enderrocaron el último Burdel King que conocía.

Y a los demás, miel sobre hojuelas. Que el tiempo es ese caballero bien señoreado que siempre va en la lengua y siempre va mojado.... ¿Era así....?... ¿O quizás...no sé... ya no recuerdo?

Como diría la última carnicera con la que comí sushi:

"Cuando la carne suena, carnes llegan".

Lapidario.

Y sabroso. Natural. Puro. Lechal.

Prefiero comer una pizca de carne magra al aire libre, que un cuento de abolengo en el Burdel King.






...A la francesa

 
Todd Hido











Una mujer inteligente.
Una mujer hermosa.
Conocía todas las variantes, todas las posibilidades.
Lectora de los aforismos de Duchamp y de los relatos de Defoe.
En general con un auto control envidiable.
Salvo cuando se deprimía y se emborrachaba,
Algo que podía durar dos o tres días,
Una sucesión de burdeos y valiums
Que te ponía la carne de gallina.
Entonces solía contarte las historias que le sucedieron
Entre los 15 y los 18.
Una película de sexo y de terror,
Cuerpos desnudos y negocios en los límites de la ley,
Una actriz vocacional y al mismo tiempo una chica con extraños rasgos de avaricia.
La conocí cuando acababa de cumplir los 25,
En una época tranquila.
Supongo que tenía miedo de la vejez y de la muerte.
La vejez para ella eran los treinta años,
La Guerra de los Treinta Años,
Los treinta años de Cristo cuando empezó a predicar,
Una edad como cualquier otra, le decía mientras cenábamos
A la luz de las velas
Contemplando el discurrir del río más literario del planeta.
Pero para nosotros el prestigio estaba en otra parte,
En las bandas poseídas por la lentitud, en los gestos
Exquisitamente lentos
Del desarreglo nervioso,
En las camas oscuras,
En la multiplicación geométrica de las vitrinas vacías
Y en el hoyo de la realidad,
Nuestro absoluto,
Nuestro Voltaire,
Nuestra filosofía de dormitorio y tocador.
Como decía, una muchacha inteligente,
Con esa rara virtud previsora
(Rara para nosotros, latinoamericanos)
Que es tan común en su patria,
En donde hasta los asesinos tienen una cartilla de ahorros
y ella no iba a ser menos,
Una cartilla de ahorros y una foto de Tristán Cabral,
La nostalgia de lo no vivido,
Mientras aquel prestigioso río arrastraba un sol moribundo
Y sobre sus mejillas rodaban lágrimas aparentemente gratuitas.
No me quiero morir, susurraba mientras se corría
En la perspicaz oscuridad del dormitorio,
Y yo no sabía qué decir,
En verdad no sabía qué decir,
Salvo acariciarla y sostenerla mientras se movía
Arriba y abajo como la vida,
Arriba y abajo como las poetas de Francia
Inocentes y castigadas,
Hasta que volvía al planeta Tierra
Y de sus labios brotaban
Pasajes de su adolescencia que de improviso llenaban nuestra habitación Con duplicados que lloraban en las escaleras automáticas del metro,
Con duplicados que hacían el amor con dos tipos a la vez
Mientras afuera caía la lluvia
Sobre las bolsas de basura y sobre las pistolas abandonadas
En las bolsas de basura,
La lluvia que todo lo lava
Menos la memoria y la razón.
Vestidos, chaquetas de cuero, botas italianas, lencería para volverse loco,
Para volverla loca,
Aparecían y desaparecían en nuestra habitación fosforescente y pulsátil,
Y trazos rápidos de otras aventuras menos íntimas
Fulguraban en sus ojos heridos como luciérnagas.
Un amor que no iba a durar mucho
Pero que a la postre resultaría inolvidable.
Eso dijo,
Sentada junto a la ventana,
Su rostro suspendido en el tiempo,
Sus labios: los labios de una estatua.
Un amor inolvidable
Bajo la lluvia,
Bajo ese cielo erizado de antenas en donde convivían
Los artesonados del Siglo XVII
Con las cagadas de palomas del Siglo XX.
Y en medio
Toda la inextinguible capacidad de provocar dolor,
Invicta a través de los años,
Invicta a través de los amores Inolvidables.
Eso dijo, sí.
Un amor inolvidable
Y breve,
¿Como un huracán?,
No, un amor breve como el suspiro de una cabeza guillotinada,
La cabeza de un rey o un conde bretón,
Breve como la belleza,
La belleza absoluta,
La que contiene toda la grandeza y la miseria del mundo
Y que sólo es visible para quienes aman.





Los perros románticos. Roberto Bolaño








"Me dicen que es tiempo. Serpientes en mi cabeza. Todo cambia. No quiero el mío para este momento...."


Besayúname en Juno










Besé a un príncipe y lo convertí en rana. 

Me casaron borracha en una barra de bar y desde entonces ya no puedo saltar sin sentirme ridícula. La rana pegó un bote y se largó a otra charca más cristalina. Y ahora no encuentro al piloto que nos unió para que anule tan verde y absurdo matrimonio.

Decidí desafiar al azar y enamorarme del segundo que pasara. Pasó el tercero, pero me vencieron sus chistes malos y sus ojos de color azul traidor intenso. Lo ví tan entusiasmado con romperme el corazón en dos, que no me atreví a llevarle la contraria. Comí tantas mentiras, que ahora la verdad me sienta fatal. Y encima de apaleada en el amor, llevo una temporadita en la que me birlan los mecheros.

Me compré un loro para tener a quien hablar a las tantas de la noche. Pero le dió por exigirme su intimidad, se declaró en huelga de hambre y se murió. Lo último que musitó en mis brazos fue un insulto. Y yo que nunca había sabido cómo llamarle, le dí sepultura con el nombre de Cretino.

Insistí en llegar tarde a las citas con la Suerte y la tengo tan enfadada que ya no quiere quedar más conmigo. Jugué tanto a bajar a los infiernos que me cerraron el cielo. Me llaman Desastre, ando con osadías recién estrenadas cada día pero suelo tropezarme en los momentos decisivos. No sé partir corazones con gracia, ni mucho menos recomendarlos. Y me despisto con tanta facilidad que seguramente olvidé levantarle las faldas a las palabras para ver qué esconden debajo.


.....



Alguien que cuando me ponga borracha me lleve a casa en brazos.
Que me rompa las medias con la boca, y luego me compre otras.
Que me haga el amor contra la pared y se meta conmigo en la bañera.
Que se pierda conmigo para después rescatarme de laberintos sin sentido.
Que saque la espada y me defienda de víboras, pirañas y putas.

Alguien que cosa disfraces a mis días malos, y los convierta en buenos.
Que no se enfade si no me entiende, ni me entiendo y lo mareo.
Que me saque la lengua cuando me ponga tonta y me haga enmudecer.
Que no de por hecho que siempre voy a estar ahí pero que tampoco lo dude.
Que no me haga sufrir porque sí, pero que tampoco me venda amor eterno manoseado.

Alguien que no pueda caminar conmigo por la calle sin cogerme de la mano.
Que no me compre regalos pero que tenga mil detalles de papel.
Que no le guste verme llorar y me haga reir hasta cuando no tenga ganas.
Que de vez en cuando decida perseguirme en los bares y conocerme otra vez.
Que me mire, le mire, y me tiemblen las piernas sin remedio.

Alguien que esté loco por mi, y no se le olvide decirmelo los días de resaca.
Que si se pone animal, sea sólo en la cama, y me mate a besos por la mañana.
Que no se acostumbre a mi y deje de inventar nombres nuevos para despertarme.
Que si mira a otra, luego me guiñe un ojo, y se ría de mis celos de hojalata.
Y sobre todo, que no tenga que perderme para darse cuenta de que me ha encontrado.



A. 








Juno (2007)




 

Buena Vista Social Club (1999)
















https://www.youtube.com/watch?v=gEckK3W_wbw









 



















jueves, 20 de noviembre de 2014

No, naturalmente, no nos une el amor






X
¿No habrá  nunca nadie que desee beber nuestras lágrimas?





XI
¿Cuál fue el error que no nos perdonaron? 
¿Qué podremos corregir  ignorando la causa de nuestra condena? 
¿Qué será de los que nos negamos a tapar con música y colores la mugre de nuestras existencias, 
de los que elegimos la verdad desvelada 
aunque nuestros ojos no la resistieran, de los que no quisimos ponerle azúcar a la muerte 
porque preferimos que las ideas que no se pudiesen tragar fueran intangibles? uefran intragables? 
¿Fue una insensatez  no colocarle guirnaldas al fracaso, no levantar la fachada de la alegría pese a todo?


 XII
¿No llegará nunca un tiempo en el que nadie deba avergonzarse de sus limitaciones irremediables?
 ¿No se realizará en nosotros el milagro de “La Bella y la Bestia”? 
¿Ningún ángel maravilloso nos dará ese beso que destruya el hechizo que nos condena?
 
XIII
Sucedieron varias historias pero… 
¿Para qué contarlas? 
No importa lo acontecido sino las huellas que dejó su paso.
 Basta con observar las marcas para develar  todas las historias. 
Y quizás todos llevemos una cicatriz que ocultamos  porque  nos  avergüenza. 
Esa cicatriz es el único documento de identidad legítimo. 
Es el que revela quiénes somos.
Nosotros no podemos esconderlo, es más, necesitamos mostrarlo y que se nos ame igual. 
Nos resulta insostenible ocultar nuestras faltas, nuestra imperfección, nuestra marca.nuestra imperfección, nuestra marca.


XIV
La vida  nos  fue  hundiendo en pozos diferentes,  ninguno de  nosotros  palpó la serenidad. 
Los dos a oscuras; en ciénagas, drogas, abismos, rutinas; 
pero los dos con vendas en los ojos, con el 
alma amortajada y con la implacable corrosión que provocan  las lágrimas que caen  hacia adentro.
Los dos identificados por la misma clave: el fracaso.
El fracaso en el amor, el fracaso en el arte, el fracaso en la sociedad, el fracaso en el intento de vivir sin engaños. 
Los dos lastimados por las púas de la indiferencia de los seres agraciados, 
de los inteligentes para el dinero, 
de  los adaptados,
 de los que jamás se cuestionarán algo que de antemano palpitan que quizás no tenga respuesta, 
de los felices cobardes que alimentan con embustes sus tranquilas_ conciencias.    
Los dos viviendo. 
Es el  paradójico desenlace de nuestra tragedia: seguir con vida cuando se agotaron  las esperas. 
Los dos sentados en las gradas del circo cuando terminó la función y con ella, naturalmente, 
también la magia. 
Y los dos estamos solos. 
Flotando como corchos en el océano nos miramos el uno al otro, pero no podemos ayudarnos.


Los dos poseemos  lo mismo: promesas incumplidas, 
ausencias  inaguantables, anhelos   no  concretados 
y  una antigua e inmensa acumulación de soledad. 
Y  los dos necesitamos exactamente lo contrario. 

Por eso al cruzarnos en este absurdo derrotero, flotando como corchos, sólo atinamos al sarcasmo, 
esa terrible arma de doble filo que acaba por herir más profundamente
al que la empuña que al que recibe la estocada. 

Los dos sangrando por algún costado, la diferencia es despreciable. 
Y a la larga, la tristeza nos domina con la dañina voracidad de un cáncer a los dos por igual. 
Los dos altruistas y  capaces de la mayor  bajeza al mismo tiempo.
Los dos juntos, pero separados por esa  ineludible condición de dolor. 
Los dos  con nuestra sensibilidad  golpeada contra  las paredes de la vida cotidiana. 
Los dos predestinados al error, a  equivocar siempre el camino y a encontrar lo ansiado a destiempo. 
Los dos  incapaces de construir una torre que nos salve. 
Los dos obligados a representar una farsa sin autor. 
Los dos, en definitiva, sin saber por qué.








XV
¿No recibiremos nunca algo por lo que dar las gracias? 
¿No llegará nunca el día de la recompensa a los que tanto sufrimos? 
¿Todo fue un cuento?. . . 
Entonces es verdad que fuimos engañados, ese día no existe, no hay  revancha 
y esta agonía no tiene fin.
¿Por qué creímos alguna vez? 
¿Por qué pactamos con un Dios de omnisciencia y de omnipotencia dudosas? 
¿Era  tan  grande  nuestra desesperación cuando caímos a la tierra? 
¿Era  tan  inconmensurable nuestro miedo que tuvimos que inventar  una  falsa esperanza? 
¿No hubiera sido mejor enfrentar la desolación a tiempo?
¿Tan desvalidos estábamos en los comienzos 
que tuvimos que aferrarnos a mentiras tan graves
 como el amor, la fe y  la recompensa? 
¿Y ahora qué empecinada  nostalgia  nos impide desterrararlas enérgicamente?

XVI
No, naturalmente, no nos une el amor 
sobrevivimos sin amarnos 
¿Cómo podríamos amarnos?
 Nadie ama a un desdichado salvo que se trate de un hermoso príncipe de cuentos 
y su desdicha  sea solo aburrimiento o hartazgo.sea sólo aburrimiento o hartazgo. 
Nos cansa pronto escuchar un gemido y más aún cuando no proviene de un bello infante. 
Abandona en una cesta a orillas de un lago de garzas y flamencos. 
No,  los desdichados estamos confinados a sobrevivir en la soledad 
masticando nuestra  humillación como un veneno que nunca nos mata. 
No, naturalmente, no nos une el amor en todo caso, lo que nos une es un idéntico
resentimiento una misma rebelión, una rebelión tan desmesurada que acaba por volverse estéril. 
No es una rebelión genuinamente política ni religiosa, es la rebelión de nuestro origen 
contra sí mismo de nuestra sangre contra sí  misma, de nuestra nada contra la nada
o de nuestro cielo contra el cielo de los otros. 
Es la rebelión de los que sufrimos porque deseamos algo que no existe.


No, naturalmente, no nos une el amor 
nos une el magnetismo de esta casa; 
nos une este laboratorio del dolor; nos une este cuarto que nos aísla del insulto,
del bostezo indiferente de la calle, de las lluvias heladas del invierno, 
del sol ardiente del verano; 
nos une este lugar en el que somos contenidos y este tiempo que nos mide. 

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une la misma búsqueda (o la misma fuga).
Nos unen, en definitiva, los mismos interrogantes, las mismas ignorancias 
y el mismo deseo (una bruta ansiedad) por conocer al menos el por qué de nuestro sufrimiento.
No, naturalmente, no nos une el amor 
nos une, en el mejor de los casos, el terror a la soledad completa, la incapacidad de amar a otro ser 
sin sentirnos inferiores y humillados. 
Nos une la incredulidad de que alguien diferente pueda amamos. 

No nos une el amor, 
nos une la vergüenza.
Nos une el pudor de saber  tan  íntimamente cómo es el otro y de no saber con  la misma nitidez quién es el otro.
Nos une un raro temor, algo así como una envidia anticipada por si uno de los dos ingresa al mundo de los seres dichosos. 
Nos unen todas las bajezas visibles y las previsibles. 
Nos une el fracaso como un pacto de niños, firmado con sangre y alfileres.

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une este lamento que lanzamos como una flor y un insulto 
como un reproche y una súplica a todos y a nadie. 
Nos une este lamento porque el hecho mismo de haber podido construirlo se asemeja  a la esperanza. 

Pero  no  nos engañemos, 
al  final de cuentas, 
lo que nos une no es el puente sino el abismo.



José Sbarra. Obsesión por vivir, 1975









La mejor oferta (2013)





La codicia es la hija bastarda 
de la vida:

Recompensa con aquello que la segunda mientras crecía y engordaba deshacía en miel sobre hojuelas. Hija y madre, taxidermista y tanatopráxica, amortaja y cercena que el muérdago sea el último suflé antes que se metabolice la larva en mariposa y el gusano en orquídea.

Las apariencias engañan.

Y la codicia cual peplo de bambalinas sólo vacía al traje más elegante: la humildad humana.

La dignidad y la integridad no poseen llaves maestras.

Se entreabren desde el alma. Y jamás cierran "filias".

Vanitas, vanitatum, et omnia vanitas








Se han quemado las lentejas

Tony French







"Cuando te acuerdes de mi cuerpo y no puedas dormir y te levantes medio desnuda y camines a tientas por tus habitaciones borracha de estupor y de rabia en algún lugar de la Tierra yo andaré insomne por algún pasillo careciendo de ti toda la noche oyéndote ulular muy lejos y escribiendo estos versos degenerados." (Casida de la alta madrugada, de Félix Grande)











"Se han quemado las lentejas,
las que dejas,
las que huelgas.
Se han quemado las lentejas,
las que desnuda removías
con las ganas
y las que echas de menos
con la destrempera...

Se han quemado las lentejas,
las que dejas,
las que encelas.
Se han quemado
por esperar que la pera se convirtiera
en melocotón
y el huesito rendición.

Se han quemado las lentejas,
las que dejas,
las que se compran hechas.
Se han quemado por que la olla
no se mete
en la nevera....

Se han quemado las lentejas,
las que dejas,
las que recetas.
Se han quemado por que la encimera
es patena,
y el puchero
ahora sólo es babero plañidero."

Alegoría y gilipollez icariana a altas horas de la madrugadalba.