Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

martes, 30 de abril de 2013

Suite calostro, las perras también maullan.

Composición: Christine Von  Diepenbroek







Magreaba su areola con devoción. Con inusitada alevosía.

Y sólo, agua.

Plebiscito de mador.

Manoseaba su pezón golfo como gata que se deshace en la elegía de la complacencia.

Y tan sólo, gotas de sudor.

Ladraba, imploraba que la lluvia se convirtiera en leche. Pero tanto mador desquicia.

Tantas manos, atolondran.

Demasiada parafernalia para una vida tranquila.

Tantas actuaciones que la leche se corta.

Entre las bambalinas de las máscaras, el baile de los difuntos.

El decálogo es un camelo, un cameo, un circus enjabonado en óleos corridos por la farsa.

Magreaba, manoseaba, sobaba su pezón chistera.

Y escondía la mirada perdida donde se encuentra el reflejo del espejo.

Y nada.

Más agua, maldita agua.

Deseaba masticar, deglutar, regurgitar, saciar el calostro que nace cuando la verdad no se ceba, ni se calla.

Más mediasmentiras, más mediasonrisas.

Aquella alcoba a contracorriente.

La música di-mi-su-la-ba.

El traffic disimulaba.

La función guionizada, endemoniadamente artificial extenuaba a la clarividencia.

Su terco y pusilánime "h"oremus.

Al principio se sabía dueña.

Ahora, con el devenir de las lluvias, de la necesidad se entregaba al primer calostro masculino.

Era lo que tocaba. No hay otra.

Y áquel principio de Arquímedes reniega del levitar. Del flotar con los pies en el suelo.

Se entaconaba en cuerpo y alma.

Alisaba, tirabuzoneaba, gozaba del degüelle; turgente función de luces cálidas y arquetipos simplones y a cualquier guiño, jugueteaba con el haces y las heces.

La suite calostro era su templo.

Su refugio.

Su paz.

Y aunque pasaran mil horas, con una bastaba.

Y aunque llegaran mil dulces puñaladas, sólo una queratinaba.

Fruncía el ceño.

Se anquilosaba pero era capaz de ponerse la nariz roja, redonda y cálida. A cualquier precio, a toda costa.

Roma bien vale una misa.

Es cierto, con una función basta. Pero el estilo de vida de cualquier persona, lo marcan sus prioridades, sus necesidades sin duda alguna. Su vocación, su meta.

Y el pezón no deja de ser un ser vivo en un cuerpo doblado, arrugado, trufado y al son de quien lo eriza o adormila. El guión ya no tenía alma.

Como el plástico.

Como el suero.

Como lo que menos importa.

Y la leche como hija del agua y el amor no fermenta hibernando en el teatro de los horrores.

Renace del respeto.

Nace del sinvivir.

Del no pedir para existir.

Sino del dar sin esperar.

Ella podría seguir jugando con barro de cartón piedra, esbozar sonrisas muertas y mirar con el deseo del olvido.

Ella podrá dejar que de sus pechos sólo mane agua, mador, sudor y lágrimas.

Así lo quiso.

Que así sea.

En aquella suite los calostros ya no respiran.

Ya no hay vida. Ni futuro.

Ni tranquila certeza.

Todo es mentira.

Todo.

Las perras también maullan cuando se mienten así mismas.












Abyecta





Me he acostado con tu padre, tu hermano y tu
hijo, por no nombrar a tu tío y a todos tus amigos.
Con tu abuelo fue imposible y tu madre se salvó
por vinagreta.
No puedo dejar de nombrar a los vecinos,
los cabros del bloque,
los de los flipper,
los volados de la plaza y de la esquina;
el lechero, cartero, repartidor del diario, gásfiter,
electricista, zapatero, jardinero y la casi totalidad
de trabajadores de servicio a domicilio que han
tenido la fortuna de pasar por mi casa y la tuya.
Y es que tengo un apetito descomunal y no perdono
erección.
Soy una adicta, dicen...
siempre,
pero es que invariablemente siempre,
quiero.
Además no discrimino.
El tamaño no me importa;
ni el grosor de las billeteras, tampoco el color de
la piel,
si tiene auto o bicicleta
si usa tarjeta dorada o está en DICOM, si tiene
casa propia o mediagua;
mucho menos si me ama o no me ama,
si me respeta o si me quiere para el puro hueveo,
si es machito, de pelo en pecho, o mariquita, tonto
o inteligente, necio o sabio, ladrón o policía,
lento o rápido, cuerdo o ....sicótico...
Juro,
que a la hora de los q’iubo nada de eso me importa.

Y aunque condón no uso, (la iglesia lo prohibe)
venéreas parece que no tengo, parece...
Excepto un herpes travieso que me tapiza la
boca de llagas cada cierto tiempo.
a veces orino de pie, me excita,
o lo hago en piscinas y duchas públicas,
usualmente veo pornos y me masturbo como
una demente el día entero.

Otra cosita es que soy comunista y última de rota,
voté por la Gladys y no me depilo
no cocino ni un huevo frito y me gusta opinar en
conversaciones de hombres.
Te advierto... que detesto el sexo anal,
pero si me tratas con dulzura
terminaré comiendo de tu mano y
lamiendo la suela de tus zapatos.

Te aviso,
que soy ágil con las cuchillas,
tengo buena puntería y reflejos en óptimo estado,
y que, a pesar de éstas y otras destrezas
que ostento en las manos, dedos y lengua ...
especialmente,
según me han contado,
en las discos me va bastante mal.
Y me pasa últimamente que
nadie se me acerca y me siento sospechosamente
repugnante como pescado de feria que no se vendió.
Y la verdad es que ya no tengo quince años
como para ir a esos lugares, llenos de púberes en
plena floración. Niñitas lindas de senos como dos
tazas de leche y coñito con olor a nata.
Otro problemita que no te podría callar
es que producto de
un dilatado alcoholismo que me ha tenido
desde hace años
azotando la cabeza contra las barras de los bares
más cochinos de esta ciudad,
padezco de ciertos trastornos... gástricos,
de variada gravedad y abyección,
como por ejemplo, la acumulación de gases intestinales,
que a veces,
generalmente en público,
pugnan por salir de su prisión.

Te advierto
que estoy muy sola,
que esta soledad me duele en exceso mucho
y que ante el menor indicio de abandono, real o
imaginario, sería capaz de perseguirte a ti y a tu
familia por todo el país,
convertirme en tu sombra y luego en tu peor
pesadilla
para terminar asesinándote y
exhibiendo tus genitales en la plaza pública,
contenidos en tu boca.

Y es que además de puta, soy loca, floja, sucia, tonta, terca,
ignorante, sorda, bruta, torpe, coja y mala. 
 
 
Elizabeth Neira Calderón 





H. R. Giger


.



Ficha técnica:Título: Meister und Margeritha (Amo y Margarita)
Fecha creación: 1976
Dimensiones: 100 x 70 cm.
Técnica y materiales: pintura acrílica sobre papel y soporte de madera

HR GIGER (Hans Ruedi Giger) es un polifacético creador suizo con una peculiar personalidad, que refleja en su inquietante obra surrealista. Ilustrador, pintor, escultor, diseñador, etc., empezó como artista “underground”, convirtiéndose posteriormente en un personaje de proyección internacional tras la creación de Alien y su metálica y delirante arquitectura para la película de Ridley Scout, Alien, el octavo pasajero (1979), por lo que le concederían el Oscar a los mejores efectos especiales en 1980. Colaboró también en otras producciones cinematográficas como Poltergeist II, Alien 3 y Species.

Su obra plástica plasma, a menudo, un desbordante erotismo, repleto de referencias fetichistas, que flota en un universo imaginario terriblemente oscuro y narcótico, de evocación satánica o alienígena. Con frecuencia, la máquina se confunde lascivamente con la carne en una turbia atmósfera onírica. Llama la atención los minuciosos y elaborados detalles de su obra, como si se tratara de mundos dentro de otros mundos, para conformar, finalmente, un paisaje global de complicado tramado. Cualquiera de sus representaciones puede causar un efecto alucinógeno. Quedáis advertidos.








La ansiedad de Veronika Voss (1982)


Traspaso de afectividad......

se traspasa afectividad por cese de negocio.
pecho reformado, mucha luz, calefacción central, autoestima.
negociable. Vacío.....
busco amor de segunda mano, todo terreno. ´
no importan kilómetros psíquicos, sufro bien y al contado.

lunes, 29 de abril de 2013

Haiku

Fotografía: Scott Cromwell





1
Algo me han dicho
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.

2
La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragancia.

3
¿Es o no es
el sueño que olvidé
antes del alba?

4
Callan las cuerdas.
La música sabía
lo que yo siento.

5
Hoy no me alegran
los almendros del huerto.
Son tu recuerdo.

6
Oscuramente
libros, láminas, llaves
siguen mi suerte.

7
Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.

8
En el desierto
acontece la aurora.
Alguien lo sabe.

9
La ociosa espada
sueña con sus batallas.
Otro es mi sueño.

10
El hombre ha muerto.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.

11
Ésta es la mano
que alguna vez tocaba
tu cabellera.

12
Bajo el alero
el espejo no copia
más que la luna.

13
Bajo la luna
la sombra que se alarga
es una sola.

14
¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

15
La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.


Jorge Luis Borges





miércoles, 24 de abril de 2013

El frío

                     
Fotografía: Diana Bodea
                                                     






                                                                                   17




No miraré. No me daré la vuelta. Me niego a reconocer ese chasquido húmedo. Al otro lado de mi fila, detrás, lo tengo casi encima.
      Lenguas que se voltean como cocodrilos contentos. No puede ser que ese ruido me distraiga, desde luego para mí ha de ser eso, sólo un ruido; no observaré el acto de transfundir una saliva a otra, compresiones de labios acaparando el volumen de vulvas sobadas hasta amoratarse, los dos juntos, separados, caras distintas de la misma hoja.
     No necesito girarme para saber lo que pasa; la pastosidad, el preludio de cuando la lengua es un animal vivo que escarba tercamente. No me puedo concentrar en nada, tal vez en hurones haciendo hoyos en la tierra; este sonido de cuchara que remueve la papilla me pone nerviosa.
    Tendría ganas de levantarme, de recriminarles, intimidar, censurar con el aplauso del resto de pasajeros, idiotas que tanto me hubiesen molestado si este trayecto fuera otros. Iros a un parque, pequeños imitadores. Meteos detrás de un árbol y coged reúma, a ver si perdéis las bragas entre los espinos y se os llena la garganta del barrillo que se forma en los jardines con el meado de los perros.
     Las mismas buenas razones que siempre imaginé que los demás pensaban para mí. Sin atreverse a decírmelas, pero con todo el peso de una culpa grande y muda. Insultos de transeúntes al mirar, cuando andaba por la calle con el cuello mordido y tú me llevabas cogida por la cintura. Alquilad la habitación de una pensión barata. Iros a la playa a revolcaros detrás de una roca, manchados, entumecidos como los caracoles tímidos, como hemos hecho los demás.
     Es probable que también nos besáramos en los autobuses y en los ascensores y en los cines.
     Tú eres el mejor testigo: cuántas veces parejas como ésta, que ahora me dan asco, significan perder por fin el miedo, encontrar la garantía de que yo también me acercase a su boca para deambular entre su carne suave e interior, desde el primer contacto seco hasta los círculos mojados que se imprimen en las comisuras.
    Si hubieras sido otra persona, yo no hubierna necesitado pretextos. No sé por qué me empeñaba en besarte. Tanto me he escondido que hoy me levantaría y les haría sentir sucios. Por ti, me he minimizado y no logro entender por qué ahora me indignan y no soy capaz de gritarles, cuando tú eres la única causa de mi cobardía y de toda mi vergüenza.


Marta Sanz







jueves, 18 de abril de 2013

Es nuestro y de nadie

 
Fotografía: Eko Adiyanto









"Dos con cinco"




La cereza verde de tus uñas romas. La roja, madura por ver el azuluz.

Y sus dedos largos deshojando las hebras del moño de la iaia.

La extensión azabache de la caótica ristra de ajos labiados que penden de un hilo.

Quebrándose.

Arrebujándose.

Las lágrimas de chocolate y ante ese mar que crespa y atempera a esa maldita....béndita espera.

Ante el sofá de rocas y crisantemos, de piedras y flujos.

Reflujo.

Influjo.

Flujo de ambrosía.

Una tarde cualquiera, un círculo de anodinos paseos que no llevan sino hasta alguien.

Irremediablemente, inexorable languidecer.

El firme piso de mesar al rebelde y lacio frenesí.

Una lucha intensa, perseverante, dislocada, vehemente y neonata.

Cada día se nace y deshace.

A cada alba se acicala y adormila.

Para regurgitar desde el grito más ópaco y perdido.

Enciendo otro que se consume por su propia bocaza.

Apago uno más que se desmenuza entre el norte del sur.

Persuadir, invadir y redimir.

Ahondar, resabiar y dirimir.

El abstracto y figurante rastro del hechizo.

Altibajos en el desorden.

Del camastro al púlpito.

De la ira al aceite.

De almohadas a rayax.

Del trepa síncope, al trastu viceversa.

Blacky nuit de maullidos y naïfs ronroneos.

Los ladridos en la pared. Lamiendo las uñas que se estiran al delirio del deliquio.

Y ella, jarapa de ensueño, entubada a la letanía.

No te sonará nada y se dejará hacer.

No volverás a entreleer y se mojarán las sábanas.

El sudor es una micción fantasmagórica cuando sin beberlo se quiere.

No cuadrarás los seis lados.

Siempre hay uno que cojea.

Es lo que tienen los nones.

Dos con cinco.

Se correrán las cortinas....

....y los pares, calcetines del ayer.

Zapatos para un mañana.

















Mi pequeña sunshine

 
 
Fotografía: Kemal Kamil
 
 
 
Cuando estás ausente, tu figura se dilata hasta el punto de llenar el universo. Pasas
al estado fluido, que es el de los fantasmas. Cuando estás presente, tu figura se condensa;
alcanzas las concentraciones de los metales más pesados, del iridio, del mercurio. Muero de
ese peso, cuando me cae en el corazón.

Soledad. . . Yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos
aman... Moriré como ellos mueren.

El alcohol desembriaga. Después de beber unos sorbitos de coñac, ya no pienso en ti. 

No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer más bajo que tu corazón

Un corazón es tal vez algo sucio. Pertenece a las tablas de anatomía y al mostrador
del carnicero. Yo prefiero tu cuerpo.

Nos rodea la atmósfera de Leysin, de Montana, de los sanatorios de alta montaña
acristalados como acuarios, gigantescas reservas donde continuamente acude a pescar la
Muerte. Los enfermos escupen confidencias sanguinolentas, intercambian bacilos,
comparan cuadros de temperatura, se instalan en una camaradería de peligros. ¿Quién
tiene más lesiones, tú o yo?

¿A dónde huir? Tú llenas el mundo. No puedo huir más que en ti.

Nos acordamos de nuestros sueños, pero no recordamos nuestro dormir. Tan sólo
dos veces penetré en esos fondos, surcados por las corrientes, en donde nuestros sueños
no son más que restos de un naufragio de realidades sumergidas. El otro día, borracha de
felicidad como uno se emborracha de aire al final de una larga carrera, me eché en la cama
a la manera del nadador que se lanza de espaldas, con los brazos en cruz: caí en un mar
azul. Adosada al abismo como una nadadora que hace el muerto, sostenida por la bolsa de
oxígeno de mis pulmones llenos de aire, emergí de aquel mar griego como una isla recién
nacida. Esta noche, borracha de dolor, me dejo caer en la cama con los gestos de una
ahogada que se abandona: cedo al sueño como a la asfixia. Las corrientes de recuerdos
persisten a través del embrutecimiento nocturno, me arrastran hacia una especie de lago
Asfaltita. No hay manera de hundirse en este agua saturada de sales, amarga como la
secreción de los pájaros. Floto como la momia en su asfalto, con la aprensión de un
despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. El flujo y reflujo del sueño me hacen dar
vueltas, a pesar mío, en esta playa de batista. A cada momento, mis rodillas tropiezan con tu
recuerdo. El frío me despierta, como si me hubiera acostado con un muerto.

Soporto tus defectos. Uno se resigna a los defectos de Dios. Soporto tu ausencia. Uno
se resigna a la ausencia de Dios.

Lo único horrible es no servir para nada. Haz de mí lo que quieras, incluso una
pantalla, incluso un metal buen conductor.

Amar con los ojos cerrados es amar como un ciego. Amar con los ojos abiertos tal vez
sea amar como un loco: es aceptarlo todo apasionadamente. Yo te amo como una loca.

Se llega virgen a todos los acontecimientos de la vida. Tengo miedo de no saber cómo
arreglármelas con mi dolor.

Ardiendo con más fuegos... Animal cansado, un látigo de llamas me azota con fuerza
las espaldas. He hallado el verdadero sentido de las metáforas de los poetas. Me despierto
cada noche envuelta en el incendio de mi propia sangre.

Cuando vuelvo a verte, todo se torna límpido. Acepto sufrir.
 
 
Marguerite Yourcenar. 
 
 
 
 
 

Fetish. Pierre Moliniere

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Ficha técnica:
Título: Autoportrait fetiche a l'éperon d'amour sur le fauteuil (Autorretrato fetiche con el espolón de amor sobre el sillón)
Fecha creación: 1965

Técnica: impresión tradicional sobre gelatina de plata
.
Ficha técnica:
Título: Lenah
Fecha creación: 1968
Técnica: impresión tradicional sobre gelatina de plata (fotomontaje)
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Pierre Molinier (1900 - 1976), pintor y fotógrafo francés, nacido en Burdeos, donde transcurrirá la mayor parte de su vida. En su primera etapa, más consagrada a la pintura y al dibujo, expone regularmente en los salones como miembro de la Sociedad de Artistas Independientes de su ciudad natal. Sus paisajes y naturalezas muertas, en esta época, se aproximan a los planteamientos impresionistas, mientras que sus retratos y autorretratos poseen matices mucho más expresionistas. A comienzo de los años 50, a raíz de la presentación de su obra "Le Grand Combat", juzgada como indecente, en la que ya aparecen claramente reflejadas las obsesiones eróticas y fetichistas, que caracterizarían toda su trayectoria posterior, se produce una ruptura con su comunidad artística.

A mediados de los 50, Molinier contacta con André Breton, quién le apoyaría para integrarlo en su grupo y exponer en París, llegando a componer la portada del nº 2 de la revista "Le Surréalisme même" y participando en ediciones posteriores. Formaría parte del movimiento surrealista, aunque sus planteamientos y opiniones diferían, a menudo, del Surrealismo. En 1965 el detonante del conflicto con sus compañeros de grupo sería la presentación de un lienzo que consideraron demasiado irreverente, titulado: "Oh!... Marie, Mère de Dieu" (¡Oh!... María, Madre de Dios). Ello, unido a su difícil carácter, a menudo blasfemo y obsceno, acabaría desembocando en un alejamiento de Breton y los surrealistas.

Finalmente, Molinier se recluyó en su pequeño apartamento de Burdeos, prácticamente marginado y aislado del resto del mundo, frecuentado en ocasiones por su pequeño grupo de amigos y amantes (hombres y mujeres), donde se consagrará totalmente a su obra plástica y en especial a la fotografía, camino que ya había emprendido desde los años 60. Su obra fotográfica, basada principalmente en autorretratos y en composiciones de fotomontajes, donde Moliner se erige en el propio objeto y sujeto de la obra, es una de las expresiones eróticas más fascinantes que ha dado el arte del siglo XX. Pierre Moliner, precursor del Body Art, se reinventa una y mil veces a través de un transformismo narcisista, en el que usará sus fetiches femeninos favoritos como medias, zapatos de tacón de aguja, corsés, guantes, etc. y objetos fálicos, tales como variados consoladores elaborados por él, para convertirse en un ser imaginario, andrógino, casi mitológico, que reúne en sí mismo la esencia de ambos géneros. Recrea un erotismo onanísitico, de gozo autosuficiente y egocéntrico y de tono sadomasoquista, transgrediendo a su vez los valores ortodoxos de la virilidad. Para sus características composiciones "calidoscópicas", se sirve del fotomontaje y de la integración de múltiples fragmentos corporales, a modo de piernas, torsos y brazos de maniquís creados por él, al estilo de las muñecas de Hans Bellmer.




Pierre Molinier se suicidaría en 1976 en su apartamento, mandando una nota a sus amigos que decia: "Je me tue. La clé est chez le concierge." (Me mato. La llave la tiene el conserge.). Era una muerte anunciada. Ya en los años 50 expresó reiteradamente su deseo de morir. Se construyó una cruz, de las de cementerio, con el siguiente epitafio: "Aquí yace Pierre Molinier, nacido el 13 de Abril de 1900, muerto hacia 1950. Fue un hombre sin moralidad. Inútil llorar por él." Su suicidio fue un acto sereno y meditado, enmarcado en un escenario elaborado, como si se tratase de la culminación de su obra, en la que inevitablemente todo el proceso de manipulación del cuerpo debiera acabar en su desintegración.

En esta ocasión, he escogido dos fotografías del autor, que estimo muy representativas, pues encarnan el imaginario que repetirá de forma obsesiva. Por un lado, su autorretrato en actitud de gozo narcisista, travestido en ese ser andrógino que exhibe los atributos femeninos y masculinos al mismo tiempo, como deseo de perfección. Por otro, un fotomontaje a modo de reiteración fetichista de un cuerpo fragmentado en el que queda plasmado su obsesión por las piernas y sus complementos fetiches. 




Pierre Molinier- Méditation vampirique,Cliché 41,Photomontage from Le Chaman et ses créatures, 1965-1968

Pierre Molinier-La Victoire Cliché 44, Photomontage from le chaman et ses créatures ,1966-68

Pierre Molinier- Emmanuelle, planche 49 du Chaman et ses créatures, 1965-1968

Pierre Molinier- Hanel 1, Cliché 51, from Le Chaman et ses créatures 1965

Pierre Molinier- Collage Cravache, Cliché 53 from Chaman et ses créatures, 1965-1968

Pierre Molinier – L’oeuvre, son peintre et son fétiche,Cliché 66, from Chaman et ses créatures, 1965-1968
Pierre Molinier- Le bonheur fou, Cliché 69 , fro















Lisbon story (1995)


Halal food

Fotografía: Virginia Frangiacomo

Sacudir el cuerpo como lo haría un animal,
pero quitándose de encima mucho más que el animal:
el polvo que deja el pensamiento,
las rigideces que enrolan a la muerte,
las manchas del amor y de las lluvias sucias
que caen de las cornisas
y también de un cielo turbio, envenenado.

Y quitarse de encima los andrajos del tiempo,
las contraseñas de los cuartos grises,
los moretones de la dicha,
los restos pegajosos del banquete,
las macabras serpentinas del dolor.

Y en un día de calculados estremecimientos
quitarse uno de encima hasta su sombra,
hasta eso que llamamos uno mismo,
hasta esos roces que llamamos los otros.

Y otro día sacudirse de encima 
la eternidad desfigurada de la vida, 
como si fuera otra capa de polvo. 



Roberto Juarroz






 






martes, 2 de abril de 2013

La puerta es el respeto

Fotografía: Andy Prokh





La puerta es el respeto.

No hay nada más frágil que una bisagra.

Ni algo tan liviano como el barniz de la piel.

No hay nadie en el umbral.

Y todos en el dintel.

Chirrían los dientes de las jambas.

Y el alféizar, tontorrón, se desmorona.

La puerta es el respeto.

De fuera a adentro.

Y desde dentro, hacia afuera.

El faldón se acicala terso, latiente.

Y el tímpano se cruza.

El corazón se escupe.

El beso de Judas.

El grito de Munch.

La risa de los Marx.

El jadeo del jaleo.

El gemido más temido.

Y la parafernalia se ralentiza.

El teatro de los sueños pierde peso.

Y la fé se engorda de bambalinas circenses.

La puerta es el respeto, dice esa mujer

y nace el hombre que se ahoga con el rabo de la manzana.

La puerta es el respeto, dice ese hombre

y muere la mujer de la divina comedia.

Dante masculla.

Y Alejandro se zampa Troya.

Mascagni tropieza.

Once suman dos.

El uno se funde.

La puerta es el respeto.

Cierto.

Tan cierto, como que aquella caverna de monstruos desvirga

a María del santo pecado.

Cierto.

Tan cierto, como áquel monstruo de celofán

deambulando sobre la cáscara de nueces... dejándose llevar, traer.

La puerta es el respeto.

De acuerdo.

Cierto.

Como que la lealtad, la honestidad y la fidelidad no deberían maquillarse.

Alardear las pestañas, ni la pitera encandilar.

La puerta es el respeto.

Como la pendiente de los lóbulos, y los pendientes

del hojal desmemoriado.

Y aquella serenata, como una turbia nana se amilana, se descuerda, trampea y

se jacta himno, cantinela o tarareo.

La puerta es el respeto.

Pero nunca debería ser una frontera.

Jamás la saña de aquellas palabras que hacen 

gárgaras con todas tus lágrimas.....














Si tuviese yo las telas bordadas del cielo....

Fotografía: Umair Ghani





Si tuviese yo las telas bordadas del cielo, recamadas con luz dorada y plateada, las telas azules y las tenues y las oscuras de la noche y la luz y la media luz, extendería las telas bajo tus pies: pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. He extendido mis sueños bajo tus pies; pisa suavemente, pues pisas mis sueños.

W. B. Yeats











La que nos espera

Fotografía: Chuck Turner






Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.


Oliverio Girondo