Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 31 de mayo de 2012

Metafísica de los tubos

"Conversión" (1912) Egon Schiele








Fue necesario, para recurrir a la expresión exacta, "recuperar el tiempo perdido" (yo no pensaba haberlo perdido): a los dos años y medio, un humano tiene la obligación de andar y hablar. Conforme a la tradición, empecé por andar. No era nada del otro mundo: ponerse de pie, dejarse caer hacia delante, sostenerse con un pie, y luego repetir el paso de baile con el otro pie.

Andar resultaba de una innegable utilidad. Te permitía avanzar viendo el paisaje mejor que gateando. Y quien dice andar dice correr: correr constituía un invento fabuloso que permitía toda clase de evasiones. Uno podía arramblar con un objeto prohibido y huir llevándoselo sin ser visto por nadie. Correr aseguraba la impunidad de los actos más reprensibles. Era el verbo de los bandoleros y de los héroes en general.

Hablar planteaba un problema de protocolo: ¿por qué palabra empezar? Yo habría elegido gustosa un vocablo tan necesario como "marron glacé" o "pipí", o bien uno tan hermoso como "neumático" o "esparadrapo", pero notaba que aquello habría herido susceptibilidades. Los padres son una especie susceptible: es necesario ofrecerles los grandes clásicos que les proporcionan el sentimiento de su importancia. No quería llamar la atención. Así pues, adopté una expresión beatífica y solemne y, por primera vez, vocalicé los sonidos que tenía en la cabeza:

-- ¡Mamá!

Éxtasis de mi madre.

Y como tampoco se trataba de humillar a nadie, me apresuré a añadir:

-- ¡Papá!

Enternecimiento de mi padre. Mis padres se abalanzaron sobre mí y me cubrieron de besos. Me pareció que se conformaban con poco. ¿Se habrían mostrado menos encantados y admirativos si hubiera empezado a hablar diciendo: "¿Para quién son esas serpientes que silban sobre vuestras cabezas?" o: "¿E = mc2"? Incluso era como para pensar que tenían dudas respecto a su propia identidad: ¿acaso no estaban seguros de llamarse respectivamente Papá y Mamá? Parecían muy necesitados de que se lo confirmase.

Me felicité por mi elección: ¿para qué complicarse la vida si ninguna otra primera palabra podría haber colmado tanto a mis progenitores? Una vez cumplido con mi deber de educación, podía dedicarme al arte y a la filosofía: la cuestión de la tercera palabra también resultaba excitante, ya que únicamente debía tener en cuenta criterios cualitativos. Aquella libertad resultaba tan embriagadora que me confundía: tardé una eternidad en pronunciar mi tercera palabra. Mis padres no hicieron sino sentirse más halagados todavía. "Sólo necesitaba llamarnos por nuestro nombre. Ésa era su única urgencia."

No sabían que, dentro de mi cabeza, yo hablaba desde hacía mucho tiempo. Pero es cierto que decir las cosas en voz alta es diferente: confiere a la palabra pronunciada un valor excepcional. Uno siente que la palabra se conmueve, que lo vive como un signo de reconocimiento, como el pago de una deuda o una celebración: vocalizar el vocablo "banana" representa homenajear a las bananas a través de los siglos.

Razón de más para pensárselo dos veces. Me sumergí en una fase de exploración intelectual que duró semanas. En las fotos de esa época aparezco con un rostro tan serio que resulta incluso cómico. Y es que mi discurso interior era existencial: "¿Zapato? No, no es lo más importante; uno puede andar sin ellos. ¿Papel? Sí, pero resulta tan necesario como el lápiz. No hay modo de elegir entre papel y lápiz. ¿Chocolate? No, es mi secreto. ¿Otaria? Otaria resulta sublime, emite gritos admirables, pero ¿acaso es mucho mejor que peonza? Peonza es demasiado bonito. Aunque otaria es más viva. ¿Qué es mejor, una peonza que da vueltas o una otaria que vive? Ante la duda, me abstengo. ¿Armónica? Suena bien, ¿pero es realmente indispensable? ¿Gafas? No, es divertido, pero no sirve para nada. ¿Xilofón?..."

Un día mi madre entró en el salón con un animal de cuello largo cuya larga y delgada cola terminaba con una toma de corriente. Apretó un botón y el animal emitió un lamento regular y continuo. La cabeza empezó a moverse sobre el suelo con un movimiento de vaivén que arrastraba el brazo de Mamá detrás de él. A veces, el cuerpo se desplazaba sobre unas patas en forma de ruedas.

No era la primera vez que veía una aspiradora, pero todavía no había reflexionado sobre su condición. Me acerqué a ella a gatas, para estar a su altura; sabía que uno siempre tiene que ponerse al mismo nivel que lo que examina. Seguí su cabeza y puse la mejilla sobre la moqueta para observar qué ocurría. Era un milagro: el aparato engullía las realidades materiales que encontraba a su paso y las transformaba en inexistencia.

Sustituía el algo por la nada: aquella sustitución sólo podía ser una obra divina.

Recordaba vagamente haber sido Dios no hacía tanto tiempo. A veces, oía en mi cabeza una voz profunda que me hundía en insondables tinieblas y me decía "¡Recuerda! ¡Yo soy quien vive en ti! ¡Recuerda!" No tenía una opinión claro al respecto, pero mi divinidad me parcía de las más aceptables y agradables.

De repente, me encontré con un hermano: la aspiradora. ¿Acaso podía existir algo más divino que aquella aniquilación pura y simple? Por más que considerase que un Dios nada tiene que demostrar, me habría gustado ser capaz de protagonizar un prodigio semejante, una tarea tan metafísica.

"Anch'io sono pittore!" exclamó il Corrigio al contemplar los cuadros de Rafael por primera vez. Con idéntico entusiasmo, yo estaba a punto de gritar: "¡Yo también soy una aspiradora!"

En el último segundo recordé que tenía que emplear bien mis recursos: se suponía que poseía dos palabras en mi activo, no se trataba de perder credibilidad soltando frases enteras. Pero tenía mi tercera palabra.

Sin más demora, abrí la boca y acompasé las cinco sílabas: "¡Aspiradora!"





Metafísica de los tubos. Amelie Nothomb











P'arte III



"El hombre" (1943) Victor Vasarely



"Princesa Tarakanova en la fortaleza de Petropavlovsk en el momento de la inundación" (1864)  Konstantin Flavitsky






"Les raboteurs de parquet" (1875) Gustave Caillebotte












"Gerti Schiele" (1909) Egon Schiele




"Puente imaginario/Dos cabezas" (1926) Hannah Höch








Fresas de frases IX

Fotografía: Gustavo Orensztajn

 











"Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero."


Voltaire.






"La diferencia entre la piel del melocotón y el terciopelo, es que el hueso no se chupa lo dedos."


Escribidos imperfectos






“Detesto los calmantes. Te vuelven tan torpe como un borracho. Y no me gusta la marihuana, que quede claro. El aroma que desprende… y además es tan comercial. Solo consigue darme hambre. Es como ver dibujos animados. El LSD es lo mismo, solo que los dibujos animados son mayores. No me gusta tomar esas cosas porque lo que diga es posible que no sea lo que pienso realmente. No me importa meterme en un microcosmos, pero me disgusta alejarme de un macrocosmos. Por lo que a mí respecta esas drogas son un muermo. Descubres la verdad universal en cuatro horas, la olvidas en la quinta y en la sexta te entra un hambre voraz.”


Lou Reed




"Hay que saberse comportarse mal. El arte siempre se ha comportado mal. De ello se deduce hoy que quien se comporta mal hace arte, es él una obra de arte. Sólo lo distinto no pasa inadvertido."


Otl Aicher




Fotografía: Marcin Sacha









"Vivir consiste en construir futuros recuerdos."


Ernesto Sábato.


Morir en olvidar que los pies nos llevan donde estuvimos construyendo.








"El hombre de talento es aquel que lo hace todo por instinto."


Píndaro










"La primera virtud es frenar la lengua, y es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse."


Catón





















martes, 29 de mayo de 2012

Siria, capital Londres. En el halda de una persiana.

Fotografía: Simone Lenzi


Rezan y juran que nací un trece.

Yo siento que fue un uno.  Junto al bosque del olvido y bajo la frondosa sombra que bocarriba me despecha el perfume de un manzano en flor, intuyo que mi padre huérfano de madre me deja caer entre la savia de aquella ambrosía que por fin cato día a día, noche en noche, paso a paso.

Tengo sed de ti. Y hambre de tus hojas. Tuve sed de todo y hambre de nada, hasta que tus ojazos se enredaron entre la pulpa del hueso de melocotón y las zurrapas del re-nacimiento de mi gris. El silencio me evoca el traje más elegante que jamás contemplé: tu buena sombra, tu eterna mácula.


Nunca supe que los silencios no pueden calibrarse, un silencio es un silencio, no puede ser mayor o menor que otro; pero tenía la certeza de que aquel silencio era insuperable, era el mayor que nunca hubiera "escuchado" y estaba convencido de que nadie jamás podría encontrar alguno igual.


Mis pisadas sobre las hojas caídas no sonaban, el viento soplaba con fuerza y agitaba las ramas de los árboles pero no se le oía silbar, a su izquierda veía las aguas de un río bajar impetuoso pero no emitía sonido alguno.


Una tormenta silenciosa se presentó de repente. Los rayos se sucedían uno tras otro pero no escuché trueno alguno. La lluvia era tan densa que apenas podía ver unos metros más allá, caía con fuerza, con furia ...pero silenciosa como si de nieve se tratara.


En apenas unos minutos desapareció tan repentinamente como había surgido.
Me sentía limpio, liviano, como si aquella tormenta se hubiera llevado todas mis cargas, mis preocupaciones, mis sinsabores, mis pesadillas ...


El agua acumulada en las hojas de los árboles goteaba incesante sobre la hierba ya mojada. Aquella sensación de tranquilidad que la ausencia de sonidos transmitía me impedió darme cuenta que no podía oler la hierba mojada. Me encontraba en medio de un frondoso bosque, junto a un río que parecía acompañarme en el paseo y no escuchaba ningún tipo de sonido ni podía diferenciar ningún tipo de olor.


Aquello me extrañaba pero en ningún momento me asusté, me provocaba una sensación de paz dificil de explicar.


Noté como la niebla empezaba a aparecer. No caía, se levantaba desde el suelo. Hasta mis rodillas, hasta mi cintura ... Algo me hizo levantar la mirada, unos metros más allá ví sus ojazos. Me estaban buscando, lo notaba por sus gestos, suponía que gritaban su nombre pero no las podía oir. Noté que la densa niebla me llegaba ya a los hombros por lo que me acerqué corriendo a ellos.


La niebla me llegó a los ojos y me enroscó por completo, como una sábana. Apenas podía ver nada pero sabía que sus ojazos estaban frente a mi, la sentía, notaba su respiración ... intenté hablarle pero no salío sonido alguno de su boca. Alargué la mano hacia su cara y la toqué ... lloraba, notaba sus lágrimas mientras la acariciaba con ternura.


Se llevó los dedos a la boca para saborear aquellas lágrimas ... eran amargas, lágrimas de tristeza.


Por fin lo comprendió. Supo que aquel sabor intenso, cálido, iba a ser lo último que iba a experimentar.


Esta vez fueron sus propias lágrimas las que llegaron a su boca ... eran dulces, lágrimas de alegría.


















Cromos de cine XIII

"La mesa cada vez es más grande...."


"-Tiene unos preciosos ojos azules.


-Sí, azules como el cielo."


"A pesar de ser vegetariano no he podido dejar de ser un cornudo."


"Las fronteras las dibujan los hombres, la naturaleza no entiende de dibujos."


La gran ilusión (1937)










"Es preferible no viajar con un hombre muerto."


Dead man (1995)










"No hay mejor momento que el presente."


Smoke (1995)










"Soy la chica que trabaja todo el día en la Paramount y en la Fox toda la noche."


Sextette (1978)












Si me necesitas, sólo tienes que silbar.


Tener y no tener (1944)










Yo no vivo contigo. Ocupamos la misma jaula, eso es todo.


La gata sobre el tejado de zinc (1958)




















lunes, 28 de mayo de 2012

Persépolis (2007)


Historias de putas de puertos



Fotografía: Ted Aljibeted Aljibe







Me inicié con putas de puerto, entre olor a brea, gas-oil y pescado podrido. Mujeres a las que la vida dejó en la cuneta. Mujeres que peinaban canas desde niñas, tal debió ser su sufrimiento.


Surcaban sus rostros profundas arrugas, meandros erosionados por el llanto sordo y continuo de quien extravió la esperanza, justo al nacer. Eran mujeres hechas con cuatro zancadas y niñez perdida en sueños de media litera o camastro de pensión.


Tenían la mirada opaca, propia de quien no esperaba del futuro más que el devenir de mañana.


Ninguna de ellas alcanzaba a recordar cuándo sus caderas perdieron la tersura de la pubertad. En qué momento efímero sus pechos juveniles dejaron de ser atractivos, para amanecer surcados de estrías.


Eran tiernas.


Podías esperar de ellas un desplante, un grito seco o un susurro de socorro que apenas se alcanzaba a oir. Sin embargo recordaban cómo se debía sonreir. Su gracejo burdo las permitía, con suerte, dormir entre sábanas limpias...de raso, de satén o de capa si fuera preciso...pero limpias.


Rondaban las "fuentes de soda" de puertos sin "caché", en donde hombres descoloridos pagaban las cuentas de errores pasados.


....sombras de pasos ligeros
entre dársenas de descarga
y muelles pesqueros..........


Con suerte encontraban alguno que se compadecía y al que podían sacar un plato caliente, ropa de mercadillo y joyería barata.


Todas se esforzaban por alargar la cita hasta lo imposible para evitar despertar del sueño de sentirse mujeres, deseadas y, quien sabe, incluso amadas.


- ¿Te veré mañana?
- Quizás, quizás.


Recuerdo con especial ternura a Mariela y Josa. Mariela era fea y Josa peor que eso. Sin embargo esta última tenía un cuerpo eterno y una sonrisa perenne. Coincidí con las dos cuando los últimos estertores del Carnaval de Río ¿o era de Santos?, a mediados de los 80 y en medio de la Plaza Maçoas. Nunca sabré su fuí cazado o traicionado por mi testosterona. Lo cierto es que le exprimimos hasta el último segundo a mi última noche en puerto.


Bailamos los tres al ritmo de samba y reimos y soñamos. De madrugada ya, reposados nuestros sudados cuerpos entorno a una mesa descasada, compartimos misterior y alcohol. Entre sorbo y sorbo creí apurar mi juventud.


¡Eran tan tiernas!


Con los primeros rayos de sol Mariela nos dejó. No diré que me fui a pasear por la playa, aunque lo hubiera deseado. Josa puso su mano sobre la mía y me susurró que iba al lavabo. No hizo falta más. Al poco, en un retrete inmundo de un tugurio de puerto, hice el amor como tardaría años en sentir. No pasó mucho tiempo hasta que un postrero beso señaló el final y me apresté a seguir el ritual de cada puerto. Vacié mis bolsillos del dinero que ya no iba a necesitar. Miles de cruzeiros llenaron las manos juntas de Josa...las ganancias quizás de uno o dos meses se apretaban entre sus dedos, pero no recibí ni las gracias, ni una sonrisa a cambio...ella sabía bien que su sueño había terminado.


Dedico este relato breve a todas las putas de los puertos del mundo, que me permitieron entrar en sus vidas, que me dieron lo poco que tenían y a las que nunca correspondí. Este relato va por Josa, que jamás me leerá, y por su cuerpo eterno y su sonrisa perenne.


P.d.: Con los años alcancé a olvidar sus rostros, pero sigo sintiendo el peso de sus esperanzas defraudadas.




Priamo







The hire: Powder Keg (2001)

...Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo...



Fotografía: Muhammed Muheisen





La casa del sol "pudiente"










Cuando la voz ronca y potente de Eric Burdon y el vibrante órgano de Alan Price comenzaron a tocar unos acordes que no sólo se convertirían en históricos, sino que ya eran históricos, cuando hacia 1965 los Animals acompañaban en gira a Chuck Berry, quizás desconocieran que estaban devolviendo a su dimensión popular a una canción tan vieja, tal vez, como la ciudad de Nueva Orleans.





Artistas de todos los campos, desde dramaturgos y novelistas hasta bluesmen y blueswomen, anónimos o conocidos, entre el siglo XIX y el siglo XX, describieron la ciudad de Nueva Orleans (la ciudad colonial estadounidense por excelencia, en donde se mezcla el pasado francés, español y el anglosajón con la cultura afroamericana y el inmemorial legado indio: un auténtico crisol de culturas) como un lugar en el que la oportunidad se vuelve vicio y la gente que va a ella a vivir acaba atrapada en un destino de corrupción e inmoralidad sin salida: una ciudad en donde todo es posible, pero a qué precio. Ése es precisamente el origen de la canción folklórica más conocida del mundo: “The House Of The Rising Sun”. Los orígenes de la canción son imprecisos, ya que es tan versátil a través de sus versiones que no se puede decir si es la nieta de una antigua canción inglesa, como sostiene Alan Lomax –el gran folklorista estadounidense-, o si es un blues hecho por negros. Pero no sólo su música es así de versátil, sino también su letra: la canción nos habla en primera persona de alguien que, económica o moralmente, se ha arruinado en un antro conocido como La Casa del Sol Naciente, pero no hay una clara letra arquetípica, y el protagonista de la canción puede ser tanto un hombre como una mujer, en cuyo caso, la temática de la canción cambia considerablemente. Si es una mujer la que canta, “La Casa Del Sol Naciente” resulta ser un prostíbulo en donde ella ha vendido su ser y su vida y le resulta imposible salir de ahí; pero si es un hombre, y aún sin descartar la teoría del prostíbulo, viene a ser más bien una casa de juegos en donde el protagonista se ha arruinado y la única manera de salir de la miseria es volver a probar a suerte en el antro. O puede, poniéndonos metafísicos, que la Casa del Sol Naciente sea una metáfora sobre la ciudad de Nueva Orleans, o un arrabal suyo –o todos en conjunto-, tal y como se ha descrito. No obstante, en el enlace de arriba a la Wikipedia, se recogen algunos lugares, que ya no existen, que reclaman haber sido la famosa casa del amanecer (quizás llamada “del sol naciente” porque en ella te daban las del alba).

Como toda canción folklórica, sus orígenes no son claros, y mucho menos su autoría. Alan Lomax sostenía que la autoría de la canción pertenecía a dos estadounidenses de Kentucky, Georgia Turner (a la que produjo la canción) y Bert Martin (lo cual explicaría la ambigüedad del narrador) en base a una tradicional melodía inglesa: 


 

La versión más antigua registrada pertenece a Clarence “Tom” Ashley, quien la aprendió de su abuelo, y Gwen Foster, en 1934:


 

En 1938 la grabaría el cantante country y directivo discográfico Roy Acuff: obviamente, la canción debió de empezar a volverse muy popular en Estados Unidos a causa de la Gran Depresión, que marcó las dos décadas siguientes tanto social como culturalmente:

 

Así, en los años 40 y 50, los jóvenes folkloristas y cantautores que surgieron en la posguerra la convirtieron en un estándar en sus recitales y grabaciones, dándole su identidad étnica dependiendo, a menudo, de la del cantante: Leadbelly, Woody Guthrie, Pete Seeger, Odetta… Hicieron sus versiones, como de las grandes canciones populares norteamericanas, quizás orientadas a la temática más social que folklórica en ocasiones.

 

Y así, de los viejos folksingers pasó a los jóvenes cantautores de Folk y Country que se arremolinaban en torno a los cafés del bohemio Greenwich Village neoyorquino: uno de ellos fue Dave Van Ronk, quien, al parecer, le dio a la canción un toque personal muy original con sus arreglos, y se la enseñó a otro joven folksinger llegado de las tierras de Minnesota:


 


Así pues, cuando en 1962 apareció el primer disco de Bob Dylan, de título homónimo, Van Ronk se disgustó mucho con él porque en los créditos del disco su versión de “The House Of The Rising Sun” no aparecía como acreditado de los arreglos, aunque tampoco venía ninguna otra indicación: 


 

Sin embargo, ni Van Ronk ni Dylan fueron los únicos en grabar su versión de la canción, ya en 1960 lo había hecho Joan Baez en un estilo más próximo al blues, probablemente aprendida de Seeger: 


 


Ésta es la letra más tradicional que he encontrado -según el enlace- con protagonista femenina:

The House Of The Rising sun

There is a house in New Orleans They call the Rising Sun.
It’s been the ruin of many a poor girl, and me, O God, for one. 

If I had listened what Mamma said, I’d ‘a’ been at home today.
Being so young and foo lish, poor boy, let a rambler lead me astray. 

Go tell my baby sister never do like I have done.
To shun that house in New Orleans they call the Rising Sun. 

My mother she’s a tailor; she sold those new blue jeans.
My sweetheart, he’s a drunkard, Lord, Lord, drinks down in New Orleans. 

The only thing a drunkard needs is a suitcase and a trunk.
The only time he’s satisfied is when he’s on a drunk. 

Fills his glasses to the brim, passes them around.
Only pleasure he gets out of life is hoboin’ from town to town. 

One foot is on the platform and the other one on the train.
I’m going back to New Orleans to wear that ball and chain. 

Going back to New Orleans, my race is almost run.
Going back to spend the rest of my days beneath that Rising Sun.

La Casa Del Sol Naciente

Hay una casa en Nueva Orleans. La llaman El Sol Naciente./ Ha sido la ruina de muchas pobre chicas, y yo, Oh Dios, para una.// Si hubiera escuchado lo que mi mamá me dijo, estaría hoy en casa./ Siendo tan joven y tonto, pobre muchacho, dejé que un vagabundo me descarriara.// Dile a mi hermana pequeña que nunca haga lo que yo he hecho./ Que rehúya de esa casa de Nueva Orleans que la llaman El Sol Naciente.// Mi madre es costurera; vendió esos vaqueros nuevos./ Mi novio es un borracho, Señor, Señor, bebe en Nueva Orleans.// Lo único que un borracho necesita es una maleta y un baúl./ El único momento en el que está satisfecho es cuando está bebido.// Llena sus vasos hasta el borde, los pasa a su alrededor./ El único placer que obtiene de la vida es vagar de pueblo en pueblo.// Un pie está sobre el andén y el otro en el tren./ Vuelvo a Nueva Orleans para llevar esa bola con cadena.// Vuelvo a Nueva Orleans, mi carrera está casi acabada./ Vuelvo a pasar el resto de mis días bajo ese Sol Naciente.


La versión de Dylan cruzó el charco, y llegó a uno de los jóvenes grupos de blues y rythm’n’blues británicos: The Animals, grupo que –en mi opinión- interpretaron de una manera más profesional la música tradicional afroamericana; y así, el grupo encabezado por Eric Burdon y Alan Price, puso en las listas de éxitos una de las canciones más conmovedoras del imaginario tradicional estadounidense, no sé si cambiando la letra, o apoyándose en alguna de las innumerables versiones existentes
.








 

The House Of The Rising Sun

There is a house in New Orleans
They call the Rising Sun
And it’s been the ruin of many a poor boy/ girl
And God I know I’m one 

My mother was a tailor
She sewed my new bluejeans
My father was a gamblin’ man
Down in New Orleans 

Now the only thing a gambler needs
Is a suitcase and trunk
And the only time he’s satisfied
Is when he’s on a drunk 

Oh mother tell your children
Not to do what I have done
Spend your lives in sin and misery
In the House of the Rising Sun 

Well, I got one foot on the platform
The other foot on the train
I’m goin’ back to New Orleans
To wear that ball and chain 

Well, there is a house in New Orleans
They call the Rising Sun
And it’s been the ruin of many a poor boy
And God I know I’m one 

La Casa Del Sol Naciente

Hay una casa en Nueva Orleans/ que la llaman El Sol Naciente/ y ha sido la ruina de muchos pobres chicos-chicas/ y Dios sabe que soy uno de ellos.// Mi madre fue costurera,/ cosió mis vaqueros nuevos,/ mi padre fue un jugador/ en Nueva Orleans.// Lo único que necesita un tahúr/ es una maleta y un baúl,/ y el único momento en que está satisfecho/ es cuando está bebido.// Oh madre, dile a tus hijos/ que no hagan lo que yo he hecho,/ pasar vuestras vidas en el pecado y en la miseria/ en la Casa del Sol Naciente…

La interpretación de los Animals fue versionada por un grupo de pop catalán llamado Els Dracs como “La Casa Del Sol Neixent”:


 

Más versiones indispensables. Comenzando con los cantautores de la posguerra. Woody Guthrie interpretándola como balada country:


 


Pete Seeger, por su parte, prefiere una interpretación más cercana al blues:

 


La impresionante Odetta:


 

Y, siguiendo con las damas negras de la canción, la gran Nina Simone:



 

La sudafricana Miriam Makeba: 


 






Y es que, ni siquiera un bluesman progresivo como era el señor Jimi Hendrix pudo resistirse a la fuerza de esta canción y hacer su propia versión, aunque instrumental:
 





Vamos acabando, dando un salto en el tiempo, con la hermosa versión de la cantautora irlandesa Sinéad O’Connor:
 



Y, finalmente, como le vi hace unos días en televisión, Mr. Eric Burdon, gozando de buena salud.


 

viernes, 25 de mayo de 2012

Vals con Bashir (2008)

 


 "Quizás olvidemos al pasado, pero el pasado no nos olvida a nosotros".

Una mañana en el infierno



Fotografía: Andy Prokh

 







...he bebido un enorme trago de veneno. Béndito tres veces el consejo que ha llegado hasta mí, béndito. Me queman las entrañas. La violencia del veneno me retuerce los miembros, me vuelve deforme, me derriba. Me muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. Es el infierno. La pena eterna.

Ardo como es debido.

Anda demonio.

Yo había vislumbrado la conversión al bien y a la felicidad. La salvación. ¡¿ Pero como describiría mi visión, si el aire del infierno no soporta los himnos !? Eran millones de criaturas encantadoras, un suave concierto espiritual, la fuerza y la paz, las nobles ambiciones....que sé yo.

Las malditas, nobles intenciones.

Y esto sigue siendo la vida. Si la condenación es eterna. Un hombre que se quiere mutilar está bien condenado, ¿no es así?. Soy esclavo de mi bautismo. Padres, habéis hecho mi desgracia y la vuestra. ¡Pobre inocente! El infierno no puede atacar a los paganos....esto sigue siendo la vida, más tarde las delicias de la condenación serán más profundas. Un crimen, pronto, y que caiga yo en la nada, según la ley humana.

Pero calla, cállate. Aquí están la vergüenza, el reproche. El demonio, mis demonios que dicen que el fuego es innoble, que mi cólera es espantosamente estúpida. ¡Basta!

Son errores que me susurran, magias, perfumes falsos, músicas pueriles.....estoy a punto para la perfección. Orgullo. La piel del cráneo se me diseca. ¡Piedad, señor, piedad! Tengo miedo. Tengo sed, tanta sed. Ah........la infancia, la hierba, el lago sobre las piedras, el claro de luna cuando en el campanario sonaban las doce.....a esa hora el diablo está allí. Horror de mi estulticia.

Allá lejos....¿no hay almas ajenas que me quieran bien?....Venid, tengo una almohada sobre la boca y ellas no me oyen....Además nunca nadie piensa en los demás. Que no se me acerquen. Seguro que huelo a chamusquina.

Las alucinaciones son innumerables. Esto, de veras, es lo que siempre me pasó: ninguna fe en la historia, olvido de todos los principios. Me lo callaré:

Poetas y visionarios se pondrían celosos.

Yo soy mil veces más rico, seamos avaros como el mar.

El reloj de la vida se ha detenido hace un momento. Ya no estoy en este mundo.

Voy a descorrer el velo de todos los misterios: mística religiosa, natural, muerte, nacimiento, porvenir, pasado, cosmogonía, nada. Yo soy maestro en fantasmagorías.

¡Escuchad!

¡Yo tengo todos los talentos! Aquí no hay nadie y hay alguien. ¿Queréis cantos negros, danzas de huríes? ¿Queréis que desaparezca? ¿Lo queréis? Fabricaré oro, medicamentos, felicidad.

Fiaos en mí, la fe consuela, guía, cura. Venid todos, hasta los niños chicos, para que os consuele, para que se prodigue en vosotros su corazón. ¡El corazón maravilloso! No pido plegarias, sólo con vuestra confianza seré feliz.

Y pensemos en mí.

¡Bah! Esto hace que piense poco en el mundo. Tengo la suerte de no sufrir más. Mi vida fue sólo una serie de dulces locuras, es lamentable.

Hagamos, todas, todas las muecas inimaginables.

Decididamente estamos fuera del mundo. No más sonidos. Mi tacto desapareció. Las tardes, las noches, el alba.......si estaré cansado.

Yo debería tener un infierno para mi cólera, un infierno para mi orgullo, y el infierno de las caricias.

Un concierto de infiernos.

Me muero de cansancio. Esto es la tumba, voy hacia los gusanos. Demonio, farsante tu quieres diluirme con tus hechizos. Y yo sólo reclamo, sólo te pido un golpe de tridente....una gota de fuego.

¡Ah, subir de nuevo a la vida.....poner los ojos sobre nuestras deformidades! ¡Y ese veneno, ese beso mil veces maldito! ¡Mi flaqueza, la crueldad del mundo! ¡Dios mío, ocultadme, piedad, me siento demasiado mal!

Estoy oculto y no lo estoy.

Es el fuego de la eterna condena.



Extracto, de "Noche del infierno", de la obra de Arthur Rimbaud Una temporada en el infierno (1873).






jueves, 24 de mayo de 2012

Henry Miller, sin tapujos.



"Después de haber echado una carta, subía al piso de arriba y me tumbaba junto a mi mujer y, con los ojos bien abiertos fijaba la vista en la oscuridad, como intentando leer mi futuro. Me decía una y otra vez que, si un hombre, un hombre sincero y desesperado como yo, ama a una mujer con todo su corazón, si es capaz de cortarse las orejas y enviárselas por correo, si es capaz de sacarse la sangre del corazón y volcarla en el papel, saturar a esa mujer con su necesidad y anhelo, asediarla eternamente, no puede ser que ella lo rechace. El hombre más feo, más débil, el hombre más indigno ha de triunfar por fuerza, si está dispuesto a dar hasta la última gota de su sangre. Ninguna mujer puede rechazar el don del amor absoluto"

Sexus. Henry Miller


Fotografía: Piotr Kowalic






"Creo que fue él quien citó una vez un párrafo del libro de Eckerman Conversaciones con Goethe. Goethe dijo un día ‘Dudo que exista un crimen, por infame que sea, que yo no me haya sentido capaz de cometer personalmente’. Y eso es del ‘primer europeo’"

El libro de mis amigos. Henry Miller.


"Me imagino perfectamente que el cine no hubiera nacido nunca. Me imagino una raza de hombres para quienes el cine habría sido absoutamente innecesario. Pero no puedo imaginar a los autómatas de esta era sin un cine, sin cierta forma de cinematógrafo."


"Debajo de la cintura todos los hombres son hermanos. Salvo en las regiones superiores, donde se es poeta o chiflado (o criminal), el hombre jamás conoció la soledad."


"El papel representado por el artista en la sociedad consiste en revivir los instintos primitivos y anárquicos que han sido sacrificados en homenaje a la ilusión de la vida cómoda."


"Ustedes viven el mañana y el ayer; yo vivo úncamente el momento actual. Por lo tanto, vivo eternamente. Soy intemporal. Y puesto que esto último es evidentemente falso, ustedes tienen razón y yo continúo errado. Aquella razón arranca de éste mi error. Tener razón equivale a estar atrasado o adelantado en el tiempo."


"Pero las multitudes nunca realizaron nada, salvo destruir. El hombre que quiere organizar un movimiento está pidiendo ayuda para destruir algo que él no puede combatir solo. Cuando un hombre es auténticamente creador trabaja solo y no pide ayuda."

El ojo cosmológico. Henry Miller.


Fotografía: Oliver Weber



"¡Cristo, qué feliz era!, y por primera vez en mi vida me sentía feliz con plena conciencia de mi felicidad. Es bueno ser feliz simplemente; es un poco mejor saber que se es feliz; pero comprender la felicidad y saber por qué y cómo, en qué sentido, a causa de qué sucesión de hechos o circunstancias se ha logrado tal estado, y seguir siendo feliz, feliz de serlo y saberlo, eso está más allá de la felicidad, eso es la gloria, y si se tuviera un poco de sentido común debería uno suicidarse allí mismo y acabar de una vez."

El coloso de Marusi. Henry Miller.

"Tengo muy pocos amigos o conocidos de mi edad o de edad cercana. Aunque suelo sentirme incómodo en compañía de ancianos, me despiertan gran respeto y admiración dos hombres muy viejos que parecen eternamente jóvenes y creativos. Me refiero a Pablo Casals y a Pablo Picasso, ambos hoy de más de noventa años. Esos nonagenarios juveniles ponen en vergüenza a los jóvenes, a hombres y mujeres de mediana edad y clase media, decrépitos en verdad, cadáveres vivientes, por así decirlo, esclavos de sus cómodas rutinas que imaginan que el status quo ha de durar siempre, o que tienen tanto miedo de que sea otro el desenlace que se retiran a sus refugios mentales para esperar el fin."

Al cumplir ochenta. Henry Miller.


"Al escribir mis libros pensaba que me dirigía a espíritus como el mío, nunca me di cuenta de que me aceptarían – y por las peores razones – las masas no pensantes que leen con el mismo entusiasmo tiras cómicas, las noticias deportivas y los reportes financieros del Wall Street Journal."


"Siempre estamos luchando desesperadamente ('nos urge' sería mejor expresión) por descubrir tras el artista al hombre. Como si el hombre llamado Charles Dickens, por ejemplo, fuera una entidad absolutamente independiente del escritor. Nuestro anhelo de atrapar al ser completo pesa menos que nuestra duda de que el artista y el hombre sean uno mismo."

Mi vida como un eco. Henry Miller.