Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

lunes, 21 de enero de 2013

Perras callejeras.. la madre del cordero.

Fotografía: Vadim Ghirda





León Felipe, áquel perro callejero que naciendo el XX abandona su Zamora natal, de aburguesada y acomodada cuna su vida como él mismo recita y canturrea es como la de toda gran persona.... no existe la biografía, sino el destino.

Sus peripecias y canalladas, su estremecedora y salvaje vida.... no vienen a cuento.

Quien desee trajinar con un lazarillo que prende del humo.... vida, ya sabrá encontrar lo que siempre queda tras la hoguera.... sus cenizas, las nuestras....




"He dormido en el estiércol de las cuadras,

en los bancos municipales,

he recostado mi cabeza en la soga de los mendigos

y me ha dado lismona - Dios se lo pague -

una puta callejera.



Las reinas de la noche son misericordiosas.



Tienen alma y duende.



Duro, desmembrado y deslenguado, la rudeza de su poesía se alza en clara rebeldía contra el abuso, la injusticia y la insolidaridad.



Y al hilo, un roto.... de cualquier rotonda, avenida, nacional, puente o guijarro.... de cualquier farolillo, motel, esquina, portal o placilla.



Está muerta. ¡Miradla!

Los que habéis vivido siempre arañando su piel,

removiendo sus llagas,

vistiendo sus harapos

llevando a los mercados negros terciopelos y lentejuelas,

escapularios y cascabeles...

Y luego no habéis sabido conservar este viejo negocio

que os daba pan y gloria,

quisiérais que viviera eternamente.

Pero está muerta....

Miradla todos."



Y es que al final de cada rua callejera existe una reina donde el bordillo es su almohada y el adoquín su más leal camastro.








Conticinio

Fotografía: C-man






....Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y sobretodo con público. Pero, cuando además de desgraciado, uno se siente ópaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad.


Breve extracto, La tregua (1960).

Mario Benedetti.






Cromos de cine XVII





"Café y cigarrillos.... un almuerzo muy poco saludable, ¿No crees.....?."

Coffee & Cigarettes



"Putos sobran, lo que faltan son financistas".

Nueve reinas






"¿Es mejor seguir viviendo.... o morir?"

The Pawnbroker










"La fama es efímera. La infamia es eterna."

El dilema










"Puede que el pasado no haya acabado con nosotros...."

Magnolia























Novecento (1976)






Amistad profana


Fotografía: Philip Brown




No amo lo suficiente a Onni, pero sí lo bastante como amarme a mí mismo en el reflejo de sus sentimientos...., por un rato al menos.

¿Y por qué no un poco de sexo ahora, para borrar la caprichosa ventolera de las chicas..., y demostrarnos nuestra fortaleza y libertad? Ahora...., al terminar el día... Estamos dando vueltas por el Sestiere Santa Croce. Una sombra de dolor, un dolor residual y constante, traspasa la noche, ¿no? Podemos alcanzar un grado satisfactorio de insensibilidad, pero el dolor reaparecerá. Y durante un rato, durante un poco más, volveremos a experimentarlo.

Vagamente, como animándome, Onni dice:

-¡Sigamos, sigamos, sigamos un poco.....!

Vuelve hacia mí su rostro; no necesita sonreír para mostrar afecto. En el Campo San Polo, entre las farolas y los cafés, me pasa el brazo por los hombros mientras caminamos. Esa cosa hostil que es el amor, la infelicidad misteriosamente inconsciente que entierra...., ¿qué sentido tiene? Soy, en conjunto, el menos desdichado, el más flacucho de los dos, el que no para de reír en la noche. Y él se ríe también, arrastrado por mi extravagancia. Ya entonces comprendí que la escena tenía una belleza tal, que habría sido necio abusar o hablar de ella demasiado a menudo.

Onni, se siente intrigado por mí, y la fuerza de su muda pregunta se estrella en mí. Su deseo sexual. Bien.... permítanme mostrarme explícito, explicarlo sin rodeos.... Yo no tengo ningún deseo de que nadie me adore, se burle o se ría de mí, o me haga objeto de un afán de venganza o justicia. Sólo en media docena de ocasiones, tal vez, pude sufrir que me tocara o accedí a representar simplemente un papel en los dramas sexuales de otros: de una chica, de una mujer.... Necesito también que sea mi propio dama sexual... ¿Comprenden lo que quiero decir? Soy bastante torpe.

Como ahora, por ejemplo. Estamos en una calle mal iluminada... me desabrocha el pantalón y tira hacia abajo de mis calzoncillos. La cosa me aburre, pero le sigo la corriente.... En realidad estoy mejor dotado sexualmente que él, que en gran parte sólo está embromándome, fingiendo forzar mi desgana y aprovechándose, por supuesto, de mi susceptibilidad al halago. Todo esto me agrada, y tiene su belleza. Pero lo rechazo diciendo:

-¡ No seas estúpido !

-Muy bien -responde-. Pues lo dejamos...., si quieres.

Pero no lo deja. Y al instante siguiente estamos masturbándonos simplemente los dos.... En cierto modo, confuso, lo he querido yo.

Se hace una paja y eyacula enseguida. Salvo un brevísimo instante en que pierde el mundo de vista, no deja de mirarme mientras se corre. Y eso es algo muy especial: sentir como lo anega la oleada de placer y sigue atento a mí, a pesar de todo. Tiene mucho mérito. Pero no me agrada recordar todas las idas y venidas de los sentimientos y la leve amargura que deja en mí su tramposo dominio..., y la sensación de aislamiento.... Eran demasiadas emociones.....y, aun así, insuficientes. Ver que la simple idea de dos amigos, o del amante y el amado, se vierte en personajes reales, en nostros, me parte el corazón y me sorprende y me hace reír amargamente, al tiempo que exalta a mi ego.... hasta el punto de que, en la confusión que todo aquello me produce, ni siquiera soy capaz de pensar.

Siento, sí, una cierta vergüenza, pero que no cala profundamente en mí. El acto, en su realidad física, era de una complejidad grotesca. Onni no sabía hacer las cosas de una forma simple. No se movía por un impulso físico determinante, y mi tedio no es tan grande que pueda complacerme mostrándose tan sofisticado. Por eso no quería que él se masturbara, me sedujera o hiciera conmigo cualquier otra cosa. En mi interior me refrenaba, gritándome a mí mismo: "¡ No !"

Pero aguanto, no insisto. No me hago el puritano...., ni pierdo el control... No lo rechazo. Mi confusión y la subsiguiente resistencia física, y luego pscicológica -o la agitación que suscita en mí-, lo provocan y lo animan.... Desconozco sus deseos íntimos, aunque supongo que puedo adivinarlos.

Y entonces mueve con rapidez sus manos; una para agarrar mi polla mientras se endurece, en tanto que con la otra me alisa el pelo por encima de la oreja. Ante los dos se abre un corredor de posibilidades, lleno de puertas que dan acceso a una transgresión mutua que es nueva para mí, pero no para él: celos, dádivas, chantajes presionando en nuestras respectivas miradas.... ¡Yo no quiero eso! La resonante y hueca caracola marina..., esa especie de absurdo teléfono que promete la sabiduría de un sexo más real, en el que puede oírse un rumor de esferas en conjunción con la aguda vibración luminosa de las partículas más diminutas del yo.... El mundo que se precipita y gira en cada metamorfosis... Yo soy esa caracola... Tengo poder, y carezco de todo poder... No me fío de su generosidad tanto como para mostrar otra actitud distinta de una impavidez íntima, cansada....

Ni soy lo bastante fuerte o cruel como para darle un bofetón... o alardear.... Creo saber como puedo hacerle sentir un amor más fuerte, más desdichado, que lo aprisione más. Pero no es un deseo prioritario en mí, ni una ensoñación que me ilusione.... Soy joven y curioso, sin más... y estoy de pie sobre mis dos piernas junto al muro sin ventanas de esta concreta calle, sintiendo un ligero temblor en mi cuerpo como si estuviera aquejado de una curiosa calentura sexual.... Me retraigo.

En el acto, titutebeo cuando estoy a punto de correrme. Mis piernas se ponen rígidas, tiemblan y se envaran aun más. Tengo los ojos muy abiertos, perversamente despiertos a la noche: puedo ver los gránulos de oscuridad, ver mi temor, ver entre las sombras de mi resistencia. Mi retraimiento al amor. Se a agudizado mi oído. No estoy totalmente inmerso en el acto: estoy en el mundo, puedo oír los murmullos del aire.

Y entonces me sobresalta un ligero desmayo, me sobresalta mi debilidad; me he dejado ganar por el acto.... , me he dejado vencer por el acto momentáneamente.

Pero me sobrepongo y exagero mi orgasmo para que él pueda verlo, sentirlo.... Satisfago su deseo de ver y de saber. Puedo aceptarlo, puedo darle pábulo. Permitirle que observe ese instante mío en que todos los músculos se relajan. El jamás aparece tan vulnerable, tan vacío, tan ausente.... ni siquiera cuando está dormido.

Onni, es valioso, útil para el mundo, pero no tiene el don de la felicidad, mi pulso acelerado, o mi alma, bate con fuerza, brinca, se desploma en el instante en que se produce una especie de desbordamiento urinoso blanquecino y caliente.

Exclamo mientras me corro:

-¡Esto sí es una meada de macho!



Amistad profana. Harold Brodkey.





Para llorar

Fotografía: Sreten Pantelic






Es para llorar que buscamos nuestros ojos
Para sostener nuestras lágrimas allá arriba
En sus sobres nutridos de nuestros fantasmas
Es para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día
Y sobre nuestra memoria de carne
Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte sentada
[junto a la novia
Escondemos nuestra voz de todas las noches
Porque acarreamos la desgracia
Escondemos nuestras miradas bajo las alas de las piedras
Respiramos más suavemente que el cielo en el molino
Tenemos miedo

Nuestro cuerpo cruje en el silencio
Como el esqueleto en el aniversario de su muerte
Es para llorar que buscamos palabras en el corazón
En el fondo del viento que hincha nuestro pecho
En el milagro del viento lleno de nuestras palabras

La muerte está atornillada a la vida
Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar
Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada
Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria
Y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable
El viento abre los ojos de los ciegos
Es para llorar para llorar

Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces
Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras
Paloma de nube y de noche
De nube en nube y de noche en noche
Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro
Miramos ese hueco en el aire en que se mueven los que aún no han nacido

Ese hueco en que quedaron las miradas de los ciegos estatuarios
Es para poder llorar es para poder llorar
Porque las lagrimas deben llover sobre las mejillas de la tarde

Es para llorar que la vida es tan corta
Es para llorar que la vida es tan larga

El alma salta de nuestro cuerpo
Bebemos en la fuente que hace ver los ojos ausentes
La noche llega con sus corderos y sus selvas intraducibles
La noche llega a paso de montaña
Sobre el piano donde el árbol brota
Con sus mercancías y sus signos amargos
Con sus misterios que quisiera enterrar en el cielo
La ciudad cae en el saco de la noche
Desvestida de gloria y de prodigios
El mar abre y cierra su puerta
Es para llorar para llorar
Porque nuestras lágrimas no deben separarse del buen camino

Es para llorar que buscamos la cuna de la luz
Y la cabellera ardiente de la dicha
Es la noche de la nadadora que sabe transformarse en fantasma
Es para llorar que abandonamos los campos de las simientes
En donde el árbol viejo canta bajo la tempestad como la estatua del mañana

Es para llorar que abrimos la mente a los climas de impaciencia
Y que no apagamos el fuego del cerebro

Es para llorar que la muerte es tan rápida
Es para llorar que la muerte es tan lenta



De El ciudadano del olvido, 1941


Vicente Huidobro










jueves, 17 de enero de 2013

El donuts que me mordió la cabeza

Anabela Sequeira






me levanto a las 6:20
miro por la ventana, 
por un lado la montaña
por el otro
el horizonte
el día
boqueando
voy a la cocina
caliento un triángulo de pizza
saco un donuts de chocolate que se lanza sobre mí
(frío)
preparo un colacao helado
Abro la puerta
La mejor temperatura del día
21º
Me siento mientras el aire
de la sierra
me deja no pensar
la falda de la montaña
me llama
no veo a nadie
no escucho a nadie
es la naturaleza
salvaje
sin voces
podría pasarme horas
el bigote
manchado de polvos y leche
y tú
haciendo largos en los pliegues de mi cerebro
buceando
metiéndote hasta los codos
acechando a la oscuridad
que me ataca
besando mis curvas
y mis pensamientos tiznados
vuelvo y estoy allí
sólo falta que el genio
frote mi cabeza para que salgas
te sientes a mi lado
y nos riamos
el único sonido,
en medio de un universo dormido.



I. Nikolayevich








Smoke






- ¿Recuerdas que una vez me preguntaste cómo comencé a hacer fotos? Pues esta es la historia de cómo conseguí mi primera cámara. En realidad es la única cámara que he tenido. ¿Me sigues hasta ahora?

- Como un cordero.

- Esta es la historia de cómo ocurrió:


Muy bien. Fue en el verano del 76, cuando empecé a trabajar con Winnie, el año del bicentenario. Un día entró un chaval y empezó a robar cosas de la tienda. Estaba ante la estantería del fondo, metiéndose revistas de chicas desnudas bajo la camiseta. Yo no le había visto porque había mucha gente en el mostrador. Cuando vi lo que estaba haciendo le empecé a gritar. Salió zumbando como un conejo. Sssssssh. Para cuando yo había salido del mostrador, él ya corría perdiendo el culo por la Séptima Avenida. Le perseguí durante media manzana, y luego abandoné. Se le había caído algo por el camino, y como no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver qué era. Resultó ser su cartera. No había dinero dentro, pero llevaba el permiso de conducir, junto con… tres o cuatro fotos. Podría haber llamado a la poli y denunciarle, sabía su nombre y dirección por el carné. Pero sentí lástima por él, no era más que un pobre desgraciado, y en cuanto vi las fotografías que llevaba en su cartera, me fue imposible sentir ningún enfado hacia él. Roger Goodwin, ese era su nombre. Recuerdo que en una de las fotos estaba junto a su madre, y en otra de ellas aparecía sujetando un trofeo en el colegio. Sonreía como si le hubiese tocado la lotería. No tuve coraje. Un pobre chico de Brooklyn. Y tampoco era tan grave. Al fin y al cabo, a quién le importaban un par de revistas guarras. Así que conservé la cartera. De cuando en cuando sentía la necesidad de devolvérsela, pero entre unas cosas y otras nunca lo hacía. Entonces llegó la Navidad, y yo no tenía nada que hacer. Winnie me había invitado a su casa pero su madre se puso enferma y tuvo que ir a Miami junto con su mujer. Así que aquella mañana yo estaba en casa compadeciéndome de mí mismo. Entonces vi la cartera de Roger Goodwin en una repisa. Me dije: “¿Qué coño? ¿Por qué no hago algo bueno por una vez?”. Me puse la chaqueta y me fui a devolver la cartera. Vivía en Boerum Hill, en uno de esos bloques de casas baratas. Recuerdo que aquel día hacía un frío que pelaba. Me perdí buscando el edificio del chico, todos aquellos bloques parecían iguales, y yo siempre terminaba en el mismo patio creyendo que era otro. Es igual. Al final encontré el edificio que buscaba y el piso que buscaba. Llamé al timbre. Nadie respondió. “No habrá nadie”, pensé. Volví a llamar para asegurarme. Ya estaba a punto de irme, pero esperé un poco más, y oí unos pasos tras la puerta. La voz de una anciana preguntó “¿Quién es?”. Contesté “Busco a Roger Goodwin”. “¿Eres tú Roger?”, dijo ella. Después de luchar con quince cerrojos abrió la puerta. Tendría por lo menos ochenta o a lo mejor noventa años, y lo primero que advertí en ella fue que era ciega. “Roger, sabía que vendrías”, dijo, “sabía que no te olvidarías de tu abuela Ecel en Navidad”. Y entonces abrió los brazos como si fuera a abrazarme. Yo no tenía mucho tiempo para pensar, tenía que decirle algo en seguida, y antes de que pudiera darme cuenta, las palabras salieron de mi boca. “Así es, abuela Ecel”, le dije, “he vuelto para verte por Navidad”. No me preguntes por qué. No sé por qué se lo dije. Simplemente me salió. Aquella anciana me abrazó de repente allí en la puerta. Yo también la abracé. Fue como si los dos decidiéramos jugar a ese juego, sin tener que discutir las reglas. Sabía de sobra que yo no era su nieto, era vieja y chiflada, pero no estaba tan mal como para no distinguir entre un completo extraño y alguien de su propia sangre. Sin embargo fingir la hacia feliz. Yo no tenía nada que hacer, así que acepté encantado el juego. Bien, entré con ella en el piso y pasamos el día juntos. Cada vez que me preguntaba que qué tal me iba yo le mentía, le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que iba a casarme… le conté las historias más bonitas que se me ocurrieron, mientras ellas fingía creérselo todo. “Muy bien, Roger”, me decía mientras asintiendo con la cabeza y sonriendo, “Siempre supe que todo te iría bien en la vida.”. Bien, al cabo de un rato me entró hambre. Dado que no había nada de comida en la casa, salí a ver si había una tienda abierta. Y compré un montón de cosas. Compré un pollo asado, sopa de verduras, un poco de ensalada de patatas… un montón de cosas. La abuela Ecel tenía guardadas un par de botellas de vino en su cuarto. Así que entre los dos pudimos organizar una cena de Navidad digna. Nos pusimos un poco chispas con el vino… Y cuando terminamos de comer fuimos a la sala de estar. Los sillones eran más cómodos. Yo tenía ganas de mear, así que me disculpé y fui al cuarto de baño, que estaba abajo. Las cosas entonces tomaron otro rumbo. Ya había hecho bastante el tonto con el numerito de fingirme el nieto, pero lo que hice luego, fue especialmente insensato, y desde entonces no he podido perdonármelo. Entré en el baño, apiladas en una de las pareces junto a la ducha descubrí un montón de cámaras, nuevas, de 35 Mm., estaban sin estrenar. Yo no había hecho una sola fotografía en mi vida. Y mucho menos todavía robado. Pero en cuanto vi aquellas cámaras en el cuarto de baño, decidí que una de esas cámaras sería para mí. Así, sin más. Y sin pensarlo un momento, tomé una de esas cámaras, la escondí bajo el brazo y volví a la sala de estar. No había estado fuera más de tres minutos, pero en aquel rato, la abuela Ecel se había dormido. Demasiado vino, supongo. Me fui a la cocina y lavé los platos. Ella dormía plácidamente, roncando como un bebe. No había por qué molestarla, así que decidí irme. No podía escribirle una carta de despedida puesto que era ciega, así que me marché. Puse la cartera de su nieto sobre la mesa, volví a coger la cámara, y salí del apartamento. Así se acaba el cuento.

- ¿Alguna vez volviste a verla? ¿No volviste a visitarla?

- Una vez. Tres o cuatro meses después. Me sentía tan culpable por haber robado la cámara que ni la había usado. Al final resolví devolverla, pero la abuela Ecel ya no estaba allí. En aquel apartamento vivía otra persona y no pudo decirme dónde estaba.

- Seguramente había muerto.

- Sí. Seguramente.

- De ser así pasó su última Navidad contigo.

- Supongo que sí. Eso nunca lo había pensado.

- Fue una buena acción. Fue muy bonito lo que hiciste por ella. 

- Mentí y robé a esa mujer. ¿Llamas a eso una buena acción?

- La hiciste feliz, y la cámara había sido robada, no pertenecía a la persona a la que se la cogiste.

- Todo por el arte, ¿eh, Paul? 

- No diría tanto, pero al menos has hecho un buen uso de la cámara.





Abrelatas Waits.... las sardinas caminan.






– La razón por la que los teatros no hacen espectáculos los lunes por la noche es porque los lunes por la noche eran la noche de la Horca, y nadie podía competir con la noche de la Horca. Hasta hoy, los teatros permanecen a oscuras los lunes. 

– Pueden pasar muchas cosas en el viaje cuando algo tiene que descender todo el trayecto desde tu cerebelo hasta tus dedos. A veces escucho discos, mi propio material, y pienso, Dios, la idea original para esto era mucho mejor que la mutación a la que hemos llegado. Lo que procuro actualmente es captar lo que surge y mantenerlo vivo. Es como acarrear agua con las manos. Quiero conservarlo todo, y a veces cuando llegas al estudio ya no queda nada. 


– Al cabo de un tiempo, la música con muchos instrumentos de cuerda suena como Perry Como. Esa es la razón por la que ya no trabajo demasiado con el piano. Es como la escuela. Quieres verla en llamas. 
– Cuando las leyes que gobiernan tu locura privada se aplican a la rutina diaria de vivir, tu vida puede coagularse y colisionar. 


– Mi esposa ha sido genial. He aprendido mucho de ella. Es católica irlandesa. Tiene todo el oscuro bosque viviendo en su interior. Me empuja a lugares a los que yo no iría. ¿Y los niños? Creativamente, son asombrosos. El modo en que dibujan, ¿sabes? Se salen de la hoja de papel y siguen dibujando por las paredes. Desearías ser tan abierto. 


– Desde pequeño pensé que los mendigos y los vagabundos, la gente que vivía al raso, sabían algo más, o algo distinto. Estaba convencido de que los que no tienen nada lo tienen todo. Ya sé que esto no es verdad a la fuerza, pero me lo creí e intenté vivir durante mucho tiempo con muy poca cosa. Un sitio abierto y un corazón abierto: eso me pareció importante. 


– El hecho de que tú no pesques nada no significa que no haya peces ahí afuera. 


– Mi esposa y yo leemos el periódico y recortamos cientos de artículos, y entonces leemos el periódico de ese modo, sin todo lo demás. Es nuestro propio periódico. Hay mucho relleno en el periódico y el resto es publicidad. Si lo condensas y te quedas con las historias esenciales, como la historia sobre el pez con un solo ojo y tres colas que hallaron en el lago Michigan, renuevas totalmente tu relación con el periódico. 


– El día que recogen la basura, te das cuenta que alguien está husmeando en la tuya, sacas la cabeza por la ventana y le dices: “¿Qué demonios está haciendo?” Y entonces se va y tú empiezas a revisar tu propia basura. Empiezas a reevaluar la calidad de tu basura, preguntándote si habrás cometido algún terrible error, si habrás tirado algo que ahora va a ser esencial en tu vida. 


– Todos mezclamos verdad y ficción. Si estás atascado en un lugar de la historia, te inventas la parte que necesitas. 


– Hay una soledad común que se extiende de costa a costa. Es como una inconexa crisis de identidad común. Es la oscura, cálida, narcótica noche americana. Sólo espero llegar a palpar ese sentimiento antes de hallarme a mí mismo uno de estos días en la Calle Fácil. 


– ¿Qué será? ¿Un infarto en un baile? ¿Un huevo tragado por el conducto equivocado? ¿Una bala perdida que llega desde un conflicto a dos millas de distancia, rebota en un poste, atraviesa el parabrisas y agujerea tu frente como un diamante? ¿Quién sabe? Fíjate en Robert Mitchum. Murió mientras dormía. Eso está bastante bien para un tipo como Robert Mitchum. 


– No soy el Payaso Sonrisas. O Bono. No corto el listón en las inauguraciones de supermercados. No me pongo del lado del alcalde. Tira tu pelota en mi patio, y no volverás a verla. Tengo solamente un círculo íntimo de amigos y seres queridos; lo que se llama un círculo de confianza. 


– No vayas tan lejos en el pasado. Ahí atrás me pierdo. 


– Soy tan sólo un rumor.



Tom, dixit.



Fresas de fresas XIV

Art X
"De todos los hombres que uno es, alguno duerme y los demás velan. Cuantos menos hombres se es, más y mejor se duerme."

Rituales. Cees Nooteboom





"Hoy no sabía que ponerme y me puse feliz."

Vaya usted a saber....









"La costumbre pule el tiempo, resbala uno sobre él como sobre un suelo demasiado encerado. Un mundo nuevo, un mundo siempre nuevo, un mundo de siempre, joven para siempre. Eso es el paraíso."


Diarios. Eugène Ionesco





"Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere."

Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Rafael Sánchez Ferlosio






"Caerás hasta llegar a la cima."

Piedras del camino. Alejandro Jodorowsky











Persona (1966)


Elogio de lo irreparable




Fotografía: Scott Murphy




Sé involuntaria. Sé febril. Olvida
sobre la cama hasta tu propio nombre.
No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.
Sé una perra. Sé una alimaña.
Resuella, busca, abrasa, gime.
Atérrate, mete la mano en el abismo.
Remueve tu deseo como una herida fresca.
Piensa o musita o grita ¡Venganza!
Sé una perdida, mi amor, una perdida.
En el amor no existe
lo verdadero sino lo irreparable.



Félix Grande